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LA HABANA: Saqueos de corsarios y piratas (I)


Durante siglos San Cristóbal de La Habana fue una ciudad en disputa. España, a la cabeza de aquellos viajes que cambiaron para siempre la configuración del mundo, tuvo que hacer frente a grandes potencias como Francia, Holanda y Gran Bretaña. 

La Habana por su ubicación y funciones en el entramado de la Carrera de Indias, fue asediada y atacada en varias ocasiones. El objetivo de los enemigos de España era apoderarse por la fuerza de los codiciados galeones que trasladaban en sus bodegas valiosas cargas. Les dejamos un articulo publicado el 26 de mayo de 1940, por el entonces historiador de la Habana y miembro de la academia de historia de Cuba, el doctor en derecho civil, Emilio Roig de Leuchsenring. 

Los piratas y corsarios que durante los siglos XVI y XVI I asolaron los mares que bañan a la isla de Cuba y sus principales puestos, debieron su existencia al monopolio comercial que hasta después de la ocupación inglesa de La-Habana, mantuvo España en sus colonias americanas, impidiendo que otras naciones comerciaran con ella.

Esta equivocada política dio vida, natural y lógicamente, a la piratería, realizada, primero, y en ocasiones, particularmente, por hombres audaces y temerarios ansiosos de aventuras y fortuna-' y después, y en la mayoría de los casos, al amparo y bajo la protección de las naciones enemigas de España. Los franceses fueron los primeros en atacar y romper el mono - polio español en América. Cuba ocupó un puesto prominente en esas depredaciones por ser esta isla, y especialmente su puerto de La Habana, lugar de escala de los galeones que traían los dineros de la metrópoli y llevaban a ésta los metales y productos del suelo americano.

ATAQUES
Joan François de la Roque. Señor de Reverbal

El año de 1537 sufrió La Habana el primero, y muy desastroso asalto, de los corsarios franceses. Uno de estos permaneció anclado en el puerto durante tres horas, observando los buques españoles que en él se encontraban, y los que, al retirarse rumbo al Mariel, lo persiguieron y combatieron, con suerte adversa, pues el francés quemó dos y se llevó otro, no sin antes asaltar, saquear y quemar la villa. Es posible que en este incendio se perdieran, total o parcialmente, los libros de actas existentes hasta esa fecha.

ROVERBAL

En 1538 otro francés, que había sido ahuyentado de Santiago por Diego Pérez, con su navío La Magdalena, se posesionó de La Habana durante quince días, saqueando el poblado, haciendo huir a sus moradores y llevándose las campanas de la iglesia. Por otro lado Joan François de la Roque, señor de Roverbal, que ostentaba el cargo de teniente general del Cañada, otorgado por Francisco I de Francia, y a quien los españoles conocían por Roberto Baal.

Este atacó en 1543 la Habana con cuatro galeotas, anclando sus embarcaciones frente a La Punta, y desembarcó su gente por la caleta de San Lázaro; pero los vecinos de la villa se armaron, logrando rechazar a los invasores con el auxilio de los fuegos de la primitiva fortaleza construida por Aceituno, reembarcando los piratas sin realizar daño alguno, y con pérdida de más de quince hombres.

SORES

Uno de los más desastrosos asaltos que sufrió la Habana en el siglo XVI por parte de los piratas franceses, fué el realizado el 10 de julio de 1555 por el famoso corsario Jacques de Sores, valiente y experimentado marino que había sido almirante con Francois Le Clerc (Pie de palo) La mañana de aquel día se presento a la Durante el gobierno de Diego de Mazariegos, sucesor de Angulo, estuvo La Habana en varias ocasiones amenazada de asaltos de piratas, que no llegaron a desembarcar gracias a la vigilancia mantenida por el gobernador, en tierra, y a las flotas de Pedro de las Ruedas y de Pedro Menéndez de Avilés. 

Al abandonar Mazariegos la isla, en 1565, fué víctima, frente al Mariel, de los piratas, que lo hicieron prisionero, exigiéndole rescate; pero enterado de ello el nuevo gobernador, García Osorio, envió al sobrino de Avilés, Pedro Menéndez Márquez, en defensa de Mazariegos, logrando aquél abatir a los franceses y libertar al ex gobernador. En 1568 el marino inglés John Hawkins, traficante de esclavos, oro, perlas, cuero y azúcar, por estos mares de las Antillas. 

DRAKE 

Francisco Drake, discípulo y compañero de Hawkins, célebre en la historia de la marina inglesa, constituyó durante los años de 1585 y 86 la preocupación y el terror de los gobernantes y vecinos de La Habana, al tener noticias de una proyectada incursión pirática de aquél a la villa, al frente de una escuadra de veinte y tres buques, con mil trescientos tripulantes, salida de Plymouth el 15 de septiembre de 1585 al frente de una escuadra de veinte y tres buques, con mil trescientos tripulantes.

Salidó de Plymouth el 15 de septiembre de 1585 rumbo a América, para vengar la traición española que al escuadrón de Hawkins realizó don Henríquez en San Juan de Ulloa, pero, afortunadamente para los habaneros, el temido corsario no llegó a atacar la población, aunque el 27 de mayo del 1586 siete barcos ingleses persiguieron, frente a La Habana, infructuosamente, una galeota española cargada de Palo Campeche, que pudo guarecerse en el puerto, castigando a las naves enemigas los fuegos de La Punta y el Morro. 

Ese mismo día, a las tres de la tarde, catorce buques de Drake barloventearon frente a la población, y a la madrugada siguiente se presentó el resto de la escuadra, permaneciendo al pairo hasta el 4 de julio, en que se dirigió rumbo al noroeste, sin intentar ataque ni desembarco algunos. 

Una de las embarcaciones, al quedar rezagada, sufrió la captura por dos galeotas españolas, que la trajeron a La Habana con su tripulación. Si bien se trató de ahorcar a todos estos ingleses piratas, se les perdonó luego, por haber alegado que no habían ocasionado daño a la villa, obligándoseles únicamente a cooperar en las obras de la fortaleza. Igual suerte experimentaron los tripulantes de una nave pirática francesa, capturada también en esos días. 


ENRICO 

El 15 de junio de 1626 se presentó frente a La Habana la flota del corsario holandés Baodayno Enrico o Vaude Vin Enrique, en acecho de la flota española de México, pero habiendo muerto su jefe el día 2 de julio, de fiebres contraídas al hacer escala en Cabañas, el oficial que lo sustituyó, al darse cuenta de lo bien fortificada que estaba La Habana, abandonó el sitio de la misma, dirigiéndose a Matanzas. Otras naves holandesas trataron después inútilmente de asaltar la armada española que se dirigía a La Habana por el cabo de San Antonio, siendo defendida ésta, felizmente, por el marino habanero Diego Vázquez de Hinostrosa, jefe de una armadilla. 

HEYN 

Durante el gobierno del maestre de campo Lorenzo Cabrera Corbera sufrió horrible descalabro el convoy español de la plata mandado por Juan de Benavides Bazán, a manos de la poderosa flota holandesa de Piet Heyn, uno de cuyos escuadrones, de diez y seis buques, se estacionó frente a La Habana a mediados de 1628, y el otro escuadrón, de igual número de barcos, se dirigió a Pinar del Río, en espera ambos de la escuadra española. 

Al divisar ésta a los piratas, trató de alcanzar el puerto de Matanzas, varándose a su entrada la nave capitana y dos galeones y siendo apresadas otras embarcaciones por Heyn, apoderándose de los ocho mejores navíos y de los tesoros que llevaban a bordo, quemando los barcos que juzgaron inservibles. Durante más de dos semanas permaneció el pirata holandés a la vista de Ja Habana con su flota y los barcos españoles apresados, haciéndose a la vela, rumbo a su patria, el 15 de noviembre. 

CORNELIS 

Otro muy temido marino y pirata holandés, Cornelis Cornelizoon Jol's (Pata de Palo), en los primeros meses del año 1631, trato en dos ocasiones de apresar la flota de México, situándose al efecto frente a La Habana durante varios días, sin lograr su propósito y ni siquiera la efectividad del bloqueo del puerto, pues en su segundo acecho burlaron aquel veintiséis buques españoles, y la escuadra de Tomás de Larraspuru pudo zarpar de La Habana en febrero de 1632, con cincuenta y ocho buques porta dores de más de ocho millones de pesos. 

Nuevamente, el 4 de septiembre de 1640, Pata, de Palo, con una flota de treinta y seis velas se situó a la vista de la ciudad, pero el huracán desencadenado el día 11 dispersó los barcos, embarrancando y destruyendo varios de ellos, muchos de cuyos tripulantes fueron hechos prisioneros y conducidos a La Habana, y el día 20, el jefe holandés envió un parlamento al gobernador, solicitando el canje de prisioneros, lo que no fué aceptado, dirigiéndose Pata de Palo a Matanzas y desembarcando en ella, no sin causar algún daño a los vecinos. En el mes de octubre abandonó definitivamente nuestros mares. 

MANWEL 

Las últimas amenazas de ataques corsarios a La Habana tuvieron lugar durante los gobiernos de Juan de Salamanca y Francisco Dávila Orejón. El inglés David Manwel merodeó a la altura de La Habana en espera de convoyes españoles, que no se presentaron. Su discípulo, Henry John Morgan, que llegó a adquirir triste renombre por su desenfrenada crueldad, no obstante lo cual, o tal vez por ello mismo, fué recompensado por el rey Carlos II de Inglaterra con el título de caballero y el nombramiento de comisario del Almirantazgo en Jamaica.

Después de varias depredaciones en Santiago y otros puertos antillanos y centroamericanos, el de marzo de 1668 se presentó a la vista de La Habana con e! intento de asaltarla por la parte no fortificada, desembarcando para ello en Batabanó setecientos hombres, que se disponían a entrar por Jesús del Monte; pero conocedor el, pirata de los serios preparativos de defensa llevados a cabo por Dávila Orejón, abandonó la empresa, planeando entonces el ataque y saqueo de Puerto Príncipe, que sí pudo efectuarlo impunemente a fines de ese mismo mes de marzo.

Emilio Roig de Leuchsenring. (La Habana 1889-1964).

Articulo publicado el Mayo 26 del 1940. Emilio Roig de Leuchsenring, fue el primer historiador de La Habana en 1935 y lo fue hasta su muerte en 1964. Se ocupó además de las ediciones de esta oficina, como los cuadernos de historia habanera, las Actas capitulares del Ayuntamiento de La Habana y la Colección histórica cubana y americana. Lo sucedió en el cargo su alumno, y tambien fallecido historiador, Eusebio Leal Spengler.

Afortunadamente no todas estas mentes privilegiadas han desaparecido, pues otra de las fuentes indispensables en trabajos de corte histórico serían los trabajos del historiador cubano Marcos Arriaga Mesa (La Habana, 1961) licenciado en Historia por la Universidad de La Habana en 1984 e investigador Archivo Nacional de Cuba que estuvo becado para su doctorado en Historia en la Universidad del País Vasco, donde obtuvo el grado de doctor en Historia.