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| Milicianos de izquierda Españoles. // |
Excelente artículo que ha soltado hoy el sitio digital español OkDiario, que dirige el popular periodista de las "exclusinda" del chiringuito futbolero, Eduardo Inda, donde el periodista Pedro Corral hace un repaso a un grupo de comunistas españoles que, por diversos motivos, recalaron en la Cuba de Batista primero, y luego en la Castrista.
Algunos ejemplos son, el gallego Carlos Gutiérrez Menoyo, hermano del ex comandante del directorio en las lomas del Escambray, ya fallecido, Eloy. Carlos luchó en la defensa de Madrid en 1936 y participó en la liberación de París con los republicanos de la División Leclerc en 1944. Carlos murió liderando el frustrado asalto de 1957 al palacio presidencial de La Habana, para asesinar al dictador Fulgencio Batista.
Este Carlos Menoyo era un tipo de mucho cuidado. Fue de los que entrenó en Cayo Confites al grupo de cubanos que planeaban ir a Santo Domingo, República Dominicana, a derrocar la tiranía de Rafael Leónidas Trujillo. Además se fue a Guatemala con el mismo propósito hasta que, al mando de cincuenta hombres, en 1957 intentó asesinar a Fulgencio Batista. Cayó abatido en el tercer piso del palacio presidencial.
Rafael Miralles Bravo, nacido en Cuba, empleado de banca de UGT en Barcelona, que en la Guerra Civil llegó a mandar una unidad de la 11.ª División de Líster, con la que, según sus Memorias de un comandante rojo, obtuvo la Medalla al Valor, la segunda mayor condecoración militar republicana.
Batista lo envió en 1944, aún bajo su mandato constitucional, como agregado de prensa de la Embajada cubana en Moscú. A su vuelta de la URSS, Miralles publicó por entregas en Cuba un libro criticando al régimen soviético, ¿Hacia dónde va Rusia?, lo que le costó sufrir dos atentados por sus antiguos compañeros comunistas. Después de una estancia en México, llegó en 1947 a la España de Franco, de cuyo régimen se había hecho defensor.
La fuente de su trabajo es el libro del investigador cubano Jorge Domingo Cuadriello, de padres asturianos, "El exilio republicano español en Cuba", que pese al contra tiempo de la internet en Cuba, pudo cotejar esas mini biografías digamos así. Y no solo recuperó elementos comunistas o republicanos de izquierdas, en su libro aparecen deportistas, periodistas o médicos, aunque casi todos con un mismo pensamiento de izquierdas.
También salió de la Cuba comunista el periodista José Quilez Vicente, corresponsal en los frentes de la Guerra Civil con el diario Ahora, que dirigía Manuel Chaves Nogales. Murió en Madrid en 1966 después de trabajar en el famoso periódico de sucesos El Caso del tisiólogo Pedro Domingo Sanjuán también abandonó la Cuba comunista para regresar a España en 1962.
El bacteriólogo catalan Pedro Domingo Sanjuan, que publicó valiosos estudios científicos y libró campañas en favor de la vacunación antituberculosa; o el narrador vallisoletano Leandro Blanco, autor de novelas radiales que alcanzaron en su momento una gran popularidad en la isla.
Rafael Miralles Bravo, nacido en Cuba, empleado de banca de UGT en Barcelona, que en la Guerra Civil llegó a mandar una unidad de la 11.ª División de Líster, con la que, según sus Memorias de un comandante rojo, obtuvo la Medalla al Valor, la segunda mayor condecoración militar republicana.
Batista lo envió en 1944, aún bajo su mandato constitucional, como agregado de prensa de la Embajada cubana en Moscú. A su vuelta de la URSS, Miralles publicó por entregas en Cuba un libro criticando al régimen soviético, ¿Hacia dónde va Rusia?, lo que le costó sufrir dos atentados por sus antiguos compañeros comunistas. Después de una estancia en México, llegó en 1947 a la España de Franco, de cuyo régimen se había hecho defensor.
La fuente de su trabajo es el libro del investigador cubano Jorge Domingo Cuadriello, de padres asturianos, "El exilio republicano español en Cuba", que pese al contra tiempo de la internet en Cuba, pudo cotejar esas mini biografías digamos así. Y no solo recuperó elementos comunistas o republicanos de izquierdas, en su libro aparecen deportistas, periodistas o médicos, aunque casi todos con un mismo pensamiento de izquierdas.
También salió de la Cuba comunista el periodista José Quilez Vicente, corresponsal en los frentes de la Guerra Civil con el diario Ahora, que dirigía Manuel Chaves Nogales. Murió en Madrid en 1966 después de trabajar en el famoso periódico de sucesos El Caso del tisiólogo Pedro Domingo Sanjuán también abandonó la Cuba comunista para regresar a España en 1962.
El bacteriólogo catalan Pedro Domingo Sanjuan, que publicó valiosos estudios científicos y libró campañas en favor de la vacunación antituberculosa; o el narrador vallisoletano Leandro Blanco, autor de novelas radiales que alcanzaron en su momento una gran popularidad en la isla.
Lo mismo hizo el marino y pelotari, Juan Duñabeitia Mota, agregado civil de la Marina de Guerra Auxiliar vasca, que hizo gran amistad con Ernest Hemingway en Cuba. Regresaría a su Vizcaya natal cuando su compañía naviera se retiró de la isla ante la sovietización del régimen de Castro. El narrador gallego Lino Novas o el poeta Manuel Altolaguirre, fueron otros de los desencantados.
También el arquitecto vasco Martín Domínguez, quien realizó los proyectos de importantes edificaciones en La Habana y en Varadero e integró el equipo que diseñó el edificio FOCSA, que sigue ocupando la manzana comprendida entre las calles 17, 19, M y N en el Vedado, la Habana, que en su momento fue el más alto de cuba, 121 metros de altura, y el primero de hormigón armado en todo el mundo.
También el arquitecto vasco Martín Domínguez, quien realizó los proyectos de importantes edificaciones en La Habana y en Varadero e integró el equipo que diseñó el edificio FOCSA, que sigue ocupando la manzana comprendida entre las calles 17, 19, M y N en el Vedado, la Habana, que en su momento fue el más alto de cuba, 121 metros de altura, y el primero de hormigón armado en todo el mundo.
Por ejemplo el pistolero anarquista catalán Joaquín Aubí Casals, que en la Guerra Civil desempeñó una siniestra labor de represión en retaguardia, como habían hecho no pocos exiliados. Aubí Casals se incorporó a la Policía de Batista, desde donde persiguió a sus antiguos camaradas comunistas españoles, según Cuadriello. Encarcelado después del triunfo de Castro, se refugió en Miami al salir de prisión tras intentar establecerse en su Badalona natal.
Mariano Sánchez Roca le dijo a Fidel Castro en su propia cara: «Para vivir en una dictadura, prefiero las de cuello y corbata como la de mi país». Roca, abogado y jurista, fue de los que llegó a Cuba después de exiliarse en Francia. De esta camada habría que añadirle la actriz Ana Lasalle, que ya sabemos sus tropelías castristas en el ICRT.
Como subdirector del periódico libertario La Tierra, Roca defendido ante los tribunales de la Segunda República a varios dirigentes anarquistas, entre ellos Melchor Rodríguez, el llamado Ángel Rojo por su decisiva actuación para poner fin a las matanzas de presos considerados desafectos en Paracuellos de Jarama, en el otoño sangriento de 1936.
Como subsecretario del Ministerio de Justicia republicano, Roca logró que se nombrara a su amigo Melchor Rodríguez al frente de las prisiones madrileñas para frenar la matanza contra los presos, desencadenada con el conocimiento del Gobierno de Largo Caballero. En La Habana Roca fundó en 1940 la editorial y librería Lex con la ayuda del capital de una herencia de su inseparable secretario Joaquín Fontes Pérez, que había llegado también a Cuba.
En 1961, dos años después de su llegada al poder, el régimen de Fidel Castro ordenó la detención de Sánchez Roca, quien ya había ido advirtiendo de la sovietización de Cuba y la progresiva imposición de un régimen de terror. Pudo refugiarse in extremis en la Embajada de Venezuela, que negoció con las autoridades cubanas su salida del país con su familia.
Su yerno, Gabino Delgado Villalba, exiliado bajo el régimen de Batista, lograría escapar poco después de la isla. Se afincó en Francia hasta que el antiguo embajador español en Cuba, Juan Pablo de Lojendio, con el que había trabado amistad en La Habana, le facilitó su regreso a España en 1964.
Mariano Sánchez Roca le dijo a Fidel Castro en su propia cara: «Para vivir en una dictadura, prefiero las de cuello y corbata como la de mi país». Roca, abogado y jurista, fue de los que llegó a Cuba después de exiliarse en Francia. De esta camada habría que añadirle la actriz Ana Lasalle, que ya sabemos sus tropelías castristas en el ICRT.
Al tener nacionalidad Francesa, Lasalle debió cruzar la frontera con ese país con relativa facilidad. Sin embargo, en la medida en que el dictador Francisco Franco se hacía fuerte en el país, decidió cruzar el charco y buscar refugio en el continente americano, en especial la Argentina, donde vivió por espacio de 17 años hasta que, en 1957, se marchó a vivir a Cuba.
En la isla la actriz no solo encontró acomodo por más de 30 años, si no que una vez que la revolución Castrista alcanzó el poder en 1959, se sumó fervientemente a la radicalización desatada por el régimen. Según los que la conocieron en el ámbito laboral, era una enfermiza chivata; miliciana y miembro del Partido Comunista.
Algunos dicen que hasta se la vio vestida de verde olivo y tijera en mano, "pelando al moñito" a los "pepillos" (jóvenes a la moda) de pelo largo que rondaban la heladería Coppelia, y los alrededores del instituto de radio y televisión en el vedado. En fin...
Como subdirector del periódico libertario La Tierra, Roca defendido ante los tribunales de la Segunda República a varios dirigentes anarquistas, entre ellos Melchor Rodríguez, el llamado Ángel Rojo por su decisiva actuación para poner fin a las matanzas de presos considerados desafectos en Paracuellos de Jarama, en el otoño sangriento de 1936.
Como subsecretario del Ministerio de Justicia republicano, Roca logró que se nombrara a su amigo Melchor Rodríguez al frente de las prisiones madrileñas para frenar la matanza contra los presos, desencadenada con el conocimiento del Gobierno de Largo Caballero. En La Habana Roca fundó en 1940 la editorial y librería Lex con la ayuda del capital de una herencia de su inseparable secretario Joaquín Fontes Pérez, que había llegado también a Cuba.
En 1961, dos años después de su llegada al poder, el régimen de Fidel Castro ordenó la detención de Sánchez Roca, quien ya había ido advirtiendo de la sovietización de Cuba y la progresiva imposición de un régimen de terror. Pudo refugiarse in extremis en la Embajada de Venezuela, que negoció con las autoridades cubanas su salida del país con su familia.
Su yerno, Gabino Delgado Villalba, exiliado bajo el régimen de Batista, lograría escapar poco después de la isla. Se afincó en Francia hasta que el antiguo embajador español en Cuba, Juan Pablo de Lojendio, con el que había trabado amistad en La Habana, le facilitó su regreso a España en 1964.
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Entre los 1,412 brigadistas que marcharon a España estuvieron el pintor Wilfredo Lam, los periodistas Rolando Masferrer Rojas, Joaquín Ordoqui, quien fuera ministro de las FAR en los comienzos, el cineasta Santiago Álvarez y el marxista Pablo de la Torriente Brau e incluso mujeres, como María Luisa Lafita. Es más, en esa brigada /5to regimiento) estuvo el sicario que mató a Julio Antonio Mella en México, Vitorio Vidali
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Ramón Fernández Matos, que fue diputado centrista y gobernador civil en varias provincias con la Segunda República, además de subdirector de la Dirección General de Seguridad, también se exilió en Cuba en plena contienda española. Salió de la Cuba castrista para regresar a la España de Franco en 1964.
Otro exiliado que había ejercido un importante cargo público con la Segunda República fue el médico Juan Morata Cantón, delegado de Sanidad Nacional ante la Generalitat, que después de la victoria de Castro se estableció en México para regresar a España en 1963.
También salió de la Cuba comunista el periodista José Quilez Vicente, corresponsal en los frentes de la Guerra Civil con el diario Ahora, que dirigía Manuel Chaves Nogales. Murió en Madrid en 1966 después de trabajar en el famoso periódico de sucesos El Caso.
Lo mismo hizo el marino y pelotari, Juan Duñabeitia Mota, agregado civil de la Marina de Guerra Auxiliar vasca, que hizo gran amistad con Ernest Hemingway en Cuba. Regresaría a su Vizcaya natal cuando su compañía naviera se retiró de la isla ante la sovietización del régimen de Castro.
Desde el 9 de octubre de 1945, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, el régimen franquista había autorizado el retorno de los exiliados prometiéndoles el indulto total de la pena por delitos cometidos antes del 1 de abril de 1939, día que finalizó la contienda civil.
Se excluían de este indulto los «actos de crueldad, muerte, violaciones, profanaciones, latrocinios u otros hechos que por su índole repugnen a todo hombre honrado, cualquiera que fuere su ideología». El plazo para beneficiarse del indulto se fue prorrogando en años sucesivos.
Es un hecho constatado en el estudio de Cuadriello que la dictadura comunista impuesta en Cuba hizo que para muchos de los que salieron de España en 1939 fuera preferible en los años 60 la dictadura de Franco a la de Castro.
CONCLUSIÓN
Como bien dice Roca en su artículo, el doble exilio de los republicanos españoles huidos de la Cuba de Castro y después establecidos en la España de Franco es una realidad histórica que puede cortocircuitar el pensamiento sectario de los que ahora reescriben el pasado en las páginas del BOE. Para un Gobierno que alecciona sobre la «memoria democrática» mientras simpatiza con las actuales tiranías de Cuba y Venezuela y se asocia con los testaferros de la banda criminal ETA
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Ramón Fernández Matos, que fue diputado centrista y gobernador civil en varias provincias con la Segunda República, además de subdirector de la Dirección General de Seguridad, también se exilió en Cuba en plena contienda española. Salió de la Cuba castrista para regresar a la España de Franco en 1964.
Otro exiliado que había ejercido un importante cargo público con la Segunda República fue el médico Juan Morata Cantón, delegado de Sanidad Nacional ante la Generalitat, que después de la victoria de Castro se estableció en México para regresar a España en 1963.
También salió de la Cuba comunista el periodista José Quilez Vicente, corresponsal en los frentes de la Guerra Civil con el diario Ahora, que dirigía Manuel Chaves Nogales. Murió en Madrid en 1966 después de trabajar en el famoso periódico de sucesos El Caso.
Lo mismo hizo el marino y pelotari, Juan Duñabeitia Mota, agregado civil de la Marina de Guerra Auxiliar vasca, que hizo gran amistad con Ernest Hemingway en Cuba. Regresaría a su Vizcaya natal cuando su compañía naviera se retiró de la isla ante la sovietización del régimen de Castro.
Desde el 9 de octubre de 1945, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, el régimen franquista había autorizado el retorno de los exiliados prometiéndoles el indulto total de la pena por delitos cometidos antes del 1 de abril de 1939, día que finalizó la contienda civil.
Se excluían de este indulto los «actos de crueldad, muerte, violaciones, profanaciones, latrocinios u otros hechos que por su índole repugnen a todo hombre honrado, cualquiera que fuere su ideología». El plazo para beneficiarse del indulto se fue prorrogando en años sucesivos.
Es un hecho constatado en el estudio de Cuadriello que la dictadura comunista impuesta en Cuba hizo que para muchos de los que salieron de España en 1939 fuera preferible en los años 60 la dictadura de Franco a la de Castro.
CONCLUSIÓN
Como bien dice Roca en su artículo, el doble exilio de los republicanos españoles huidos de la Cuba de Castro y después establecidos en la España de Franco es una realidad histórica que puede cortocircuitar el pensamiento sectario de los que ahora reescriben el pasado en las páginas del BOE. Para un Gobierno que alecciona sobre la «memoria democrática» mientras simpatiza con las actuales tiranías de Cuba y Venezuela y se asocia con los testaferros de la banda criminal ETA
Las complejas e intensas biografías de estos españoles del exilio nunca serán motivo de documentales o exposiciones sufragados con dinero público. Porque son todo un conmovedor desmentido a todas las mentiras ramplonas con las que Sánchez trata de mantener en pie su proyecto de desmemoria totalitaria.
Solo agregar que La Guerra Civil española hizo que más de un millar de voluntarios cubanos participaran en el bando republicano, fue la brigada más extensa, incluso se llega a afirmar que gracias a este conflicto se superaron las contradicciones y se reconciliaron con el pueblo español.
Algunos historiadores son de la opinión que la izquierda Cubana vio en España el ideal de lucha revolucionaria ante una casta militar como la de Machado o Batista, en cambio eso no fue así precisamente, porque una vez que Cuba tuvo su republica en 1902, las relaciones con la madre patria alcanzaron plena normalidad.
Para muestras un botón. El diez de octubre de 1917, la revista "Mundo Grafico" publicaba un artículo que uno de sus párrafos destacaba las yeguas de pura raza que le obsequió su majestad Alfonso XIII al mayor general independentista Mario García Menocal y Deop, por entonces presidente elegido en dos ocasiones consecutivas. De manera que no vengan los comunistas a apropiarse de la historia. Como siempre hacen.
Maldita Hemeroteca
Fuentes citadas en el texto.
NOTA: Cubanos en el bando contrario, nacionalista, también los hubo, y con tal propósito se fundó en junio de 1936 la Sección del Partido Falange Española de Cuba, participando en ella las las élites del poder cubano-española, grandes propietarios sumado a un sector de la oligarquía cubana y el clero católico nacional.
Esta organización contó con el apoyo de José Ignacio Rivero (Pepín), director del periódico Diario de la Marina, el más leído por la colectividad española y la población cubana en general. También se creó el Comité Nacionalista Español de marcado sentido fascista, tenga en cuenta que en ese tiempo el significado de la palabra fascista no era el mismo que hoy se le suele dar.
"La Casa de España" era el lugar de encuentro de los franquistas cubanos y españoles. Esta última fue creada en junio de 1937, con el objetivo de unificar a todos los residentes cubanos de derecha. Entre ellos podemos citar al comandante Ramón O´Farril, Pablo Porras o el entonces teniente Emilio Laurent. Incluso el eminente medico Eduardo Odio Pérez, que estuvo en la décimo sexta brigada "Abraham Lincoln", participantes en las batallas de Jarama y Tarancón y luego brindó sus servicios en el hospital de Castillejos.
En el Archivo Militar de Ávila se guarda la información de ambos bandos. Encuadradas en Falange Española, se constituyeron 116 Banderas (unidades de tipo batallón), que sumaron algo más de 200.000 hombres, y que pertenecientes al Carlismo o Tradicionalismo, se formaron 35 Tercios -unidades, igualmente tipo batallón-, con unos 60 a 65 mil hombres.
La guerra Civil en España duró más de dos años y medio. La República española fue derrotada y, según los datos de las centenares de fuentes que existen, murieron alrededor de 200 voluntarios cubanos, independiente de la ideología que defendían. Amen de todos esto, está considerada como una de las páginas más heroicas y gloriosas del internacionalismo del siglo XX.
