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La leyenda negra de los dueños de La Manzana de Gómez (II parte)

José Genaro Gómez-Mena Vila y su esposa Elizarda Sampedro Robato

El millonario cubano Andrés Gómez Mena era un tipo que lo tenía todo a sus 68 años. De carácter emprendedor, tras casarse en Guanabacoa con la cubana Eugenia Carlota Tomasa Vila en 1877, logró hacer dinero suficiente para, en 1890, realizar su primera inversión.

El astuto empresario adquirió las llamadas ruinas de Zulueta, en el corazón de La Habana, frente al Parque Central, donde levantó un impresionante edificio para oficinas y establecimientos comerciales. Desde entonces y hasta ahora, el inmueble, reconvertido en hotel de lujo, sigue siendo conocido por los cubanos como la ‘Manzana de Gómez’.

Don Andrés tuvo cuatro hijos que fueron criados en las mejores instituciones del país, graduados de ingenieros  azucareros, lo lógico para los que con el tiempo se convertirían en futuros herederos de un imperio azucarero y como no, del centro comercial más famoso de toda Cuba, "la Manzana de Gómez". 

En los años siguientes, el burgalés adquirió su primer ingenio azucarero: el ‘Santa Teresa’, que pronto rebautizó como ‘Gómez Mena’ que llegó a ser el 16º del país en producción diaria de azúcar con 600.000 arrobas y cerca de 5.000 trabajadores. Luego llegarían otros: el ‘Amistad’, el ‘San Antonio’, el ‘Sofía’ o el ‘Estrada Palma’, con los que Andrés Gómez Mena, y más tarde sus hijos, crearon la Nueva Compañía Azucarera "Gómez Mena". 

La empresa fue una de las primeras en poseer laboratorios químicos, electrificación y destilería, así como en producir levadura y en sembrar arroz. Muerto el empresario en 1917, sus hijos -Andrés, Alfonso, José y María Luisa- continuaron con el próspero negocio. Su vida era ya un tranquilo retiro en el cual disfrutaba de la opulencia de su posición, pero se propuso morder y engullir, acostumbrado como estaba a conseguir cuánto se propuso en vida, a una mujer que no le pertenecía, y se indigestó. 

Aquella historia fue más o menos así: 

Había una vez un humilde relojero catalán de nombre Fernando Neugart, cuyo negocio estaba en la esquina de la Manzana de Gómez que da al frente del Hotel Plaza. La posición de la pequeña relojería era excelente. El tráfico de la zona era constante y el hombre viendo la posibilidad de un buen negocio se propuso traspasarlo a un buen postor, pues ya sopesaba la idea de retirarse y regresar a España a sus 43 años. 

El plan del señor Neugart era sencillo, necesitaba ampliar el contrato de alquiler del local en la Manzana por al menos dos años más. El único inconveniente radicaba en la mala relación que tenía con el dueño del complejo, el señor Andrés Gómez Mena. El señor Neugart sabía que dialogar con el viudo era una misión compleja, así que con esa misión envió a su señora esposa Flora Alonso, y esa fue la peor de sus decisiones personales.

Manzana de Gómez, esquina al Hotel Plaza Manzana de Gómez, esquina al Hotel Plaza 

La pequeña reunión entre ambos, en la misma Manzana, fue bastante cortés. El señor Andrés Gómez Mena se comprometió en facilitar la prórroga del contrato a su esposo para que este, a su vez, cerrase el negocio de la venta. 

Una visita indiscreta 

A los pocos días, quizás maravillado por la belleza y modales de doña Flora, el señor Andrés se presentó en la vivienda de Bernaza No .31, dónde residían el relojero y su esposa. La sorpresa de ella fue mayúscula al encontrar ante su puerta a un hombre de semejante poder adquisitivo, un suceso nada habitual, pero aún estupefacta, le dejó pasar. 

Una vez dentro, Andrés retomó la charla anterior y le explicó cómo pensaba ayudar a su marido; insistiendo en su interés en ayudarla de alguna manera, pues le parecía una mujer que debía aspirar "a mucho más en la vida". Acto seguido, envalentonado quizás por el tono que había tomado la conversación, el millonario empezó a celebrar su belleza. 

Las formas, en un primer momento, no le parecieron ofensivas a doña Flora, de fina educación, pero el hombre, tímido al inicio, tomó carrerilla y pasó a proposiciones más indecentes para la moral de la época y que ruborizaron a Flora. Ofendida, le exigió salir de su casa y le amenazó con gritar. Mena se retiró pero no cejó en el empeño, y dispuso de ayudantes que le siguieron llevando ofertas a una Flora cada vez más mustia. 

Tic Tac, el relojero ofendido:

Algo notó el relojero que lo empujó en averiguar la causa del nerviosismo de su señora esposa. Ya sabemos que a "Radio Bemba la carga el diablo" y el choteo, el arte preferido del cubano, era cuestión de tiempo como veremos más adelante. 
 
Ciertos comentarios llegaron a oídos del catalán, luego se sumaron algunas confidencias y, finalmente, la intersección de alguno de los mensajes que el señor Gómez Mena seguía enviándole su esposa y que nadie sabía si fueron en algún momento correspondidos. Embargado por la más honda afrenta, el caballero hispano se dirigió a la residencia de la calle Concordia No 44 - donde vivía el señor Mena con una de sus hijas - y solicitó ver al ultrajante don Juan.
 
Este lo recibió después de hacerle esperar un rato. La charla fue un intercambio de opiniones donde Gómez Mena juraba que todo era un malentendido, mientras se esforzaba por encontrar una solución pacífica al asunto. En cambio Neugart, sintiendo su honor afectado, se aferraba a una solución más tangible, o sangre mediante, para lavara su honor. El conflicto tomaba destino fatale. 

Sin acuerdo ni cercanía, las acusaciones de Neugart arrancaron del acaudalado magnate la promesa de visitar su residencia para, en presencia suya, aclarar el asunto con su esposa. Neugart esperó, esperó y esperó, pero su paciencia de impaciente relojero no entendía de retrasos. 

Tomó el teléfono y lanzó un furibundo ataque a don Andrés, ahora como acusador, que hizo que este cambiara su discurso y retirara sus disculpas. Alterado Neugart alcanzó a gritar: «Eso no se le hace a un caballero»… La frase quedaría sujeta en la línea, pues ya el magnate cubano había colgado su auricular. 

La justicia injusta de la pólvora

El caso, sin jueces ni jurados posibles, salvo el boca a boca habanero que todo lo sabe y todo lo cuenta, quedó listo para sentencia. Neugart, sintiéndose víctima, juez, jurado y verdugo, compró un par de revólveres y con ellos encima salió a reivindicar su honor. No han quedado claras las pruebas del caso, tampoco servirían de mucho ahora tras lo ocurrido aquel 11 de enero de 1917. 

El control de rentas, de 1930-1931, arrojó que el alquiler del edificio estaba distribuido de la siguiente manera: 16 oficinas de esquina, 32 oficinas de chaflán, 168 oficinas de frente, 76 oficinas de interiores, para un total de 292. La planta baja reportaba $ 5 969.00, con 22 locales comerciales.

Andrés Gómez Mena se había guardado para sí una denuncia que no había ejecutado aún, pero sí quedó constancia de ella en dependencias policiales. En la misma aseguraba sentirse acosado por este señor, que pretendía sacarle dinero como compensación de un desagravio nunca realizado. 

---La finca donde estaba edificado el edificio estaba valorada entonces en un millón de pesos, los que fueron divididos en la testamento en una tercera parte para cada uno, para María Luisa y Alfonso Gómez Mena. Desde entonces, fue la sucesión de Andrés Gómez Mena quien se encargó de continuar las obras, ejecutadas paulatinamente por naves.---

En el propio edificio de la Manzana encontró Neugart al opulento magnate, quien en compañía de unos amigos, admiraba las obras de ampliación que se estaban realizando en el edificio que gestionaría su hijo José Gómez-Mena Vila. 

Cerciorándose de no fallar sus proyectiles, ni de herir a otras personas, Neugart descargó cinco disparos sobre la anatomía de Gómez Mena. Faltaban pocos minutos para la 7 de la tarde, cuando se certificó la muerte del millonario. Detenido el asaltante en el propio lugar de los hechos, aquella historia quedó sellada pero no aclarada del todo. 

La fatalidad del desenlace acabó con la vida de Andrés Gómez Mena nacido en Cadaguas en Burgos, España, y hecho bajo la sombra de su tío Joaquín Mena, uno de los hombres más ricos de Cuba en esa época. Aquello provocó, entre otras cosas, la cancelación de la boda programada para esa misma noche en la Iglesia de la Merced, entre Guillermina García y Manuel Gómez Mena, sobrino del occiso. 

La leyenda negra del apellido no acabaría aquí. 

Pasaron los años y el señor José Gómez Mena, que llegó a ostentar cargos de entidad en el Gobierno, tuvo una hija de su primer matrimonio con Olga Seiglie (años más tarde se casó con Elizarda Sampedro, una hermana de Edelmira, la cubana que fuera la primera esposa de Alfonso de Borbón el primogénito de Alfonso XIII que por amor, renunció a sus derechos sucesorios al trono.

La Cubana Edelmira San Pedro, esposa de Alfonso de Bobrón y Batemberg, primogénito del derrocado rey XIII y hermana de Elizarda, esposa de Jose Genaro Gomez-Mena Vila

La joven, Lilliam, acabaría desposándose en 1936 con Alfonso Fanjul Estrada, de la familia cubana de los Rionda, originaria a su vez de Asturias y dueña de otro imperio azucarero. Pepe Gómez Mena sería víctima de un asalto en el mismo lugar donde murió su padre y que por fortuna salvó la vida, aunque quedaron secuelas en su rostro y piernas. En este caso no se trató de un lio amoroso, más bien de una supuesta falta a la palabra dada.

Don Pepe, que tenía su residencia en la calle 146, número 2107, en el famoso Country Club de la playa y que sería además de heredero de la productiva Manzana, propietario y presidente de varios centrales azucareros, cuatro de ellos en la Habana, de los cuales su hermano Alfonso fungía como vicepresidente. 

El primero de esos centrales había sido adquirido en 1902 en San Nicolás de Bari, una localidad en las afueras de habana y que fue rebautizado posteriormente como “Gómez-Mena”. Luego, en en 1906, compraron en Güines el “Amistad”, uno de los primeros en electrificarse en 1910. Además del “Merceditas”, adquirido en 1906 en Melena del Sur, el “Resolución”, en Quemado de Güines en 1935, así como "La Julia", en Melena del Sur, que con los años quedó destruido. 

Recordemos que en Yara, en Oriente, tenían el Estrada Palma, que había sido propiedad de la familia Arcas Campos y destruido posteriormente por el régimen Castrista. Añadir aquí que a la llegada de Castro al poder, este central pasó a llamarse Batolomé Masó, aquel general que decidió ceder su candidatura a primer presidente de Cuba, ante el fuerte favoritismo de Estrada Palma y satanizado hasta el cansancio en estos 64 años de dictadura.


En fin, que todo parece indicar que uno de los empleados de don Pepe, al parecer disgustado por una promesa inconclusa, le disparó varios tiros. Veamos la historia ...

En la mañana del 29 de enero de 1951, el administrador del ingenio Resolución ingenio, el señor Ángel Machado Palomino, un tipo que trabajó durante años para la familia y estaba considerado un hombre de confianza, recibió el encargo de poner a punto el central y echando a andar. 

Este "Resolución", que lo habían adquirido en la zona de Quemado de Güines, había estado parado por varios años. Debido a que la puesta a punto significaba "pasarle la mano" también a sus tierras cultivables, en pleno abandono, le prometió en pago asociarlo al negocio. 

Para Machado Palomino había llegado la hora de convertirse en dueño y no en un simple asalariado. Esta promesa se quedó en eso, en promesa, y pese a las exigencias de Palomino que por cierto, se vio obligado a renunciar, Gómez Mena no se inmutó. Palomino le exigió entonces 200 mil pesos por daños y perjuicios a su persona, de los cuales solo le pagaron diez mil. 

La venganza estaba servida

En la mañana del 29 de enero de 1951, Palomino lo esperó en los portales de la Manzana de Gómez, lo siguió hasta el interior del edificio y al grito de «Así te quería coger», le metió tres balazos en el pecho. José Genaro Ramón Gómez Mena no murió ese día, se fue de causas naturales 9 años después, en 1960, y sus restos descansan en el cementerio Hillcrest Memorial Park, de West Palm Beach en la Florida. Al morir contaba con 76 años.

Como ven el destino repetía un hecho que pudo acabar en desgracia como el de su padre. Eso sin contar que una prima suya, hija de sus tíos Alfonso Gómez Mena, el presidente del emporio azucarero y su esposa María Vivanco y Vila, había muerto en Vizcaya en un accidente de tránsito a los 18 años ¡y el mismo día de su boda!, increíble.

La señorita doña Cristina Gómez Mena celebrada su boda en Burgos el 24 de agosto de 1927 y, de camino a París de luna de miel, murió aplastada por el coche Cadillac en que viajaba. Su esposo Don Ramón de la Sota y Mantilla de los Ríos, falleció también producto de las secuelas de ese mismo accidente, una semana después.

Con la llegada al poder de Fidel Castro en 1959 supuso un mazazo para la multimillonaria familia, que decidió abandonar la isla. De su poder habla el hecho de que abandonaron Cuba en el mismo avión que el presidente Fulgencio Batista... Instalada en Miami, los Gómez Mena decidieron seguir dedicándose al azúcar, aunque ya no pudieran hacerlo en Cuba.

En los albores de los años 60, adquirieron 4.000 acres en una zona de humedales cercana al Lago Okeechobee y tres pequeños ingenios azucareros en Luisiana. En pocos años, y gracias al carácter emprendedor heredado del iniciador de la saga (y al dinero que lograron sacar de Cuba), levantaron de las cenizas un nuevo imperio: compraron tierras y más tierras en dos países del Caribe: Jamaica y República Dominicana.

En este último, después de pagar la escalofriante cifra de 250 millones de dólares a la multinacional norteamericana Gulf & Western, se hicieron con el Central Romana, un ingenio capaz de producir hasta 820 toneladas de azúcar diarias con más de 20.000 trabajadores en sus campos.

Fue rebautizada con el nombre de Florida Crystals, y se dice que produce dos de cada tres cucharadas de azúcar que se consumen en Estados Unidos. La empresa está en manos de los hermanos Alfonso y José Fanjul Gómez Mena, los bisnietos de aquel emigrante español y que en ocasiones acogen en sus predios al rey emérito de España, don Juan Carlos, quien ha estado muchas veces en Casa Grande, el complejo residencial que los Fanjul Gómez Mena poseen en República Dominicana.

Los Fanjul Gómez Mena es una de las principales fortunas estadounidenses. El patrimonio familiar está calculado en 1.000 millones de dólares. 

Maldita Hemeroteca / Condensado de Fotos del Habana e Internet.