Todo tiene un porque en nuestras vidas. Decía el filósofo Alemán Friedrich Hegel, que si la teoría no concuerda con los hechos es peor para los hechos. Y ese, quizás, sería uno de los motivos por los cuales cuando se trata de interpretar las causas de la muerte de José Martí, no haya un Cubano en la faz de la tierra que no le asalten las dudas. Le sucede a los grandes conocedores del tema, de manera que...
Fíjese usted si es así, que el catedrático en filosofía Jorge Manach y Robato, quien fuera miembro de la Academia Nacional de Artes y Letras, de la Real Academia Española de la Lengua y de la Academia de la Historia de Cuba, y quizás su mejor biógrafo con diferencia, se preguntó siempre si aquella muerte fue un arrebato épico que le dio a Martí, fruto de su inexperiencia o la codicia de que llegara de una vez su hora.
Ni él mismo supo responder con exactitud.
Existen decenas de artículos y reseñas que señalan al joven maestro de escuela Ángel de la Guardia Bello, como la última persona que estuvo junto a Martí el día que cayó en Dos Ríos. Sin embargo, el entonces coronel murió en la toma de las Tunas, y los historiadores se quedaron privados de su valiosa versión.
Con apenas 20 años y los grados de teniente, había llegado el día antes a Dos Ríos como parte del estado mayor del general Bartolomé Masó que, junto a 300 hombres, se había unido a la columna del general en jefe Máximo Gómez.
Como testigo absoluto de lo ocurrido, siempre sostuvo que no pudo hacer nada por ayudar a Martí ni recuperar su cuerpo, su caballo fue herido de un balazo y le había caído encima y además el fuego español era muy nutrido en ese momento. Gracias a su hermano Dominador que fue al rescate, pudo salvar la vida.
Antes de seguir en este tema, nos gustaría reseñar algunos datos que no han sido muy divulgados. Lo hacemos citando un artículo de Miguel Ángel Valdés Valdés, publicado en la revista "Bimestre Cubana" de 1938. En ese artículo el escritor afirma que el coronel español José Ximénez de Sandoval, además de sufragar el gasto del entierro y de pronunciar el discurso fúnebre, le dejó una nota a Máximo Gómez donde decía escuetamente:
"Llevo a vuestro presidente herido; si muere, le haré un buen entierro; si vive os lo devolveré y si nos atacan tomaremos represalias con el detenido".
El doctor Juan Gomez Valdés, medico de la columna española, ofreció una información que, después de la guerra fue confirmada por el cabo de Sanidad Militar Juan Trujillo. En ella, ambos aseguraron que el médico se había quedado cuidando a los heridos y enterrando a los muertos con varios soldados.
Que pensando en el difícil trance que corrían si los cubanos se decidían a rescatar a Martí, en una hoja de su libreta escribió: "Llevamos a Martí herido; si somos atacados le daremos muerte. Sandoval" y lo hizo enlazando los nombres de Martí y Sandoval con una rosa y una cruz. Que aquella nota se la entregó a un asistente y le ordenó que la clavara en un árbol, en la dirección por donde se suponía vendrían los mambises, si al final se decidían atacar.
Por otro lado en 1930, un vecino de Dos Ríos llamado Juan Ayala Hernández, le confesó al Dr. Jose T. de Oñate, secretario de la comisión organizadora de la expedición que siguió la verdadera ruta de Martí de Playitas a Dos Ríos, que había sido testigo presencial de lo ocurrido con aquella esquela.
Que Sandoval se la dio a Doña Modesta Oliva y que esta, muy asustada, se la mostró cuando se marchó la columna española. Que entonces se presentó en el lugar el General Gómez y lo enteró de la existencia de la esquela en poder de la mencionada señora, que varios cubanos fueron a buscarla. Modesta le dijo a Gómez que aquel papel se lo había entregado un jefe español que le dijo:
"Dígale a los insurrectos que llevo a Martí herido, que si muere le hare un buen entierro, y que si vive se lo devolveré".
Y agregaba la señora...
"Ese jefe llevaba mucho miedo".
Esto lo corroboró años después el entonces coronel Dominador de la Guardia, hermano de Miguel Ángel, en carta dirigida al doctor Elpidio M. Palma y fechada el 11 de marzo de 1916 desde Niquero. En ella afirmaba que la nota - clavada en un árbol y dirigida al general Máximo Gómez - estaba firmada con los signos masónicos del grado 18º del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, la cruz y la rosa.
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| Esquemas masónicos hechos de puño y letra por Dominador de la Guardia, el hermano de Miguel Ángel, el teniente acompañante de Martí en su caída. |
Es obvio que esa nota no demuestra que Martí seguía con vida mientras la columna se retiraba, que fue un ardid para evitar la represalia mambisa cuando Gómez intentó -infructuosamente - rodear la columna antes de que llegara al cruce del pueblo de Remanganaguas.
La masonería estaba perseguida en España y lo siguió estando durante la etapa Franquista (Ver caso de la condena por masón, a la que fue sometido el doctor
Rosendo Castell Ballespí, herido en ambas piernas en un combate en Cuba en 1897). Más tarde fue director de las Enfermerías militares de Sagua de Tánamo, director de sanidad del puerto de Baracoa y del depósito de convalecientes de Santa Catalina.
LAS DOS CARTAS DE SANDOVAL
En una carta al director de la revista ilustrada "Letras", fechada en Valencia el 11 de junio del 1911, el coronel lo niega todo, tanto lo de devolver el cadáver como lo del entierro. Dejó claro que sus facultades no le permitían tomar ese tipo de decisiones; y que si no siguió combatiendo fue por lo especial de la circunstancia, así como la necesidad de dar parte a sus superiores sobre la identidad del fallecido.
Negó incluso que su apellido "Ximénez" se escribiera con J, como supuestamente aparecía en la nota, y que tampoco llevaba el "de" antes del apellido Sandoval. Los historiadores creen que la nota sí pudo haber sido escrita por el médico de la columna o, en otro caso, fue una estratagema del propio Sandoval para esconder su condición de masón.
"Siento mucho desmentir al señor Miró".**, acotó en la misiva mientras agregaba:"Contrario a lo que él dice, sin ninguna prisa me hice cargo de los efectos hallados a Martí, algunos de los que, sin valor intrínseco, más sí estimativo conservo, dispuse fueran curados los heridos y enterrados los muertos, y después de cargar las acémilas y colocar convenientemente el cadáver de Martí y de mis heridos, ordené a la columna emprender la marcha hacia Remanganaguas".
En otra remitida después de la guerra a Enrique Ubieta, uno de los grandes escritores de efemérides de la historia Cubana, le cuenta que cuando llegó a la cantina de Modesta Oliva con sus soldados, procedente del lugar de los hechos, le indicó a la dueña "que si venían los insurrectos les dijese que llevaba el cuerpo de José Martí ya cadáver".
Otro dato curioso es que el cuerpo de Martí permaneció expuesto al raso en Santiago de Cuba, según lo dicta la ley Masónica. El escritor Miguel Ángel afirmó que el coronel Sandoval poseía el grado 32 del rito escocés Antiguo y Aceptado, que se hacía llamar simbólicamente "Xenofonte", y que figuraba como nacido en La Habana en torno a 1842.
Recordemos que aunque había nacido en Valencia, muchos pensaban que Xandoval era Pinareño. Tenía hasta el acento de esa provincia por haber residido allí desde muy pequeño cuando su padre, un militar destacado en aquella zona. Leyendo esto, podría entenderse mejor que todos aquellos gestos que tuvo hacía el cuerpo de Martí, sin poner en ningún momento en duda su condición de militar de honor, fueron ciertos.
Mediante estas publicaciones nos enteramos que la muerte de Martí se produce por fuego de una columna comandada por el teniente Vicente Sánchez de León, que tenía entre sus filas a un práctico -y fusilero- cubano de apellido Oliva. También hace referencia a que el caballo de Martí, llamado "Baconao", regresó solo al campamento.
Según afirmó Dominador, fue Martí quien ordenó a su hermano adelantarse, desobedeciendo a Gómez y convirtiéndose en blanco perfecto del enemigo. Que tuvo que ir hasta la talanquera donde habían caballos abandonados por soldados caídos, para que su hermano pudiera escapar de allí en uno de ellos.
Con el tiempo, aquel caballo blanco de crin dorada, que le había regalado el general Antonio Maceo, fue el mismo que le entregaron a su hijo José Francisco el día de su debut manigüero en la toma de Victoria de las Tunas. Y hablando "del rey de Roma", aunque Roma jamás tuvo Reyes...
Por esas misteriosas coincidencias que tiene la vida, el 29 de agosto de 1897 el entonces comandante Ángel de la Guardia Bello cayó muerto durante la toma del fortín "Aragón", en Victoria de las Tunas, una plaza importante que había sido asediada por el mayor general Calixto García, entonces sustituto del finado general Antonio Maceo en el puesto de lugarteniente del ejercito.
Por cierto para la preparación de este ataque Calixto contó con la colaboración de la hija de un general tinerfeño, Emilio March, (La Laguna, Tenerife, 9-4-1844), quien en función de espía le detalló "santo y seña" de las posiciones que ocupaban las fuerzas españolas en esa ciudad.
Los médicos Porfirio Valiente y Enrique Núñez de Villavicencio no pudieron hacer nada por la vida de Ángel, quien falleció al siguiente día. Y como la vida es como es, el hecho de haber caído justo en el mismo lugar de José Francisco Martí generó especulaciones de todo tipo.
Unos dirán que son hechos fortuitos, increíbles e inexplicables. Casualidades que dan rienda a la mas mala intencionada imaginación, otros en cambio "no tragan" tan facil. Es que por mucho que uno se lo proponga no puede evitar pensar que haya sido una venganza, más sabiendo la calaña moral de este individuo, digamos de lo que fue capaz de hacer después en 1912.
Aunque alguien dijo una vez que las casualidades ni existen ni están escritas y que todo sucede por algo, saque usted sus propias conclusiones. Eso sí, no se aferre a una verdad, deje que fluyan las ideas y verá que todo en la vida tiene un porqué. Decía el biólogo norteamericano Jonas Edward Salk, uno de los inventores de la vacuna contra la poliomielitis, que nada sucede por casualidad y que todo es cuestión de acumulación de información y experiencias, que la intuición le dirá a la mente dónde buscar lo siguiente”.
Maldita Hemeroteca
Referencias:
--Jorge MAÑACH, Martí. El apóstol,
La Habana, Ciencias Sociales, 1990, p.
240.
--Martí Masón. Miguel Ángel Valdés, Editorial Mundo masónico apto 2243, Habana, Cuba, 1943.
--Ubieta Enrique, Efemérides de la Revolución Cubana . La Moderna Poesía 1920
** General de división catalán José Miró Argenter, secretario de la junta liquidadora y del archivo del ejército libertador cubano y padre además de José Miró Cardona, en 1959 ministro cubano.
-- Cuba española : reseña histórica de la insurrección cubana en 1895 / por Emilio Revertér Delmas. Barcelona.