Los místicos aseguran que hay personas que nacen con una estrella, ya sea por el éxito, suerte, o destino afortunado, pues no cabe duda que el finado dictador de Cuba, Fidel Castro, fue uno de esos.
En varias ocasiones pudo terminar siendo cadáver, en cambio consiguió burlarse de la "pelona". Y no nos referimos al sin número de atentados que dijo le habían hecho y que no se los creyó nadie, si no a las veces que su vida corrió verdadero peligro y la providencia o fatalidad - según como se mire - se interpuso en el camino.
La detención ocurrió la noche del 21 o 22 de junio de 1956 en Ciudad de México. Fueron detenidos por la policía al mando del capitán Fernando Gutiérrez Barrios, que por otro lado ya contaban con pruebas de que en la Finca Santa Rosa Castro y sus hombres se entrenaban militarmente.
Mientras Alberto Bayo, un cubano veterano republicano de la guerra civil española los adiestraba en técnicas de guerrillas, la policía mexicana, que de boba tenía muy poco, descubrió sus planes y le echó mano. No solo a Castro, también a 22 integrantes de su grupo.
Margot era la esposa de Edward Bush, presidente de Aerolíneas Mexicanas y su amigo, el licenciado Ángel Carvajal, era el secretario de Gobernación de México en ese momento.
Días después de haber sido liberado Fidel y un grupo de sus hombres se presentaron en la casa de Margot Bush, según la propia versión de esta señora, para darle las gracias y fue allí cuando le dijo:
Maldita Hemeroteca // Fuente: Mundo.es // Nota aclaratoria: Con el golpe de estado de Fulgencio Batista, la pena de muerte en Cuba se aplicaba salvo raras excepciones, siempre motivadas por la extrema gravedad del delito, como constaba en el artículo 45. Con anterioridad había sido abolida desde 1944 .
Por ejemplo cuando dirigió aquel desquiciado ataque al cuartel Moncada en Oriente en el que murieron 18 soldados constitucionales, y varios de los muchachos que le siguieron. O cuando Fulgencio Batista se percató del gran error que había cometido indultándolo e incluso, oponiéndose a su muerte en prisión cuando ya la habían supuestamente previsto.
¿Usted se imagina por un momento que hubiera pasado si un cubano asalta una estación de la policía, y en el intento mueren una decena de agentes?. Si es que por pedir libertad te endiñan de 15 a 20 años. Sin ir más lejos, acaban de condenar a prisión domiciliaria una influencer por decir lo que piensa. No, y salió bien, porque en las cárceles hay cientos que purgan condenas por lo mismo. Pues pues trate de visualizarlo.
En fin que en la historia de hoy nos centramos en una mujer, la señora Margot Bush (de soltera, Valdés), la protagonista de un hecho ocurrido en México en 1956 y que no ha sido muy divulgado que digamos. Esta señora, que entonces no sabía ni quien era Fidel Castro ni lo que hacía allí en México, consiguió que el gobierno azteca le liberara, y de esa forma evitó además que fuera deportado a Cuba donde su suerte hubiera sido otra muy distinta.
Mientras Alberto Bayo, un cubano veterano republicano de la guerra civil española los adiestraba en técnicas de guerrillas, la policía mexicana, que de boba tenía muy poco, descubrió sus planes y le echó mano. No solo a Castro, también a 22 integrantes de su grupo.
A chirona fueron a parar todos cuando fueron detenidos por el capitán Fernando Gutiérrez Barrios. Así rezaba la acusación: "El sedicioso Doctor Fidel Castro Ruz, exiliado cubano que llegó a nuestro país por una amnistía, prepara una conjura contra el Gobierno de Cuba".
En cambio, gracias a las gestiones de esta señora quedaron libres cinco días después, un hecho que salió a la luz pública a raíz de una carta escrita por ella misma a Castro en 1984, de la que una copia había permanecido en poder de su hijo en una caja fuerte.
Decir que en aquella época la relaciones entre Fulgencio Batista y el gobierno de López Mateo en Mexico eran excelentes. El capitán Gutiérrez Barrios fue siempre un anticomunista y un feroz represor de la izquierda mexicana, sin embargo Castro escapó de sus garras. Era la tercera vez que el futuro barbudo esquivaba su incierto destino.
De hecho la policía ya tenía preparado los documentos de deportación a Cuba de los detenidos, sin embargo como por arte de magia quedaron libres de "polvo y paja". Fue entonces que Castro entendió que corría un grave peligro en ese país, y semanas después se apresuró a comprar el yate Granma. La historia que vino entonces ya la conocemos de sobra.
--¿Qué pasó para que la voluntad de la policía y la justicia mexicana se torciese?
--¿Por qué unos "sediciosos cubanos" que querían atentar contra un gobierno amigo quedaron en libertad?.
La carta de la señora Margot enviada a Fidel en 1984, desvelaba el verdadero motivo del milagro. Según el periódico español "El Mundo", fuente de este post, una señora de nombre Guajarda Doria, casada con un cubano de apellido Zaragosí (simpatizante del llamado Movimiento 26 de Julio), le rogó a Margot que moviera todos los hilos posibles para liberar a los detenidos.
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| Foto: El Mundo.es |
Gracias a eso, Margot y su marido consiguieron la liberación de alguien que en realidad no sabían ni quien era exactamente, y mucho menos cuales eran sus intenciones.
Días después de haber sido liberado Fidel y un grupo de sus hombres se presentaron en la casa de Margot Bush, según la propia versión de esta señora, para darle las gracias y fue allí cuando le dijo:
"Cuando el Movimiento 26 de Julio triunfe en Cuba, usted será invitada y considerada "huésped de honor".
Más allá del romanticismo que pudo haber tenido este relato, a nadie engaña esta señora que, enterada en ese momento de quien había ayudado en realidad, no tuviera tiempo de denunciarlos nuevamente a la policía.
En cambio su silencio cómplice, o protector del prestigio de su marido, significó la instauración en la isla de una dictadura que, luego de 65 años, es la más longeva del hemisferio occidental.
Este periódico aseguró además que un tal Víctor Trapote, responsable de la Inteligencia soviética durante la Guerra Civil española y después de la Castrista, le llevó a Margot personalmente la invitación de Fidel Castro, que ella no pudo acepar por ser su marido un alto ejecutivo norteamericano.
No obstante ya viuda, en 1984, la señora intentó contactar con Castro en dos ocasiones en relación con la citada carta, pero no se supo si Castro le respondió. Margot falleció cinco años después y ni siquiera conoció la isla, pero nadie podrá negar que por su culpa la jodió bien jodida.
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