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ETAPA CUBANA DEL EMPRESARIO CANARIO ENRIQUE MARTINON

El lanzaroteño Enrique Martinón (der) con el entonces presidente Dominicano Danilo Medina. // 

Una expedición comandada en 1517 por el navegante español Francisco Hernández descubrieron Isla Mujeres en México. Al llegar encontraron objetos de oro, figuras y una estatua de piedra, todas con forma femenina, las cuales eran dadas en ofrenda para la diosa Ixchél. Fue entonces que decidieron llamarla Isla Mujeres.

Más tarde en el siglo XIX el comerciante y esclavista vasco Fermín Mundaca, alias el “fomentador”, compró la mitad de esta isla y construyó en ella una finca que bautizó como "La Hacienda del Pirata Mundaca", cuyos vestigios aún se conservan. A los cincuenta años de edad Mundaca se enamoró de una jovencita mexicana de 16 años conocida como "La Trigueña", a quien consagró todas sus construcciones pero de quien no logró su amor. 

Un siglo y medio después otro español, el famoso hostelero Canario Enrique Martinón, fue conocido con ese mismo mote. No fue a por el oro o los esclavos, pero en Soto Lindo llegó a invertid 1.400 millones de dólares para construir 9.600 camas de hotel en 221 hectáreas, dos marinas, un campo de golf, casinos y residencias exclusivas en los terrenos de esa bella isla.

De Islas Mujeres saltó para Cuba, y allí, como le sucedió a Mundaca, quedó hipnotizado por una isleña mucho más joven, la doctora Janet Martínez Morán, en medio del terrible periodo especial. Fue así como hizo su presencia en el entonces incipiente pero inexperto sector hotelero Cubano. En 1999 se casó con ella.

Canarias fue pionera en su apuesta por invertir en la mayor isla caribeña. En concreto, este empresario lanzaroteño fue un auténtico visionario al intuir el potencial turístico que podía tener Cuba, en momentos en que el régimen de Fidel Castro aun no se había abierto en canal a la inversión extranjera en el sector turístico.

A través de Grumasa e Invercan, Martinón tuvo una presencia relevante en Cuba a partir de los años 90 creando una sociedad mixta con el grupo hotelero Meliá y el régimen castrista, convirtiéndose en una de las primeras grandes alianzas hoteleras privadas en el "paraíso comunista caribeño". (GRUMASA-GRUPO MARTINON SA)

En principio levantó cuatro hoteles en la isla en asociación con Gabriel Meliá, el Sol Palmeras, el Meliá Varadero, Meliá Las Américas y el Meliá Habana, y fue el primer empresario español en fundar una empresa mixta al 50% con la castrista CUBANACAN.

LAS GRABACIONES 
 
Dos años después ya la seguridad Cubana lo tenía grabado a todo color en cintas de vídeo, probablemente hasta en el inodoro de su casa. El empresario canario fue espiado por los servicios de inteligencia del régimen, según las declaraciones hechas por uno que había sido de ellos, el ex espía cubano Delfín Fernández.

Según Delfín, las habitaciones de los hoteles más exclusivos de La Habana fueron destinadas a importantes empresarios y políticos extranjeros, encontrándose equipadas con micrófonos y cámaras ocultas. El objetivo era monitorearlos y, en caso de situaciones comprometidas, llegar hasta el chantaje y la extorsión. 

En esas cintas quedaron grabadas las imágenes de otros hoteleros como Miguel Fluxá (Grupo Iberostar), Climent Guitart (Guitart Hoteles) y los artistas y periodistas Imanol Arias, que tuvo un romance con la hija rebelde de Fidel Castro, Alina Fernández, el bailarín Antonio Gades y el periodista Jesús Mariñas, una desaparecida estrella de los corrillos del corazón de hace como 20 años lo menos.

Por cierto, a Gades Raúl Castro "le regaló la mansión Tropicanita”, una casoplón ubicada en la vigilada zona del reparto SIBONEY. En concreto en la 9na avenida y calle 230 de ese reparto, que en el pasado había pertenecido al guajiro Martín Fox, el entonces dueño del cabaret Tropicana.

Según Delfín, a Imanol Arias se le preparó una residencia "previamente preparada para que con su amorío con Alina contribuyera "a estrechar los lazos de colaboración cultural entre España y Cuba". Como no iba a saberlo Delfín, si él mismo dirigía el operativo. Luego ofreció a los servicios de inteligencia en Estados Unidos.

Para entonces Martinón se había convertido en uno de los hombres más ricos e influyentes de Cuba, siendo co-propietario de algunos de los 15 hoteles que su grupo empresarial. Su entrada en Cuba coincidió con el inicio del denominado Periodo Especial.

El régimen castrista entró en una profunda crisis como consecuencia del colapso del bloque soviético, obligando al dictador Fidel Castro a buscar alternativas y a cerrar acuerdos con varios países europeos, especialmente con España.

En realidad Enrique Martinón convivía con la cubana Janet desde hacía dos años y tenían dos hijas, Josefa, de cinco años y Mónica de tres meses, pero se trataba de hacer oficial su maridaje también con el régimen.

El vínculo de Enrique Martinón con Cuba llegó a ser tan estrecho, que uno de los testigos de su boda en 1999 con con la Dra Janet fue el mismísimo tirano Fidel Castro, que asistió acompañado por el abogado canario José Juan González Batista.

El empresario falleció a los 81 años el 25 de septiembre de 2022, dejando un gran legado en el sector turístico con 56 hoteles repartidos por Canarias, el Caribe y Cabo Verde, y una plantilla entonces de más de cuatro mil trabajadores.

Nada se sabe de su fortuna ni de la afortunada esposa, que entonces tenía fijada su residencia oficial en la calle 30, entre quinta y séptima, en el reparto Miramar en la Habana. La prensa Española la sitúa viviendo en Texas, EEUU, y cobrando supuestamente las regalías del Sol Palmeras de Varadero.

Sin embargo, recientemente se supo que este grupo Martinón - Grumasa le ganó finalmente la batalla a su rival Lopesan, por hacerse con el paquete hotelero de Mar Abierto y el control de cuatro establecimientos turísticos estratégicos en el sur de la isla de Gran Canaria, en un giro inesperado de un proceso legal que previamente había favorecido a Lopesan en 2025.

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