BREAKING

10/recent/ticker-posts

GALLEGO CON MANDO, YA ESTOY TEMBLANDO



En 1991 el fallecido político gallego Manuel Fraga Iribarne (Villalba, Lugo, 1922 - Madrid, 2012), que en sus inicios fue conservador bajo el el régimen de Franco, fue huésped ilustre en la Habana. Fraga había sido ministro de Información y Turismo de la dictadura, y luego en el periodo a la democracia fue ponente de la Constitución de 1978.

Además, el fundador de Alianza Popular que más tarde se convertiría en el Partido Popular. Con este partido fue elegido presidente de la comunidad autónoma de Galicia, cargo donde se mantuvo por espacio de quince años, desde el 1990 hasta el 2005, que como verá no importó mucho su condición de ex Franquista, la gente en Galicia lo quería "un mazo".

En realidad Fraga fue a Cuba dos veces, 1991 y 1998, y en ambas visitas la pasó como en familia, de maravilla. De hecho comió pulpo, jugó dominó y visitó varios lugares de esa isla donde reinaba otro dictador, no "de pura raza" si no hijo de Gallegos, Fidel Castro Ruz, ya para entonces tres veces más dictador que Franco. Le recibió y se excedió en atenciones. Hasta un grupo de gaiteros cubanos interpretó el himno de Galicia en la losa del aeropuerto.

Por otro lado en su delegación Fraga incluyó a dos cocineros carballiñeses que llevaban un cargamento de 500 kilos de pulpo, cuatro calderas, 72 litros de aceite, sal y pimienta en cantidad, tijeras, ganchos y palillos, así como 500 platos de madera para servir el pulpo. Fue una semana de intensa actividad para Fraga. 

Ambos representantes de regímenes antagónicos, uno comunistas y otro ultra católico, sin embargo convivieron bajo intereses económicos pese a los Estados Unidos. El aumento del comercio bilateral condujo a la renovación en el año 1971 del acuerdo comercial que se había firmado en 1959, instaurado ya el castrismo, y luego en 1975 regresaron los respectivos embajadores. Los buques españoles siguieron entrando en los puertos cubanos y la compañía aérea Iberia seguía cubriendo los trayectos entre Europa Occidental y Cuba. 

Pero entonces llegó el día en que Franco murió y Fidel Castro, no sabemos si abrumado o no por la muerte de su paisano, decidió poner el parche antes de que saliera el grano y concedió tres días de luto nacional por el fallecimiento del caudillo, lo que revela hasta qué punto España y Cuba tenían un vínculo fuerte por debajo de incidentes y diferencias ideológicas.

Pero como el tirano caribeño estaba comprometido con aquella izquierda fundamentalista, pues así de soslayo, o como diríamos en Cuba, "de guilletén, haciéndose el chivo con tonteras", decretó el luto escondido. Lo que no contaba el barbudo en jefe fue que el representante de la agencia EFE lo "tiraría al medio", y que de inmediato The Washington Post, The New York Times y Le Monde, entre otros muchos, rebotaron la noticia con su habitual eficacia. Vamos, que se enteró hasta el tato. 


Al pobre Paco Rubiales le tocó hacer las maletas, mientras que el embajador de España en la isla, Enrique Suárez Puga, recorría los cuarteles y principales instalaciones para exigir que colocaran la bandera a media asta, como correspondía en estos casos. 

O sea, que el tirano quedaba bien con los seguidores del difunto "paisano" en Madrid, aun en el gobierno por medio del sucesor, Dr Carlos Arias Navarro, pero de cara a la galería en la isla no se informó "ni pitoche".

Como tampoco dijeron nada los de la izquierda Española, dígase la señora Dolores Ibarruri, alias la pasionaria, el Santiago Carrillo, el Alberti o el Maoísta Eladio García Castro y compañía, los representante del extremismo mas rebelde, radical, recalcitrante y militante de Europa occidental debieron haberse quedado atónitos con el duelo.

Un año después de aquella primera visita, el domingo 26 de julio de 1992 y a raíz de la Expo de Sevilla, fue Castro quien visitó España y por supuesto, la aldea de Láncara donde nació su padre. Entonces el presidente español era el socialista Andaluz Felipe González, y esta vez la cosa fue un tanto distinta a lo que Castro probablemente esperaba. 

Para empezar le gritaron de todo. Su estancia en Sevilla no fue fácil. El propio presidente Andaluz le "sugirió hacer elecciones libres" a la salida del Pabellón Cubano, al que Castro no se permitió la entrada de ningún periodista del periódico ABC, «es una decisión nuestra porque su periódico nos trata muy mal», le dijo a los organizadores.

Varias personas le increparon llamándole «dictador» mientras le reclamaban la libertad de los presos políticos encarcelados por su régimen, entre ellos el entonces presidente del Partido Demócrata Cristiano de Cuba en el exilio, José Ignacio Rasco, refugiado en Miami, que al igual fue expulsado del recinto por los guardaespaldas, mientras que la hija del preso político Sebastián Arcos le pudo gritar: «Fidel, pon en libertad a mi padre».

Para colmo en ese momento gobernaba el Ayuntamiento una coalición del Partido Popular y el Partido Andalucista, y la entonces primera teniente de alcalde, Soledad Becerril, se negó a asistir en protesta por las violaciones de los derechos humanos en la isla.

Tampoco lo hizo la entonces portavoz municipal socialista, Amparo Rubiales, que acusó al andalucista de informar la visita tarde e interferir así las posibles ausencias. En fin, como dice un dicho aquí en España, "Andaluz con dinero y gallego con mando, ya estoy temblando".