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A 34 años de los fusilamientos y de las mismas preguntas sin respuestas


Un día como hoy, 13 de julio pero de 1989, se cumplía la orden de fusilamiento ratificada por el Consejo de Estado que presidía entonces el fallecido dictador de Cuba, Fidel Castro. 

Fueron cuatro las sentencias de muerte que habían sido dictadas por un tribunal militar contra los principales miembros de las fuerzas armadas y del ministerio del interior, acusados del envío por Cuba de seis toneladas de cocaína provenientes supuestamente del cártel de Medellín. 

El fiscal del juicio sumarísimo, general de brigada Juan Escalona, el entonces ministro de Justicia de la dictadura, pidió siete penas capitales pero se ratificaron cuatro, las del general Arnaldo Ochoa, el coronel Antonio la Guardia y el mayor Amado Padrón, ambos miembros del ministerio del interior, así como el capitán de las fuerzas armadas Jorge Valdés, quienes fueron además expulsados deshonrosamente de sus cuerpos de ejercito, y despojados de sus condecoraciones.

---El tribunal desestimó la pena capital pedida por el fiscal contra Antonio Sánchez Lago y Eduardo Díaz, oficiales menores del ministerio del interior, quienes fueron condenados a 30 años de prisión. ---

Con estas 4 sentencias a muerte, y el ingreso en prisión del resto de los encausados, se ponía fin al procesos de corte marcial militar que había dado inicio el 12 de junio de ese año, conocida como la Causa N°1 de 1989, año que curiosamente se había decidido designar al general Ochoa como jefe del ejército Occidental, sin embargo murió condenado por 47 generales y ex compañeros; y por el fuego de ese mismo ejército.

Fueron ejecutados en un potrero de una base militar en las afueras de la Habana, mientras los hermanos Castro aparecían como los grandes inocentes y desconocidos de todo el narcotráfico probado de su gobierno por agentes de la DEA (Drug Enforcement Administration) infiltrados entre los mismo lancheros que transportaban la droga hacia EEUU.

El diario oficialista Gramma, que, como era obligado, incluyó en su primera página las cuatro líneas en que informaba de la ejecución de la sentencia, salió ese día con retraso, por lo que fueron las emisoras radiales las que hicieron enmudecer al pueblo con algo que ya esperaban.

Para alguien que no sea Cubano podría pensar que Fidel Castro no supiera que sus hombres, con el pretexto de romper el embargo, hubieran organizado una red de semejante tráfico hacia los EEUU, pero para los que le conocían muy bien la interrogante no es que fuera o no un narcotraficante, si no que cayera tan fácil en esa trampa. 

Que siendo quien era, fuera tan imprudente e incluso inocente, como para facilitarle las cosas al gobierno de Estados Unidos. Es por eso, y 34 años después, las preguntas más importantes que la gente se hicieron entonces, y se siguen haciendo a día de hoy, siguen siendo exactamente las mismas:

Uno --- ¿Acaso era posible organizar operaciones de narcotráfico a gran escala en Cuba, sin la autorización de Fidel Castro o su hermano Raúl?.

Dos ---¿Podía la dirección de la dictadura, dígase Fidel y su hermano, arriesgarse a ser descubiertos en operaciones de esa índole, que a la larga terminarían siendo descubiertas por la inteligencia Norteamericana?.

Tres --- ¿Por qué la Administración del presidente George Bush no aprovechó la oportunidad para invadir a Cuba, tal cual hicieron en Panamá con el probado narcotraficante y también general, Manuel Antonio Noriega, ese mismo año?.

Quizás algún día lo sabremos. 

Maldita Hemeroteca