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CARTAS DESDE EL INFIERNO

Villa Diodati, a las puertas de Ginebra en Suiza. // 

Mira que se han escrito cartas en este mundo. Millones de millones. Y es que la tinta y el papel son testigos de los sentimientos más profundos del ser humano, que a través del poder de las palabras expresa su emoción o pasión.

Pero como todo en esta vidas las hay que destacan por encima de las demás, y no precisamente por haber sido escritas por gente amorosa, noble y buena que digamos. Por ejemplo el cuatrero y asaltador de bancos John Dillinger le escribió al fabricantes de coches, Henrry Ford, una misiva agradeciéndole las prestaciones de los coches que el industrial fabricaba: 

"Mr. Ford Permítame que le felicite. Fabrica usted los mejores coches para huir de la policía tras un atraco".

Siguiendo el hilo del bandidaje, vemos que el mafioso italiano Al Capone le escribió a su hijo una muy autocrítica:

"Sé que te dejo una pesada herencia: mi nombre. Pero tú considerarás tu deber de hijo imponer el respeto más absoluto a mi memoria".

Y observe el pánico que provocó en California el asesino del Zodiaco en 1969, que a diferencia de las cinco personas que asesinó, se hizo más célebres por las cartas que le escribía a la policía, utilizando como vía a periódicos como el San Francisco Chronicle, Vallejo Times Herald y The San Francisco Examiner. Fue en la segunda, donde dio las claves del criptograma.

Igual otro, "El Hijo de Sam", uno que dejaba misivas junto a los cadáveres que iba asesinando. O por ejemplo BTK, otro asesino en serie llamado Dennis Rader, y que cayó en el jamo gracias a esas soberbias cartas dirigidas a las autoridades y medios de comunicación a lo largo de los años. En una - la primera dirigida al periódico Whichita - les decía:

"Como los asesinos en serie no pueden cambiar el modus operandi, por naturaleza, la palabra en código para mí será... atarlos, torturarlos, matarlos. B.T.K. Verán que lo hará de nuevo".

Pero una tremenda fue la que escribió supuestamente el no menos famoso Jack el destripador, el asesino en serie de cinco mujeres en el Londres del siglo XIX que desde el infierno, según él, le informaba al detective de Scotland Yard George Luck lo siguiente:

"Señor Lusk, le adjunto la mitad de un riñón que tomé de una mujer y que he conservado para usted. La otra parte la freí y me la comí; estaba muy rica. Puedo enviarle el cuchillo ensangrentado con que se extrajo, si espera un poco".

Se acuerdan del franco tirador de Washington John Allen Muhammad que en 2012 junto a su hijo Lee Malvo asesinó a diecisiete personas e hirió a diez . Pues en el reverso de una carta del Tarot, la de La Muerte, llevaba escrito este mensaje: 

"Para usted Sr. Policía. Código: “Llámenme Dios”. “No lo difundan en la prensa”

Y ante tanta epístola de todo tipo, vamos quizás con una de las más famosa en las ultimas horas, la del nieto de Raúl Castro, Raúl Guillermo Rodríguez Castro, quien funge como jefe de la seguridad personal de su abuelo y figura cercana al poder en Cuba. Al parecer esta supuesta carta se le escribió al mandatario Donald Trump, y fue llevada por uno de sus "tracatanes" en Cuba.

Algunos conocedores del tema plantearon que lo que el cangrejo, que así es como le llamanal saca mantecas este, buscaba darle un esquinazo al incómodo secretario de Estado Marco Rubio, pensando quizás que los causes oficiales de aquel país eran iguales a los de su republica bananera, donde su familia hace y deshace sin dar explicaciones de nada y a nadie.

Desde entonces no son pocos los que le sitúan como supuesto intermediario de la tiranía con la Casa Blanca, aunque en nuestra opinión y a esta altura de la película, con la de imbecilidades que dijo a la NBC el "socotroco" que tienen de presidente de cara a la galería, importa menos que un pepino si lo es o no. Aun así parece que el gusto por escribir misivas en esa familia es hereditario.

En el noviembre de 1940, cuando el tío abuelo tenía 14 años, (él dijo que 12 para pareciera más infantil, más inocente) Fidel Castro le mandó una carta al entonces presidente de Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt, donde le hacía un pedido de diez dólares.

Desde entonces el niño psicópata sentía una verdadera fascinación por el billete verde. Y no solo eso, es que con tal de conseguirlo estaba dispuesto a todo, hasta revelarle donde se encontraban las minas de hierro más grandes de Cuba.

Castro
Mr Franklin Roosvelt. Presidente de los Estados Unidos

Mi buen amigo Roosvelt yo no conozco muy bien el inglés, pero lo suficiente como para escribirte. Me gusta escuchar la radio, y estoy muy feliz, porque oí que vas a ser Presidente por un nuevo periodo. Tengo doce años.

Soy un chico pero pienso mucho pero no creo que le estoy escribiendo al presidente de Estados Unidos. Si quieres, dame un billete americano verde de diez dólares, en la carta, porque nunca vi un billete americano verde de diez dólares y me gustaría tener uno.

Como ven, desde chico Fidel Castro presentó una inclinación sicópata hacia la moneda de su futuro enemigo. No solo eso, que por satisfacer su ambición estaba dispuesto a "chivatearle" las riquezas de su propio país. En uno de sus párrafos decía algo así:

"Si quieres hierro para hacer tus barcos, te mostraré las minas más grandes de hierro del país. Están en Mayarí Oriente Cuba".

Y sin entrar en paralelismos, ni mucho menos en comparaciones personales, aunque las hay de sobra, fíjese que en el verano de 1816 un volcán llamado Tambora erupcionó en Indonesia y liberó toneladas de polvo que se extendieron por la atmósfera de todo el planeta.

Estas nubes de cenizas provocaron el bloqueo de la luz solar, dando lugar a un persistente invierno. Las temperaturas bajaron ostensiblemente en todo el mundo y, a causa de la ceniza liberada los días se volvieron muy oscuros y fríos.

Era el momento ideal para que en la mansión de Villa Diodati, a orillas del lago Ginebra en la campiña Suiza, se reunieran una serie de escritores liderados por Lord Byron, y alumbraran dos de los monstruos que más han influido en la literatura de los dos últimos siglos: el vampiro chupa sangre de William Polidori y por otro lado Frankenstein, la bestia que imaginó Mary Shelley.

Maldita Hemeroteca.