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| Capitanía general de la Habana e imagen del capitán general Manuel de Salamanca y Negrete// |
Muerto en la Habana el general Manuel de Salamanca y Negrete el 6 de febrero de 1890, sus sucesores no sólo siguieron sus planes para la erradicación del bandolerismo, sino que también hicieron lo que jamás hubiera ordenado el general Salamanca.
Las tropas para policiales conocidas como “Los somatenes”, “La guerrilla de María Cristina”, “La Escuadras de Guantánamo” al mando del teniente coronel Tejada y “Los Guerrilleros” del general José Lachambre Domínguez, diariamente recorrían los campos detrás de los nombres de los bandidos más significados.
A partir de aquí, les dejamos un fragmento de un artículo publicado por LIBRE, del sitio Ibero online
En Quivicán fue muerto Sixto Salvador Valora y Monteagudo, más conocido por Sixto Valora, segundo del célebre Manuel García, con el cual se inició en el bandolerismo a las órdenes de Lengue Romero. En el potrero “La Esperanza”, en Alfonso XII, provincia de Matanzas, fue muerto Antonio Mayol, otro célebre bandido, también perteneciente a la partida del titulado “Rey de los Campos de Cuba”.
En Quivicán fue muerto Sixto Salvador Valora y Monteagudo, más conocido por Sixto Valora, segundo del célebre Manuel García, con el cual se inició en el bandolerismo a las órdenes de Lengue Romero. En el potrero “La Esperanza”, en Alfonso XII, provincia de Matanzas, fue muerto Antonio Mayol, otro célebre bandido, también perteneciente a la partida del titulado “Rey de los Campos de Cuba”.
Entre La Habana, Matanzas y Pinar del Rio, los bandidos o supuestos bandidos muertos por “Las Escuadras de Guantánamo” y que jamás llegaron a ser identificados, suman sesenta y dos. Y se llegó también a lo bárbaro y a lo inútil, a la absurda torpeza de la matanza en masa, a la masacre sin ninguna justificación. En el mes de febrero de 1891 la bahía de La Habana fue escenario de un hecho que negaba nuestra condición de país civilizado.
Como todos los más viejos y célebres bandidos recordaban los tiempos del general Prendergast, el coronel Tejada, jefe de las Escuadras de Guantánamo, el comandante Guillermo Tort, jefe de la Guardia Civil del Distrito Norte y el inspector Arístides Solano, con la venia del Gobernador General, concibieron la idea más descabellada y criminal que pueda nacer en el cerebro de un gobernante.
Con la falsa promesa de ser embarcados para Santo Domingo dándoles las más plenas garantías, incluso los pasajes, los pasaportes y el dinero, se atrajeron a los bandidos más significados, y una vez acomodados en un compartimento del vapor “Baldomero Iglesias” en plena bahía de La Habana, la Fuerza Pública disfrazada de supuestos pasajeros, comenzó a disparar sobre ellos, realizando una masacre horrenda, pavorosa, espeluznante.
Con la falsa promesa de ser embarcados para Santo Domingo dándoles las más plenas garantías, incluso los pasajes, los pasaportes y el dinero, se atrajeron a los bandidos más significados, y una vez acomodados en un compartimento del vapor “Baldomero Iglesias” en plena bahía de La Habana, la Fuerza Pública disfrazada de supuestos pasajeros, comenzó a disparar sobre ellos, realizando una masacre horrenda, pavorosa, espeluznante.
Dos bandidos que pretendieron darse a la fuga en un guadaño abordando al “Baldomero Iglesias”, fueron ametrallados por el cañonero “Concha” y por la lancha de guerra “Contramaestre”, sin respetarse la vida del guadañero que nada tenía que ver con los bandidos.
Allí fueron materialmente despedazados a balazos, los notorios bandidos Domingo Montolongo, segundo de Manuel García después de la muerte de Sixto Varela y autor de todas las hazañas realizadas en contra de los Ferrocarriles Unidos; su hermano Ramón Montolongo, Fernando Delgado, Eulogio Rivero “Nango” y Pedro Rivero y también los que no eran bandidos, como el botero José Adega, los estibadores Justo Torres y José Martínez y los aduaneros Manuel Lamuela y Salvador Arroyal.
¡Un derroche de innecesaria crueldad, absolutamente inútil, porque los bandidos estaban desarmados y de la misma manera que fueron despedazados a balazos, con grave escandalo público, hubieran podido ser entregados al verdugo Valentín, para que el garrote dispusiera de sus vidas con el respaldo de la Ley…!
Todo este torrente de sangre hecha derramar a los bandidos fue tan inútil como la masacre de la bahía de La Habana. Los bandidos siguieron multiplicándose y Manuel García, de infeliz cuatrero llegó a convertirse en el verdadero rey de los campos de Cuba.
Aunque siguieron derramando sangre, los Capitanes Generales que sucedieron al general Salamanca tuvieron alarmantes lunares en la sangrienta honestidad. Joaquín Alemán el más feroz y desalmado de los bandidos pinareños, no fue agarrotado sino indultado inexplicablemente y lo mismo ocurrió con José Sánchez Ortega “Tingo” y Juan Márquez Ávila “Cangrejo”, asesinos probados de mujeres y niños. Y algo que prueba la venalidad gubernamental.
El 19 de enero de 1891, estando todo preparado por los celadores de la Policía de Guara y Melena para la captura de Manuel García, en un lugar conocido por “Chuya”, cuando este viniera a entrevistarse con su esposa, el comandante Trillo se adelantó al bandido y procedió a la captura, sin haber órdenes de detención, de Rosario Vázquez e Isabel Torres, esposa y amante, respectivamente, de Manuel y Vicente García.
Allí fueron materialmente despedazados a balazos, los notorios bandidos Domingo Montolongo, segundo de Manuel García después de la muerte de Sixto Varela y autor de todas las hazañas realizadas en contra de los Ferrocarriles Unidos; su hermano Ramón Montolongo, Fernando Delgado, Eulogio Rivero “Nango” y Pedro Rivero y también los que no eran bandidos, como el botero José Adega, los estibadores Justo Torres y José Martínez y los aduaneros Manuel Lamuela y Salvador Arroyal.
¡Un derroche de innecesaria crueldad, absolutamente inútil, porque los bandidos estaban desarmados y de la misma manera que fueron despedazados a balazos, con grave escandalo público, hubieran podido ser entregados al verdugo Valentín, para que el garrote dispusiera de sus vidas con el respaldo de la Ley…!
Todo este torrente de sangre hecha derramar a los bandidos fue tan inútil como la masacre de la bahía de La Habana. Los bandidos siguieron multiplicándose y Manuel García, de infeliz cuatrero llegó a convertirse en el verdadero rey de los campos de Cuba.
Aunque siguieron derramando sangre, los Capitanes Generales que sucedieron al general Salamanca tuvieron alarmantes lunares en la sangrienta honestidad. Joaquín Alemán el más feroz y desalmado de los bandidos pinareños, no fue agarrotado sino indultado inexplicablemente y lo mismo ocurrió con José Sánchez Ortega “Tingo” y Juan Márquez Ávila “Cangrejo”, asesinos probados de mujeres y niños. Y algo que prueba la venalidad gubernamental.
El 19 de enero de 1891, estando todo preparado por los celadores de la Policía de Guara y Melena para la captura de Manuel García, en un lugar conocido por “Chuya”, cuando este viniera a entrevistarse con su esposa, el comandante Trillo se adelantó al bandido y procedió a la captura, sin haber órdenes de detención, de Rosario Vázquez e Isabel Torres, esposa y amante, respectivamente, de Manuel y Vicente García.
Ambas mujeres sin proceso alguno fueron deportadas a Isla de Pinos, cortándose así todas las posibilidades de captura del audaz bandolero. Muchos de los bandidos acorralados en el campo, por temor a ser asesinados vinieron a refugiarse en la ciudad y una oleada de crímenes y de violencias se registraron en todas las capitales de provincia. Solo la Guerra del 95 sirvió de contén al desenfreno de la delincuencia enardecida y a la represión como profilaxis.
Tomado de un artículo de Libreonline.com

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