Doña Ofelia Brito Mederos era la suegra del señor Fausto García Menocal y Deop, hermano del mayor general del ejercito libertador y presidente de la república cubana en dos ocasiones consecutivas, Don Mario García Menocal.
Pues bien, la señora Mederos fue propietaria de varias casas en La Habana. Pero había una que se la tenía alquilada a la Embajada de Bélgica, en el mismo sitio en que se encuentra hoy en día en la Quinta Avenida de Miramar y la calle 24, frente al gran parque de la iglesia Santa Rita.
Esa casa había sido construida por el arquitecto César Mederos Menocal, pariente nuestro, y mi abuela quiso destinarla a embajada, cosa que logró alquilándosela al Reino de Bélgica por 900 pesos mensuales. El Sr. Rosier, embajador entonces de ese país, quedó muy complacido con la casa y la manera en que la abuela de Polita la había amueblado, recurriendo a los anticuarios que existían en las calles Consulado y Salud. Y solo pidió como condición que el comedor fuera de Jansen, con lo cual fue complacido.
Pues en horas de la mañana del pasado viernes catorce de noviembre de 2025, dejó de serla. Esa embajada Belga en La Habana anunció que iba a cerrar sus puertas, de manera que el señor Maxime Prévot, el actual ministro de Asuntos Exteriores, al respecto argumentó lo siguiente:
“Las guerras comerciales y arancelarias nos obligan a revisar nuestra red de socios y a diversificar nuestro alcance e influencia. (…) Los conflictos armados están aumentando, llegan a las fronteras de Europa y provocan una reorientación profunda de varios sectores económicos estratégicos. A nivel mundial, la cooperación al desarrollo se enfrenta a recortes, lo que nos obliga, además de a factores geopolíticos, a revisar nuestra forma de trabajar”.
De esta diplomática manera - y nunca mejor dicho - Bélgica puso fin a una etapa que databa desde 1902, año que abrió en la Habana por primera vez su representación diplomática en la isla de Cuba.
Maldita Hemeroteca

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