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| Trabajadores cubanos de la base, regresan al territorio cubano. // |
Se cumplen hoy 94 años que Estados Unidos y Cuba firmaran (el 29 de mayo de 1934) el documento que abolió formalmente la Enmienda Platt y derogó el anterior Tratado Permanente de 1903, devolviendo a Cuba el control pleno sobre sus asuntos internos y su soberanía, una enmienda que no se usaba desde la ultima vez que Estados Unidos se retiró de Cuba en 1909.
Y sería bueno acotar que esa vez no se inmiscuyó por gusto, fue por el estallido de una insurrección en contra de su propio gobierno de Don Tomás Estrada Palma, que terminó con el ascenso del segundo presidente de Cuba, el general José Miguel Gómez quien lideró la revuelta.
Como quiera que haya sido, con este tratado Washington se arrogaba el derecho a invadir la isla cuando así lo decidiera, que también es verdad. En cambio se acordó el arrendamiento de la Base Naval de Guantánamo que todavía sigue arrendada y que en 1994 recibió con los brazos abiertos a miles de balseros cubanos que escaparon de la isla comunista.
SATANIZACIÓN DE LA ENMIENDA
La historia dejó claro que por dos veces tranquilizó el violento gallinero Cubano, y una vez retornó la calma se marcharon y no pasó más nada. Desde entonces mucho se ha escrito y debatido, en pro y en contra.
Se le atribuye su paternidad al senador Orville H. Platt, sin embargo fueron tres eminentes personajes, dos de ellos norteamericanos y uno cubano, los verdaderos inspiradores de esta Enmienda: Elihu Root, James H. Wilson y el bayamés Don Tomás Estrada Palma.
En cambio, en el libro "Cuba, la América Latina, los Estados Unidos (La Habana, 1928), el Dr. James Brown Scott señala como el autor, clara, precisa y terminantemente, al entonces secretario de la Guerra Elihu Root, dejando al senador Oliver Platt el simple papel de congresista amigo del Ejecutivo a quien éste confía la misión de autorizarla con su firma y presentarla en el Senado.
Refiere así lo ocurrido, Mr. Scott:
“Sucede con frecuencia que se atribuyen a hombres públicos proyectos que nunca emanaron de ellos, y es natural que así suceda cuando los superiores tienen que aceptar la responsabilidad de una línea de conducta que llevan a cabo, aunque haya sido propuesta por un subordinado. La individualidad del autor queda absorbida por el resultado tenido. Esto es necesario que acontezca en los asuntos administrativos.
No debería ser así en cuestiones políticas trazadas por el jefe del departamento, ya sea con respecto el jefe del departamento; ya sea con respecto al Presidente, cuya aprobación es necesaria, o con respecto al Congreso, cuya actuación se exige a los efectos de la legislación”.
Guiándonos por estas afirmaciones, la paternidad de la llamada Enmienda Platt se le atribuye al señor Root, dando instrucciones al general Wood, gobernador militar de Cuba, de fecha 9 de febrero de 1901. Este documento fue sometido por el Presidente McKinley a su Gabinete, quedando aprobado tanto por él, como sus consejeros.
Fue entregado por el propio McKinley en presencia del secretario de la Guerra, al señor Orville H. Platt, senador por Connecticut, con objeto de que lo presentara al Congreso y se incorporara a la ley requerida para el traspaso de Cuba a sus habitantes. En el libro aparece descrito así....
“Se estima que la continuación ordenada y sucesiva de los acontecimientos así brevemente expuestos, indica que la enmienda surgió del departamento de la Guerra; que su autor fue el entonces secretario de la Guerra, señor Root, y que el senador Platt, de acuerdo con el Ejecutivo, presentó la enmienda que lleva su nombre, concebida, redactada e incorporada a la Constitución cubana por la iniciativa y destreza, la sabiduría y previsión del señor Root, cuando era secretario de la Guerra.
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| Secretario de la Guerra Elihu Root. |
No es el propósito del presente comentario, sin embargo, poner en duda los servicios prestados por el senador Platt, pero parece oportuno afirmar, modo de introducción, que la enmienda que lleva su esclarecido nombre y con bastante razón, porque fue propuesta por él al proyecto de ley del Ejército, era no obstante la obra del señor Root”.
Aunque estas declaraciones son generalmente conocidas con el nombre de la Enmienda Platt, la mentalidad que las concibió fue la de Elihu Root; suya la habilidad que les dio forma; suya la mano que las redactó.
Root creyó que, en esencia, estas resoluciones eran indispensables a los intereses supremos de estos pueblos, y a fin de que no pudiera existir duda ni mala interpretación sobre la materia, quiso que dichas resoluciones adquiriesen forma de ley en ambos países y que fuesen incorporadas en un tratado que celebraran las dos repúblicas”.
EL TEXTO DE LA ENMIENDA PLATT:
Que en cumplimiento de la declaración contenida en la Resolución Conjunta aprobada en 20 de abril de mil ochocientos noventa y ocho, titulada ¨Para el reconocimiento de la independencia del pueblo cubano¨, exigiendo que el Gobierno de España renuncie a su autoridad y gobierno en la Isla de Cuba, y retire sus fuerzas terrestres y marítimas de Cuba y de las aguas de Cuba y ordenando al Presidente de los Estados Unidos que haga uso de las fuerzas de tierra y mar de los Estados Unidos para llevar a efecto estas resoluciones...
El Presidente, por la presente, queda autorizado para dejar el Gobierno y control de dicha Isla a su pueblo, tan pronto como se haya establecido en esa Isla un Gobierno bajo una Constitución, en la cual, como parte de la misma, o en una ordenanza agregada a ella se definan las futuras relaciones entre Cuba y los Estados Unidos sustancialmente, como sigue:
PRIMERO
Que el Gobierno de Cuba nunca celebrará con ningún Poder o Poderes extranjeros ningún Tratado u otro convenio que pueda menoscabar o tienda a menoscabar la independencia de Cuba ni en manera alguna autorice o permita a ningún Poder o Poderes extranjeros, obtener por colonización o para propósitos militares o navales, o de otra manera, asiento en o control sobre ninguna porción de dicha Isla.
SEGUNDO
Que dicho Gobierno no asumirá o contraerá ninguna deuda pública para el pago de cuyos intereses y amortización definitiva después de cubiertos los gastos corrientes del Gobierno, resulten inadecuados los ingresos ordinarios .
TERCERO
Que el Gobierno de Cuba consiente que los Estados Unidos pueden ejercitar el derecho de intervenir para la conservación de la independencia cubana, el mantenimiento de un gobierno adecuado para la protección de vidas, propiedad y libertad individual y para cumplir las obligaciones que, con respecto a Cuba, han sido impuestas a los Estados Unidos por el Tratado de París y que deben ahora ser asumidas y cumplidas por el Gobierno de Cuba
CUARTO
Que todos los actos realizados por los Estados Unidos en Cuba durante su ocupación militar, sean tenidos por válidos, ratificados y que todos los derechos legalmente adquiridos a virtud de ellos, sean mantenidos y protegidos .
QUINTO
Que el Gobierno de Cuba ejecutará y en cuanto fuese necesario cumplirá los planes ya hechos y otros que mutuamente convengan para el saneamiento de las poblaciones de la Isla, con el fin de evitar el desarrollo de enfermedades epidémicas e infecciosas, protegiendo así al pueblo y al comercio de Cuba, lo mismo que al comercio y al pueblo de los puertos del Sur de los Estados Unidos.
SEXTO
Que la Isla de Pinos será omitida de los límites de Cuba propuestos por la Constitución, dejándose para un futuro arreglo por Tratado la propiedad de la misma .
SEPTIMO
Que para poner en condiciones a los Estados Unidos de mantener la independencia de Cuba y proteger al pueblo de la misma, así como para su propia defensa, el Gobierno de Cuba venderá o arrendará a los Estados Unidos, las tierras necesarias para carboneras o estaciones navales en ciertos puntos determinados que se convendrán con el Presidente de los Estados Unidos .
OCTAVO
Que para mayor seguridad en lo futuro, el Gobierno de Cuba insertará las anteriores disposiciones en un Tratado Permanente con los Estados Unidos.
En resumen, que la Enmienda Platt fue aprobada el 12 de junio de 1901 en sesión secreta de la Asamblea Constituyente, y se incorporaba como apéndice a la Constitución de la República cubana de 1901 por medio de una votación de 31 delegados, de los cuales 16 votaron a favor, 11 en contra y 4 que se ausentaron para no votar.
Los dieciséis que votaron a favor:
- Domingo Méndez Capote
- Enrique Villuendas
- Leopoldo Berriel
- Pedro Betancourt Dávalos
- Manuel Sanguily
- José N. Ferrer
- Eliseo Giberga
- José Miguel Gómez
- José de Jesús Monteagudo
- Martín Morúa Delgado
- Emilio Núñez Rodríguez
- Gonzalo de Quesada Aróstegui
- Joaquín Quilez
- Pedro González Llorente
- Alejandro Rodríguez Velazco
- Diego Tamayo.
Los once que votaron en contra:
- Alfredo Zayas,
- José Braulio Alemán
- Salvador Cisneros Betancourt
- Luis Fortún
- Juan Gualberto Gómez
- Diego Tamayo
- José Lacret
- Rafael Portuondo
- Rafael Manduley
- Manuel Silva
- José Fernández.
Los cuatro que se ausentaron
- Juan Rius Rivera
- Miguel Gener Rincón
- José Luis Robau
- Antonio Bravo Correso.
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| Emilio Roig de Leuchsenring no era para nada un pro americanista, incluso simpatizó con la revolución de Fidel Castro, pero no llegó jamás a los extremos de un lame culos como el que lo sustituyó en un puesto que le quedaba grande al lado de esta eminencia. |
Manuel Márquez Sterling (1872-1934), crítico literario, ensayista, articulista y diplomático, quien el 18 de enero de 1934 ocupó la Presidencia de Cuba de forma provisional por 6 horas. Luego, en su condición de embajador de Cuba en Washington, encabezó las negociaciones que culminaron con la derogación de la Enmienda.
Cuando el 29 de mayo de 1934la enmienda fue derogada por el Presidente de La República Carlos Mendieta Montefur al firmar el documento el doctor Márquez Strerling dijo a su secretario: “Ya puedo morir tranquilo”. Falleció 194 días después, el 9 de diciembre de 1934.
Maldita Hemeroteca
Fuente: Don Emilio Roig de Leuchsenring (1889-1964). Derecho Civil y Notario desde 1917. Se inició en el periodismo desde 1905. Dirigió o codirigió varias publicaciones. Se integró a la Falange de Acción Cubana. Su bufete era el punto de reunión del Grupo Minorista.
En 1935 fue designado primer Historiador de la Ciudad de La Habana, cargo que mantuvo hasta su muerte. Como director artístico de la Revista Carteles, escribió este relato el cuatro de febrero de 1934.