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DUELOS EN LA ACERA DEL LOUVRE. (II)


Otro duelo, surgiendo también en la Acera, fue el que sostuvo el propio Varona Murias con Agustín Cervantes la tarde del 24 de septiembre de 1888. El primero de ellos desconocía en lo absoluto el manejo de las armas, pues iba a los duelos confiado en su buena estrella y en su extraordinario valor personal.

No ocurría lo mismo en cuanto a Cervantes, que era un gran tirador a más de ser un hombre también muy valiente. El duelo concertado fue realmente peligroso ya que se pactó a sable con filo, contrafilo y punta, en campo cerrado y con la obligación de continuarlo hasta la completa inutilización de uno de los duelistas.

En este duelo actuó como juez de campo Don Gonzalo Jorrín, y en el mismo resultó gravemente lesionado Varona Murias que recibió una extensa herida en el antebrazo derecho que interesó las partes blandas, llegando incluso hasta el hueso del que saltaron varias esquirlas.

Otro con trágico resultado fue el día 12 de noviembre de 1890 entre Alberto Jorrín y el capitán del ejercito español Leopoldo D. Osouville. Se desató tras recibir el primero una fuerte bofetada debido a las ofensivas palabras hacia los jóvenes de la Acera del Louvre.

Fueron los padrinos de Jorrín, Agustín Cervantes y Emilio Lafourcade, y los de D. Osouville los comandantes Vega y Bernal, quienes concertaron el duelo a sable con filo, contrafilo y punta para el patio de la Fortaleza de La Cabaña, muy próximo a la Playa del Chivo.

En este duelo ocurrió algo extraordinario que causó general sorpresa y asombro Alberto Jorrín -y esto se conoció después del duelo - sufría parálisis como consecuencia de una caída de un caballo siendo jovencito, y esa vez tuvo la desgracia de padecerlo al iniciarse el duelo, lo que motivó que mantuviera su brazo derecho en posición horizontal y sin la guardia cubierta.

Fue fácilmente atravesado por el sable de D. Osouville, que lo introdujo en su cuerpo hasta el cazuelet. Lo demuestra el hecho de que siendo Jorrín un hombre de constitución hercúlea y valiente a toda prueba, continuó sonriente e impasible teniendo el sable de D. Osouville atravesado en el cuerpo.

Jorrín fue cargado por Paco Romero, Pepe López Senén, Ernesto Jerez y César Aenlle, que lo llevaron al pabellón que ocupaba el coronel Felipe Crespo en la propia Fortaleza y donde el doctor Francisco Domínguez Roldán, que acababa de llegar de París cubierto de gloria, lo examinó practicándole en las peores condiciones una difícil operación. Falleció horas después.

En el año 1893 encontrándose Varona Murias en Madrid en compañía de Gustavo Robreño tuvo un incidente con D. Osouville enviándole su representación y dándole ésta las explicaciones solicitadas. Años después en 1911 llegó D. Osouville a La Habana de paso para México a bordo de un barco español, permaneciendo a bordo todo el tiempo que el trasatlántico atracó en el puerto.

Otro duelo también con trágico final fue el que se llevó a cabo entre Don Juan Palacios, hombre fornido y de carácter provocador, con el ex oficial del Ejército español Ángel Soler que por el contrario era de pequeña estatura y menos fuerte. El duelo fue a sable y se celebró en el Teatro Payret, recibiendo Palacios heridas de tal gravedad que falleció horas después.

En el campo de honor se vieron el general José Lachambre y Don Agustín Cervantes, un suceso motivado por la exagerada susceptibilidad del segundo pues Lachambre era una persona muy cuidadosa en sus expresiones, y siempre mantuvo un trato amable y caballeroso, especialmente con los cubanos.

En este duelo resultaron heridos en el hipocondrio derecho el general Lachambre y Cervantes en el hombro. Actuaron como padrinos de Cervantes Don Miguel Figueroa y Don F. Varona Murias, los de Lachambre fueron Don Nicolás de Cárdenas y Don Benítez y Hortensio Tamayo.

El otro duelo surgido en el restaurante “Las Tullerías“ de San Rafael y Consulado, y que fue motivado por un incidente que tuvieron el doctor Eduardo Borrell y Don Miguel de la Torriente, se llevó a cabo a sable en la finca “El Morado“, propiedad del coronel del ejercito libertador Baldomero "Merito" Acosta en Marianao, localidad de la que fue su primer alcalde, resultando Torriente herido gravemente en un brazo.

Otro duelo, y también motivado por otro incidente ocurrido en la Acera, se llevó a cabo entre Don Vicente García Santiago y Don Paco Romero, resultando éste último gravemente herido en un brazo. Se batieron a espada, y ambos resultaron heridos. En cambio aquel duelo presagió una buena amistad.

Para festejarla, se acordó almorzar un arroz con pollo en el restaurante “Arana” de la Chorrera, almuerzo que alcanzó los honores de la posteridad, porque después de celebrado fueron todos a parar a una fonda situada en el Paso de la Madama propiedad de un italiano de apellido Romano, negándose éste a abrirles la puerta por lo que la forzaron.

Rompieron como castigo a su insolencia, muebles y lámparas, cargando luego con un órgano de manigueta que tenía en la sala para amenizar las comidas, llevándolo para la Acera del Louvre donde lo destrozaron por completo. Enterado de la denuncia hecha por Romano, el marqués de Sandoval, que presidía el Unión Club, pagó integrantemente la cantidad exigida con el el dueño.

Otro duelo, este mucho más reciente pues data de pocos años, fue el que sostuvieron a pistola Rodolfo Warren y Hannibal J. de Mesa. Fue motivado por un incidente surgido en la Acera. Como resultado el primero recibió un tiro en el estómago que horas después acabó con su existencia.

En este duelo actuó como padrino de Mesa y juez de campo el afamado doctor Orestes Ferrara y Marino, ministro de la presidencia de Gerardo Machado y antiguo coronel de la guerra de independencia. Por supuesto en este relato no están comprendidos todos los incidentes ocurridos en la famoso Acera. Se trata solamente algunos de los más sonados, según el historiador y arquitecto, Luis Bay Sevilla.


Luis Bay Sevilla
publicado en el Diario de La Marina el 27 marzo de 1947.