Hace muchos años corrió en Cuba una leyenda urbana en la cual Fidel Castro tuvo que ponerse duro con su hermano Raúl, pues al parecer este quería atacar la base naval de Guantánamo.
Por supuesto, era una trola del tamaño de la misma base que solo agrandaba su bravuconería barata, la misma que no supo demostrar cuando fue atrapado en las inmediaciones del cuartel Moncada. Pues al parecer la hija, la vividora Mariela Castro, porque esa sí que vive bien, ha heredado esta misma fanfarronería del padre.
En días pasados se le vio desafiando a los Estados Unidos, a la vez que se burlaba de que las tropas Yankees no habían atacado la isla como se esperaba, incluso sabiendo perfectamente el follón que hay armado en las aguas del Caribe. «Estamos preparados para el combate. A él (Raúl) nadie lo va a secuestrar. Eso se lo puedo asegurar. Ni a él ni a nadie. Él no está aquí hoy, pero esta muy tranquilo riéndose de todo», decía en medio de las protestas que organizó el régimen.
Pues nada, ya con la cabeza más fría, o libre de alguna intoxicación química como todo parecía indicar, le han ordenado al quejumbroso ministro de asuntos exterior, Bruno Rodríguez Parilla, que "pida cacao" en las Naciones Unidas.
Parrilla solicitó este martes a la ONU su "contribución para detener una agresión militar de Estados Unidos" contra la isla, durante la reunión que mantuvo con el secretario general de la organización internacional António Guterres.
"Solicité la contribución de ONU para detener una agresión militar de EEUU contra Cuba, que provocaría un baño de sangre, (será la de ellos y la de los pobres que enviaran al matadero) para que cesen las amenazas de uso de la fuerza", escribió en las redes sociales a la vez que condenó, lo que es su especialidad, la imputación reciente contra el dictador por el derribo de dos avionetas de hermanos al rescate, que dejó un saldo de cuatro pilotos muertos.
