Los caudillos nacen casi siempre en el entorno donde viven, y al amparo de las guerras. De ahí deviene su función militar. Pasa que cuando esas guerras terminan, muchos de ellos se convierten en verdaderos potentados en esas regiones.
Eso fue lo que pasó en Cuba cuando a partir de un día como hoy, nueve de mayo de 1899, se aprobaran las pautas para comenzar la búsqueda de la plata para licenciar al desmovilizado ejercito libertador cubano. Todas aquellas autoridades españolas, desde terratenientes hasta funcionarios del gobierno, se vieron de pronto sustituidas por altos oficiales ex mambises, lo normal en estos casos, diría cualquiera.
De manera que aquellos que hasta ahora eran considerados como caudillos militares, evolucionaron hacia otra especie conocida como caciques de la economía cubana. Aquel pago permitió que los oficiales cubanos invirtieran en la política, en la economía y ocuparan un escaño en la sociedad de la entonces proclamada República de 1902.
No obstante el verdadero baquetazo lo dio en 1916 cuando se casó con la riquísima señorita Teresa Bances y Fernández-Criado (1890-1980), y con ella vivió como un rey hasta que falleció a los 66 años de edad a consecuencia de una infección pulmonar en su propio hogar, el 22 de octubre de 1945 y sin dejar descendencia.
De ahí que cuando partió teté al más allá el Castrismo vandalizó todo lo de valor que había en aquella mansión del barrio habanero de El Vedado, y para "embarajar la talla" (disimular) la convirtió en la sede del Centro de Estudios Martianos. Total, si ni usted ni nadie sabremos nunca lo que en realidad había allí de valor que debió ser muchísimo.
Uno de ellos fue ese de la foto, sí hombre, el primero de la foto que mira con muy mala leche al fotógrafo, José Francisco Martí, que tras un breve historial como combatiente obtuvo un empleo gracias al presidente cubano Tomás Estrada Palma, por mucho el mejor amigo de su padre.
Primero como aduanero, y luego como bibliotecario. De hecho hasta su madre tuvo que doblar el lomo para sacar a flote esa familia. Para entonces era un simple capitan, que gracias a ser hijo de quien fue, llegó a ocupar el cargo de cuartel maestre primero, y más tarde ingresó al Estado Mayor del Ejército donde ocupó diferentes cargos y grados hasta mayor general y jefe del mismo.
De ahí que cuando partió teté al más allá el Castrismo vandalizó todo lo de valor que había en aquella mansión del barrio habanero de El Vedado, y para "embarajar la talla" (disimular) la convirtió en la sede del Centro de Estudios Martianos. Total, si ni usted ni nadie sabremos nunca lo que en realidad había allí de valor que debió ser muchísimo.
Pero regresando a la historia de hoy, vemos que todo se inició cuando el "más malo de todos los cubanos", Don Tomás Estrada Palma, así lo considera el castrismo, abogó por esta idea para tratar de resarcir económicamente al ejército y que dio a conocer el 11 de agosto de 1898. Así se lo comunicaba a don Perfecto Lacoste y Grave de Peralta, el tres de septiembre de ese mismo año:
"(...) en cuanto al propósito nuestro de que el Gobierno Provisional de Cuba decrete el licenciamiento de nuestras tropas mediante el pago del último año, alguna esperanza me asiste en virtud de palabras vertidas por el presidente Mckinley para encontrar alguna fórmula que sirva para resolver el problema.
Y se encontró.
No obstante la prensa Fidelista cubana se ha dedicado a mentir a diestra siniestra, calificando este pago de poco menos que miserable. Que si el préstamo gestionado por Máximo Gomez "la revolución se quedaba acéfala", texto elaborado por el ministerio de educación y que se enseña en sus libros de historia, e incluso han llegado a mentir que los mambises solo recibieron 75 pesos, cuando esa fue la cantidad que EEUU les ofreció por entregar las armas.
Que con fecha 6 de enero de 1899, el gobernador de La Habana, Mr William Ludlow dictaminó, y que luego se publicó en la Gaceta el día ocho, una disposición en la cual existía gran preocupación en EEUU por la cantidad de armas y municiones que la población Cubana disponía en determinados lugares, y que en su opinión eran más de las necesarias.
Así decía:
Una vez finalizada la guerra, el día 24 de octubre de 1899 los cuerpos del ejercito libertador pasaron a nombrar a sus delegados en reunión efectuada en Santa Cruz del Sur presididos, primero, por el General Calixto García y después por el presidente electo por la Asamblea, General Domingo Méndez Capote.
En esa asamblea se acordó el diez de noviembre enviar a Washington una comisión que gestionaría los subsidios suficientes, en calidad de préstamo, y con la garantía de las rentas de Cuba, que cubriera las necesidades premiosas de ese ejercito que se prestaba ya a retornar a casa con sus familiares. Dicha comisión enviada a Washington y que fue recibida por el presidente William McKinley, quedó conformada de la siguiente manera:
-General Calixto García. Presidente
-Coronel José R, Villalón. Secretario
-Los Sres. General José Miguel Gómez, Coronel Manuel Sanguily y el Dr. José Antonio González Lanuza, Vocales
Así lo refleja el propio coronel Sanguily en el prólogo de "Discursos y Conferencias":
Y a pesar de que el día once el general Calixto García moría víctima del rudo clima que le produjo una neumonía, el resto de la comisión continúo con la labor que la había llevado hasta allí. A fines de enero terminaron las sesiones y, el día 30 llegaban a la Habana el doctor Lanuza, acompañado del general Máximo Gómez y el señor Rubens.
Al siguiente día el periódico "La Discusión" publicaba el texto de aquella gestión alcanzada, y que ascendía a tres millones de dólares. Que no fue más porque EEUU se encontraba en ese momento en las conversaciones de paz con España en París, en las obras del Canal de Nicaragua y el incremento de 75 mil soldados más para su ejército.
No obstante, el presidente McKinley les propuso que dedicaran una parte de las rentas Cubanas a ese pago, toda vez que ellos se comprometían a financiar las actividades y manutención del ejercito americano en la isla, lo que liberaba ampliamente las arcas cubanas. En cuanto a una pregunta de los periodistas de la Discusión, acerca de la estancia del Army en suelo Cubano, el señor Lanuza respondió:
Se designó, al efecto, una comisión integrada por José R. Villalón , Aurelio Hevia y Manuel Despaigne, quienes, cumplida su misión dieron cuenta en la sesión del 4 de abril, haciéndose constar en acta que de sus conclusiones respecto a la posibilidad de lograr una suma mayor para el licenciamiento del Ejército Libertador, "se desprende el convencimiento pleno de que la Asamblea no debe esperar nada del Gobierno americano", dándose un voto de gracias a los comisionados.
El primer pago que se efectuó fue el de los dichosos 75 pesos, proceso que comenzó el 27 de mayo. Aún así, fueron muchos los ex mambises que no entregaron la totalidad de esas armas, y en cambio si recibieron el monto acordado.
De hecho el general Rafael de Cárdenas al último jefe del regimiento norte, y su segundo al mando el teniente coronel Quirino Zamora, las escondieron en una cueva de las lomas de la provincia habanera. (Y todavía Calixto se enojaba porque los mambises no habían sido invitados a la rendición de España.)
La labor iniciada por el mayor general Carlos Roloff, en su condición de inspector del ejército libertador, contabilizó al ejercito de esta forma:
Pero la historia recién empezaba. El proceso del pago de los haberes del ejercito libertador, se guardaba la mejor parte para los finales. Los cubanos pusieron sus ojos en Europa, pero finalmente fueron las cajas bancarias de los Estados Unidos, en negociación con Domingo Méndez Capote, Manuel Despaigne, Mario García Menocal y Ricardo Dolz, los que "soltaron la pasta gorda".
Repetimos, al final el malo malísimo de toda esta historia fue Don Tomás Estrada Palma, el único con vista larga en esa república, con respecto a los EEUU por supuesto, y que en un alarde de buena gestión pagó hasta el "ultimo kilo" (céntimo en cubano) y no solo eso, dejó a Cuba con 20 millones libres de polvo y paja depositado en las arcas del estado.
Maldita Hemeroteca
(Primera parte)
Fuente:
Fuentes: ROLOFF, Carlos: Índice alfabético y defunciones del Ejército Libertador de Cuba, La Habana, Rambla y Bouza, 1901.// Artículo del historiador de la Habana Emilio Roig de Leuchsenring. Repositorio Digital.
"(...) en cuanto al propósito nuestro de que el Gobierno Provisional de Cuba decrete el licenciamiento de nuestras tropas mediante el pago del último año, alguna esperanza me asiste en virtud de palabras vertidas por el presidente Mckinley para encontrar alguna fórmula que sirva para resolver el problema.
Y se encontró.
No obstante la prensa Fidelista cubana se ha dedicado a mentir a diestra siniestra, calificando este pago de poco menos que miserable. Que si el préstamo gestionado por Máximo Gomez "la revolución se quedaba acéfala", texto elaborado por el ministerio de educación y que se enseña en sus libros de historia, e incluso han llegado a mentir que los mambises solo recibieron 75 pesos, cuando esa fue la cantidad que EEUU les ofreció por entregar las armas.
Que con fecha 6 de enero de 1899, el gobernador de La Habana, Mr William Ludlow dictaminó, y que luego se publicó en la Gaceta el día ocho, una disposición en la cual existía gran preocupación en EEUU por la cantidad de armas y municiones que la población Cubana disponía en determinados lugares, y que en su opinión eran más de las necesarias.
Así decía:
"A consecuencia del estado de guerra que existió durante tres años y ahora que la ciudad se encuentra en un estado de profunda paz, ningún miembro de la comunidad tiene necesidad del uso de armas del carácter indicado. Se designa el Castillo de la Punta como armería donde cualquier ciudadano que así lo desee pueda entregarlas".
Ese fue el origen de esos 75 pesos. En cambio de esa manera, todo manipulado, es que se se lo enseñan al estudiantado en Cuba. Entre otras cosas porque ese pueblo, al cual reprimen hasta en los textos, no tiene ningún acceso a la verdadera información. Ahora entendemos porque un mendrugo como el tal "guajiro citadino", haya hecho alarde de su vergonzante ignorancia ante el youtuber Eliecer Ávila. En fin, regresamos.
En esa asamblea se acordó el diez de noviembre enviar a Washington una comisión que gestionaría los subsidios suficientes, en calidad de préstamo, y con la garantía de las rentas de Cuba, que cubriera las necesidades premiosas de ese ejercito que se prestaba ya a retornar a casa con sus familiares. Dicha comisión enviada a Washington y que fue recibida por el presidente William McKinley, quedó conformada de la siguiente manera:
-General Calixto García. Presidente
-Coronel José R, Villalón. Secretario
-Los Sres. General José Miguel Gómez, Coronel Manuel Sanguily y el Dr. José Antonio González Lanuza, Vocales
Así lo refleja el propio coronel Sanguily en el prólogo de "Discursos y Conferencias":
"El presidente McKinley nos obsequió todo tipo de halagos, mientras que el general Miles nos ofreció un banquete como desagravios a errores anteriores".
Al siguiente día el periódico "La Discusión" publicaba el texto de aquella gestión alcanzada, y que ascendía a tres millones de dólares. Que no fue más porque EEUU se encontraba en ese momento en las conversaciones de paz con España en París, en las obras del Canal de Nicaragua y el incremento de 75 mil soldados más para su ejército.
No obstante, el presidente McKinley les propuso que dedicaran una parte de las rentas Cubanas a ese pago, toda vez que ellos se comprometían a financiar las actividades y manutención del ejercito americano en la isla, lo que liberaba ampliamente las arcas cubanas. En cuanto a una pregunta de los periodistas de la Discusión, acerca de la estancia del Army en suelo Cubano, el señor Lanuza respondió:
"De nosotros, de los cubanos, de nuestra sensatez, de la continuación de los ejemplos de cordura que viene dando nuestro Ejército y nuestro pueblo, depende, mucho más que de la voluntad del Gobierno americano, la pronta cesación del actual orden de cosas, tan contrario, después de todo, a la psicología política de la nación democrática por excelencia".
Y seguidamente agregó:
"El secretario de hacienda Mr Gage nos dijo que si la ocupación se prologaba mas de dos años estarían "very sorry", que su opinión era que no debería pasar de este año".
El primer pago que se efectuó fue el de los dichosos 75 pesos, proceso que comenzó el 27 de mayo. Aún así, fueron muchos los ex mambises que no entregaron la totalidad de esas armas, y en cambio si recibieron el monto acordado.
De hecho el general Rafael de Cárdenas al último jefe del regimiento norte, y su segundo al mando el teniente coronel Quirino Zamora, las escondieron en una cueva de las lomas de la provincia habanera. (Y todavía Calixto se enojaba porque los mambises no habían sido invitados a la rendición de España.)
La labor iniciada por el mayor general Carlos Roloff, en su condición de inspector del ejército libertador, contabilizó al ejercito de esta forma:
- 11 Mayores Generales
- 19 Generales de División
- 54 Generales de Brigada
- 163 Coroneles
- 290 Tenientes Coroneles
- 578 Comandantes
- 965 Capitanes
- 1 245 Tenientes
- 1 794 Subtenientes
- 2 130 Sargentos Mayores
- 3 123 Sargentos Segundos
- 4 500 Cabos
- 30 060 Soldados.
- TOTAL: CLASES Y SOLDADOS 44,932
Pero la historia recién empezaba. El proceso del pago de los haberes del ejercito libertador, se guardaba la mejor parte para los finales. Los cubanos pusieron sus ojos en Europa, pero finalmente fueron las cajas bancarias de los Estados Unidos, en negociación con Domingo Méndez Capote, Manuel Despaigne, Mario García Menocal y Ricardo Dolz, los que "soltaron la pasta gorda".
Repetimos, al final el malo malísimo de toda esta historia fue Don Tomás Estrada Palma, el único con vista larga en esa república, con respecto a los EEUU por supuesto, y que en un alarde de buena gestión pagó hasta el "ultimo kilo" (céntimo en cubano) y no solo eso, dejó a Cuba con 20 millones libres de polvo y paja depositado en las arcas del estado.
Maldita Hemeroteca
(Primera parte)
Fuente:
Fuentes: ROLOFF, Carlos: Índice alfabético y defunciones del Ejército Libertador de Cuba, La Habana, Rambla y Bouza, 1901.// Artículo del historiador de la Habana Emilio Roig de Leuchsenring. Repositorio Digital.

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