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INTRIGAS Y TRAICIONES: LA SUPUESTA CULPA DE MÁXIMO GÓMEZ EN LA MUERTE DE JOSÉ MARTÍ.


Todo parece indicar que el general Máximo Gómez quiso culpar injustamente de traidor al coronel Juan Masó Parra. Parra fue uno de los mambises que había participado en la protesta de Baraguá y en las tres guerras por la independencia de Cuba, si incluísmos la chica de 1879.

No se sabe porque motivo, pero Gómez lo acusó un 11 de septiembre de 1896 y ocho días después le sometió a juicio por un delito que nunca le pudieron probar, y donde el entonces teniente coronel dominicano, Enrique Loynaz del Castillo, actuó como Fiscal Instructor de la causa. Fue absuelto de toda culpa, y sus acusadores, Antonio Maceo y Máximo Gómez, se vieron obligados a reintegrarlo a las fuerzas libertadoras.

El 9 de junio de 1896 Maceo le había ordenado mediante un mensaje atacar las fuerzas españolas destacadas en la región entre Batabanó y Guanajay, sin embargo Parra no lo recibió ya que días antes había iniciado un viaje de carácter personal hacia Oriente, y para el cual había recibido la autorización del mayor general José María Aguirre, entonces jefe de la segunda División del quinto Cuerpo.

Gómez lo puso a disposición del mayor general Mayía Rodríguez, jefe del Departamento Occidental, quien lo reincorporó a la Brigada Sur de La Habana, hasta que el 19 de mayo de 1897 le nombra jefe de la Brigada de Trinidad. Hasta aquí podría parecer un suceso más, un simple mal entendido en el cual Maceo no se molestó en comprobar, en cambio la situación fue mucho más que eso.

Al siguiente año llegaron otras acusaciones, contrabando con el enemigo e incluso delito de bigamia, con lo cual Máximo Gómez designó al brigadier Alfredo Rego Alfonso en su sustitución. Esto provocó que el 18 de mayo Masó se presentara en Santa Clara ante las fuerzas Españolas.

Pero lo que llama mucho la atención es que su rendición no fue solitaria, a Masó le acompañaron dos tenientes coroneles, dos comandantes, un capitán, cinco tenientes y oiga esto: ciento diez sargentos y soldados con sus armas, municiones y sus respectivos caballos,  toda la brigada prácticamente, con lo cual esta rendición, con la excepción de la muerte de José Martí, pasa a ser uno de los capítulos más turbios de la ultima guerra.

¿Qué fuerza mayor puede llevar a un oficial mambí con tres guerras a sus espaldas entregarse al enemigo?, y no solo eso, combatir a los que hasta entonces eran sus compañeros que en conjunto apoyaron las tropas norteamericanas que desembarcaron en Santiago de Cuba?. Veámos una carta escrita 

La Caridad del Almagre, 25 de junio 25 de 1895
Señor capitán Juan Maspons Franco. (ex secretario del general antonio maceo)

Mi estimado amigo: 

Voy a contestar su estimable carta de fecha 10 del corriente, donde con su amabilidad acostumbrada me pide informes sobre el combate de Dos Ríos en que tuvimos la desgracia de perder al Gran Martí. 

Me había hecho el propósito de no hablar nunca de este infausto acontecimiento, ni de lo que lo motivó, pero las razones por usted aducidas en su carta y la promesa que me hace de no publicar nada de este suceso hasta la terminación de nuestra lucha, me animan a romper el silencio que me había propuesto guardar. 

He aquí la relación de este acontecimiento: 

En las primeras horas del 19 de Mayo había salido con dirección a algunas viviendas próximas al campamento un capitán de apellido Ramos; este oficial se encontró con los exploradores de la columna enemiga, que guiada por un individuo (Chacón) que había enviado el general Gómez al pueblo de Remanganaguas en solicitud de algunos efectos, se aproximaba a nuestro campamento.

Con este aviso el general Gómez me dio órdenes de preparar la fuerza, compuesta toda de 360 hombres de caballería, incluso jefes y oficiales. Ordené enseguida que los coroneles Estrada y Esteban Tamayo con sus respectivas fuerzas, ocupase el primero un camino que por nuestra retaguardia venía al campamento; y el segundo otro camino de Jiguaní por nuestro flanco derecho. 

Tratando de evitar con esta medida una sorpresa de ataque combinado como era de presumirse. Los generales Gómez, Masó, Borrero, teniente coronel Amador Guerra y yo, que era el jefe de día, con el Capitán Juan Arias y los hombres de mi escolta, salimos en busca del enemigo. Este se hallaba acampado haciendo su primer rancho, a media legua aproximadamente de nosotros, del otro lado del río Contramaestre en su margen izquierda.

Por su frente tenía la columna un estrecho callejón cercado de alambre y de un terreno poco accesible para la caballería. Por su izquierda, el río con precipitada bajada y profundo barranco, y por la derecha y retaguardia inmenso bosque de árboles seculares, que abría en pequeño semicírculo, formando una sabaneta de estrechas dimensiones. Ciento cincuenta hombres, más o menos, con Gómez y Martí a la cabeza, cargamos resueltamente sobre la avanzada enemiga que cerraba el callejón de la cerca de alambres. 

Macheteamos allí una parte de la avanzada, y seguimos adelante, salvado el obstáculo, hasta que nos colocamos a tiro de pistola de la infantería enemiga que había tomado posiciones muy ventajosas detrás de los árboles. Tres cuartos de hora duró aquella lucha. Tuvimos al fin que replegarnos hacia el camino que habíamos traído, dejando en poder del enemigo, sin apercibirnos de ello, el cadáver de Martí que había caído a cuatro pasos de la línea de fuego de los contrarios. 

Martí fue hasta allí revolver en mano, no llevado por la genial impetuosidad del caballo que montaba, como se ha dicho, pues éste no hizo más que obedecer al jinete, sino impulsado por un hermoso arranque de valor heroico, creyendo tal vez de este modo arrastrar a los suyos y conseguir la derrota del enemigo. Nadie le vio ni siquiera caer, porque el denso humo que produce la pólvora en los combates, se concentra más aún, cuando éste se efectúa en medio de un bosque, donde el aire es de más difícil circulación. 

A pocos momentos de iniciada la retirada, anunciaba el alférez Ángel Guardia, que acompañó a Martí, hasta la misma línea enemiga donde cayera muerto, que aquel había sido herido de dos balazos a su lado y que a pesar de los esfuerzos que hizo no había podido recogerlo. Así murió Martí, en los campos libres del abrupto Oriente, con el pecho y cuello atravesados y de cara al sol, el 19 de mayo a la una del día, y en los primeros albores de la revolución cubana, que tanto le debía y a la que tanta falta debía hacer. 

En cuanto a mi juicio militar de aquel combate que usted me pide, sólo podré decirle lo que fácilmente habrá comprendido, conociendo la topografía del lugar en que se libró. Yo creo que haber esperado al enemigo en el campamento, cuya dirección traía, no era sensato, pero mucho menos atacarlo con caballería en sus inexpugnables posiciones. Haber esperado al enemigo en la orilla opuesta del río, desmontando una parte de la caballería y hasta flanquearlo por su derecha, era lo único que debía y pudo hacerse. 

No se hizo, y culpa, sin duda, fue del general Gómez que dirigió el combate. Pues a los otros jefes no le cabe ni la responsabilidad colectiva de la consulta, que no hubo. Y para mayor abundamiento, el general Gómez, conocía más que todos aquel territorio, desde la guerra de los 10 años. Es todo cuanto debo hoy decir, como testigo presencial de aquel doloroso suceso, y en obsequio a su deseo patriótico. 

Soy de usted atento, seguro servidor y amigo. 
Juan Masó Parra.

Es evidente que la responsabilidad de Máximo Gómez en esta muerte ha sido cuando menos enmascarada. De hecho, el mismo español coronel Ximénez de Sandoval, quien dirigía las tropas hispanas en el potrero de Dos Ríos, lo afirma cuando dijo en una entrevista: "Yo (a Gómez) lo hubiera sometido a consejo de Guerra". 

Esta carta es una prueba de que el generalísimo se la tenía jurada a Masó. En 1907 Masó volvió a ser acusado de liderar una revuelta armada contra el gobierno interventor americano que debía iniciarse el 27 de septiembre de ese año, y que la prensa llamó “la conspiración de los generales”. 

Fue detenido y condenado a tres años de prisión, pero no cabe duda que este hombre odiaba profundamente a los Estados Unidos. Sin embargo, sirviendo su actitud como dedo en guante a la dictadura castrista, jamás se hablado de su figura en la historia que moldearon en las escuelas.