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COLÓN, LA GOMERA, EL POZO Y LA GRAN MENTIRA

La Torre del Conde. San Sebastián de la Gomera. //  

No se si sabe el amigo lector, que en la isla de la Gomera, la segunda mas pequeña del archipiélago canario, se encuentra un pozo de agua dulce donde cargó el preciado líquido el almirante genovés Cristóbal Colón para su travesía a Cuba, y con esa agua bautizó las primera tierras de America que pisaron sus pies.

La clave en la historia de Colón y las islas Canarias es que los vientos alisios le impulsaron hacia el continente americano, y un enclave canario importante fue sin duda la Gomera, donde repuso provisiones antes de seguir su viaje. La fortuna le llevó a la Gomera a donde llegó el 12 de agosto, luego de una parada en la isla de Gran Canaria para reparar “La Pinta”. 

Allí se quedó hasta el 6 de septiembre. En la capital gomera, San Sebastián, quedan preservados estos lugares vinculados a la historia colombina como son la Torre del Conde, la iglesia en la cual el Almirante rezó por última vez antes de partir, la casa-museo de Colón o el citado Pozo de la Aguada. Una tarja situada lo demuestra, como se puede ver en esa segunda foto y donde reza: “con este agua se bautizó América. Año 1492”.

Y referente a la "Torre del Conde", vamos al lío porque es aquí a donde queríamos llegar para dar el pistoletazo al post. Resulta que la torre fue mandada construir por Hernán Peraza "El Viejo", quien se había auto titulado como "Rey de Canarias" entre los años 1447 y 1450. La torre, que se conserva en magníficas condiciones, está considerada como la única medieval conservada en Canarias.

Pues un nieto de este señor, Hernán Pereza "El Joven" y que al parecer era muy malo, los habitantes autóctonos de estas islas, los guanches, le dieron su merecido en 1488, no solo por malo, si no porque mantuvo una relación sexual con una bella guanche llamada Iballa en Las Cuevas de Guahedum, lo que acabó se "rebasar la copa". 

Esta muerte dejó a Beatriz de Bobadilla viuda de Peraza, con el que se había casado en 1482 y por la que fue dotada con una pensión de medio millón de maravedíes y el cargo de gobernadora de las isla. No obstante los aborígenes fueron a por ella y sus hijos, y la obligaron a refugiarse en la sólida torre.

El Pozo. 

Allí fueron sitiados por los rebeldes hasta que después de varios días recibió refuerzos de Pedro Vera, el gobernador de Gran Canaria, y los vasallos de Beatriz lograron abatir a Hautacuperche, el principal caudillo rebelde de los gomeros, que tras la muerte buscaron refugio en las montañas.

Como estaba sola en amores la Bobadilla, que de boba tenían muy poco, en alguna habitación de la torre "se ventilaba" al descubridor Genovés a escondidas por las noches. Según el historiador Tinerfeño Antonio Romeus de Armas ("La Conquista de Tenerife. 1975") existe una carta de uno de los marinos de Colón donde asegura que el almirante estaba loco de amor por la Castellana.

En fin.... 

Que una descendiente de esta señora, en este caso Doña Isabel que nacio en 1505 como hija del gobernador de Castilla, Don Pedro Arias y que era conocida tambien como Inés de Bobadilla, fue esposa del conquistador Hernando De Soto cuando fue enviado a Cuba. Cuando el navegante se fue a la Florida a por el oro y nuevos territorios, Bobadilla se quedó en la Habana como gobernadora interina.

En realidad la Giraldilla de la Habana (el giraldo o veleta) no es mas que una copia de la Giralda de Sevilla que data del 1184, más de 400 años antes que la Habanera.  

El adelantado jamás regresó a la Habana, y aunque algunos historiadores aseguran que murió de fiebres del pantano en el río Misisipi, en realidad no se sabe muy ben si lo agarró el paludismo o la fiebre amarilla, se lo comieron los cocodrilos o lo ensartaron las flechas de los indios del lugar, lo cierto es que la Doña se cansó de esperarlo.

Para no ser tan estrictos, pensemos mejor que su pena de amor le duró dos años, pero no murió como dice la leyenda por este motivo. De hecho, a los dos años se regresó a España con una nada despreciable pensión por viudedad vitalicia de 300 mil maravedís. Por cierto, al volver se compadeció de su esclava blanca de igual nombre, y la dejó regresar a Cuba con su marido, el pescador Alberto Díez. 

Y no solo Isabel, también se quedó viuda su hermana Leonor, esposa en secreto del segundo al mando del fatídico viaje, el capitán Nuño de Tovar. Así que ya sabe, que no le tomen por tonto, que la trola que algún listo se inventó en la Habana de que la Doña murió de amor esperando a su amado, no se la cree ni el mismo que la inventó.


Por Jorge García
Maldita Hemeroteca