BREAKING

10/recent/ticker-posts

LA HOMOSEXUALIDAD EN LA MANIGUA CUBANA

El mayor general José María "Mayía" Rodríguez, camisa blanca y al centro, rodeado de un grupo de mambises. Foto referencial. // 

El Código Penal de la Revolución Francesa de 1791, despenalizó las relaciones sexuales entre varones y a fines del  siglo XIX los actos homosexuales dejaron de estar prohibidos en Bélgica, Italia, Luxemburgo, Mónaco, Portugal, Rumania y España. En cambio en esa época en Cuba distaba mucho de llegar hasta esa liberación mental.

Respecto de las guerras de independencia, pues imagínelo entonces. Siempre nos dibujaron unos rebeldes dotados de recios valores masculinos, de monolítica hombría, casi sagrada, aunque no fuera así en la vida real. Y aunque aquella guerra estuvo concebida en un contexto puramente masculino, el ser humano es como es, lo ha sido y lo seguirá siendo, en cualquiera de las épocas que le toque vivir.

Se ha tratado poco este tema, no podía ser de otra manera en un país machista como Cuba, pero la mayor parte de los textos disponibles están publicados a conveniencia de los que allí intervinieron, con lo cual es muy fácil suponer que cualquier hecho relacionado pudo haber sido censurado por los autores.

Hubo un mambí que estuvo relacionado con la homosexualidad en la manigua. En este caso se decía que era un bujarra, como le llaman en España a los homosexuales activos, o bugarrón en Cuba, da igual, nos referimos al espirituano Manuel Rodríguez. Este mambí de raza negra y sastre de profesión, le decían "la brujita" porque "embrujaba a los hombres que metía en su hamaca".

Así lo describió el propio general Serafín Sánchez en su libro “Héroes humildes y los poetas de la guerra”. Quiere esto decir, que igual habían unos cuantos "flojito" disponibles, o en este caso listos para ser "embrujados".

Los relatos de Serafín, para nada despectivos, nos demuestran como a pesar de todo habían hombres dispuestos a enfrentar este tema de la mejor manera posible. La prueba fue que ante una terrible epidemia de cólera que azotó a la tropa en Guanales, donde el general Serafín describe en su diario más de cien muertos en un solo día, sobre "La Brujita" escribió lo siguiente: 

"El general Ángel del Castillo y Agramonte, en consulta con los doctores José María de Castro, Emilio Mola y Manuel Piña, determinó abandonar el campamento, diseminando las fuerzas por todo el territorio del Camagüey; á fin de cortar así la epidemia que amenazaba  con destruir la columna". 

"Júzguese el desconcierto, turbación y pánico de aquellos hombres que, estando sanos y robustos, exclamaban de momento “¡ay!”, caían al suelo, y morían una hora después entre convulsiones horribles. 

Piénsese en el terror que produciría en todos aquel estrago súbito de la muerte implacable; aquella inseguridad y zozobra de la vida ante el peligro, sin defensa posible contra un enemigo silencioso y exterminador; la alarma, la angustia y el pavor helaban el corazón de todos; no se quería más que huir de aquel lugar de desolación y muerte. 

 Y aun cuando quedaban como 60 cadáveres esparcidos por el suelo y sin que ninguno de aquellos 400 hombres se brindara de voluntario para darles sepultura, "la brujita" dio el paso al frente. 

Ante aquel silencio, una voz segura, briosa, entera, respondió desde la última fila de las clases de oficiales: —“General, yo me quedo”. Ese oficial, muy subalterno entonces, era Manuel Rodríguez, “La Brujita”. Quince soldados de su fuerza le acompañaron. Castillo no tuvo valor para dejar solo á aquel héroe, y se quedó con él, seguido de cinco hombres más". 

En aquellos apuntes, el general agregaba que estuvieron 48 horas seguidas sepultando cadáveres. Al respecto "la Brujita" dijo:

“No; yo no me iría sino después de enterrar hasta el último de ustedes, porque yo no puedo permitir que los cerdos y las auras devoren á mis compañeros muertos. Y además, ¿por qué voy yo a huir de la muerte cuando sé que ella siempre ha de alcanzarme en todas partes?". 

"Así me habló aquel hombre de alma de hierro, que por lo demás era tan humano y sencillo, hasta el extremos de haber pasado en otros tiempos como un ser ridículo, inofensivo, tal vez inútil", dijo Serafín.

Acabada nuestra labor, nos dirigimos los siete supervivientes hacia los alrededores de Magarabomba, en los cuales residían muchas familias nuestras y allí, en su compañía, pasamos el tiempo necesario á la extinción de la mortal epidemia, que cesó de un todo y rápidamente desde el momento en que se diseminaron nuestras fuerzas por el territorio camagüeyano". 

La "Brujita" fue parte de una tropa que en agosto de 1869, y bajo el mando del general Ángel del Castillo, libraron la afamada acción del Júcaro que dio por resultado la derrota completa de la tropa española y con la muerte del coronel Ramón del Portal incluida, así como la toma del cañón “El Ángel". 

En 1872 el mayor general Ignacio Agramonte le concedió el grado de capitán de rifleros de las Villas, un puesto envidiado por muchos "hombretones" allí. Por otro lado el capitán José María Moreira le describía "como un loco", debido al valor y arrojo que demostraba en los combates. Precisamente desempeñando esa misión, la Brujita encontró la muerte en el caserío de Caobillas en 1873.

El caso de Julio Sanguily.

Cuenta en su diario de guerra el matancero Ricardo Batrell Oviedo, joven combatiente y ayudante del mayor general Pedro Betancourt, que en marzo de 1898 tuvo un incidente con su jefe Raimundo Ortega.

La situación comenzó cuando el general Pedro Betancourt quiso impedir que Batrell siguiera camino junto al mayor general Julio Sanguily en dirección a Vuelta Abajo, tomando en cuenta su corta edad de diecisiete años. Sin embargo Sanguily le insistió al general la compañía del muchacho, y ante tanto empeño Betancourt le preguntó;

"¿Es tanta la confianza que tiene usted en ese niño? , a lo que Sanguily contestó: Tanta General, que si no es con él creo que no llevaría compañero, incluso aunque vaya toda la fuerza conmigo. Mire usted General, ese es el alma de mi fuerza (...). 

Más sospechoso aún, fue cuando Sanguily no quiso aceptar las dos parejas de soldados adicionales que le brindó Betancourt. Y sobre este suceso, fue el propio Batrell quien lo dejó plasmado en su libro de esta manera: 

"En aquel viaje sucedió un hecho que hizo que mi amistad, y el amor de hijo que sentía por Sanguily murieran para siempre en ese mismo instante". 
 
¡Hay cosas que opacan el alma más varonil y enfrían los corazones; más, cuando se es demasiado joven como yo lo era en esa época que describo. Cuando se vive de amor y de ilusiones. Yo vi en el cariño de mi jefe un padre. 

Y en su justo reconocimiento el amigo honrado y leal, y por lo tanto soñaba en mejores días para mí a un oscuro porvenir a su lado, ayudándolo en las contiendas de guerra que se me prestaba como el más fiel soldado y como el más cariñoso de los hijos! 

Algo grave, muy grave pasó entre los dos en nuestro trayecto hacia nuestro campamento. Pues no le hice fuego cuando cargué la tercerola prohibiéndole que me siguiera, porque hubiera tenido que abdicar de mi glorioso ideal de Libertad presentándome. (entregándose a los Españoles). Pues nadie iba a creer la causa que me impulsaran darle muerte si lo hacía. Esto le dije, y tuvo a bien no seguirme".

Y aunque en el texto no aparece nada relacionado a lo sexual concretamente, la intención de su texto está clarísima. Hasta el momento de este incidente, Batrell no hace referencia alguna a cuestiones morales. Lo sucedido entre él y Sanguily resulta muy ambiguo. Sin embargo, luego del citado incidente, Batrell pasó al Cuartel General como un simple soldado y Sanguily no permitió que volviera.

Lo curioso es que el mismo día de la conversación con Betancourt, el chico estaba a las órdenes del Coronel Fernando Diago, y a este si le contó lo que había sucedido. De hecho le dedicó su libro publicado en 1912. Solo agregar, y lo hemos dicho en otras ocasiones, que Julio Sanguily, inclinación sexual aparte, no fue para nada como su hermano Manuel.

Julio no era trigo limpio. Se le acusó de mantener relaciones con el bandidaje, entre ellos Manuel García, el llamado "Rey de los campos de Cuba", así como de ser un agente doble al servicio de España y de EEUU, país del que era ciudadano. Incluso de hacer un uso inadecuado de los reclutas mambises que utilizaba como criados. Ahora se entiende.

Fue José Martí quien le recomendó encarecidamente a Tomas Estrada palma que no le diera cabida en el alzamiento del 1895; y Estrada Palma lo vetó aludiendo diferentes pretextos. No obstante el mayor general Julio Sanguily logró incorporarse a la guerra utilizando otras vías y ya vé, a diferencia de su hermano que solo llegó a coronel, Julio terminó con el mayor grado militar que se concedía en aquel irregular ejercito. 

Según un peso pesado de la investigación histórica como el profesor Manuel Moreno Fraginals, la carencia de mujeres en las dotaciones de esclavos hizo que afloraran las violaciones, la masturbación y la homosexualidad. En un informe del marqués de Cárdenas de Monte Hermoso, a fines del siglo XVIII, se plantea la inconveniencia de que los esclavos queden a solas con el cadáver de una negra incluso, porque aun estando muerta la profanaban sexualmente. 

En aquella época existía un islote de la bahía de La Habana llamado Cayo Puto, o Isla de las Mujeres, que luego fue convertido en el basurero Cayo Cruz. Allí enviaban en plan aislados a prostitutas y homosexuales. Muchas son las fuentes que aluden a la existencia de este pequeño islote en las afueras de la rada. Al respecto, el ex esclavo cimarrón Esteban Montejo dijo:

La vida era solitaria (...), porque las mujeres escaseaban bastante (...) Muchos hombres no sufrían, porque estaban acostumbrados a esa vida. Otros hacían el sexo entre ellos y no querían saber nada de las mujeres. 

Esa era su vida: la sodomía. Lavaban la ropa y si tenían algún marido también le cocinaban. Eran buenos trabajadores y se ocupaban de sembrar conucos. Les daban los frutos a sus maridos para que los vendieran a los guajiros (...) 

Para mí, que no vine de África; y a los viejos no nos gustaba nada. Nos llevábamos de fuera a fuera con ellos. Aunque a mí, para ser sincero, no me importó nunca. Yo tengo la consideración de que cada uno hace con el pellejo de su barriga un tambor”.

Fraginals agrega que de origen azucarero son los términos, palo (coito), tumbadero, como casa de prostitución o de citas, o hacerse una paja a la masturbación. Hasta la terminología de los castigos a los esclavos pasaba a integrar el léxico sexual. Un cuerazo o latigazo se transformó en un coito, siendo todavía frecuente escucharlo.

Fuente: El Veraz. // Fuentes de internet. // Sexualidad disidente en el siglo XIX en Cuba. Abel Sierra Madero