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| Vidriera destruida tras la explosión de una bomba en la Habana. // |
El prontuario de terrorismo en Cuba es bien extenso, tanto que data de 1896 cuando el periodista y ex coronel del ejercito libertador, Armando André, colocara varias bombas en la Habana, incluyendo una en el palacio de los capitanes generales y debajo de la mismísima oficina del general Valeriano Weyler.
Fue colocada en el baño, pero ese edificio está tan bien fabricado con materiales de primera, que el general Mallorquín ni se enteró. Curiosamente André mismo fue víctima de ese terrorismo y sicariato unos años después. Pero lo que queremos decir que ese fue el "modus operandis" utilizado en Cuba para lograr las cosas a la brava.
Como el de Antonio Goulet, de 60 años, padre del cabo barbero del ejército Dionisio Goulet, que murió destrozado por una bomba colocada en su residencia de Cuartel de Pardos 112 en Santiago de Cuba, y donde su nieta Emilia Iris, de quince años, resultó herida. O la que explotó en el mes de enero de 1957 en calle 21, entre 14 y 16 en el Vedado, donde resultaron heridas las jóvenes Amada Apezteguía Armenteros y Nilda Llorente Carrascal.
Otra fue colocada en la en la esquina de Fábrica y Concha, también en la Habana, resultando gravemente heridos la señora Victoria Rodríguez de 33 años, vecina de Arrellano No 256, y el anciano de 70 Tito Mayea Villalobos, de calle Enma, No 318. Por otro lado en gravísimo estado quedó internado el ciudadano Alfonso Vivero, de 43 años, vecino de Santa Fe, víctima de una bomba colocada en la tintorería de Luz, entre Habana y Compostela, en la capital.
El mismo medico Orlando Bosch, que después Castro le llamó terrorista, puso bombas para el 26 de julio hasta más no poder. "Antes de triunfar contra Batista, en un solo día pusimos 40 bombas. Yo puse bombas. Todo el mundo puso bombas". Entonces Bosch, al que llamaban Piro, por lo de Pirómano, ocupaba el mismo cargo que Fidel Castro en la universidad, él en la Facultad de Medicina y Castro en la de Derecho.
La peor etapa que sufrió Cuba esta lacra, incluso peor que en el periodo de Gerardo Machado, fue sin lugar a dudas la que generó el movimiento 26 de julio contra el golpista Fulgencio Batista.
Alguien de la revista Bohemia, que evidentemente no pensaba como su dueño, tuvo la magnífica idea de anticiparse a los acontecimientos y, con un amplio despliegue de fotos, publicó un reportaje relacionado con la manera en que los Castristas llegaron al poder subidos en esa ola de terrorismo urbano que dejó tras de sí un importante número de daños a la población, y que muchos suelen llamar "colaterales".
Nadie entendía ni entiende todavía, como es que iban a derrocar a Batista destruyendo un negocio privado, y encima sin importarle lo más mínimo que murieran inocentes. En fin, que la cronología de Bohemia es tan extensa, ¡incluyendo escuelas primarias!, que no tendríamos para cuando acabar.
Pero dentro de esos "daños colaterales" también hubo terroristas autolesionados por supuesto. Uno de los más sonados fue el de la joven estudiante de bachillerato Eusebia Díaz Páez, de 19 años, vecina que fue de Ángeles No 3 en Guanabacoa. Murió víctima de la misma bomba que intentaba colocar en los baños del teatro América. ¡En un cine!.
| Reportaje del Diario de las Américas. |
El mismo medico Orlando Bosch, que después Castro le llamó terrorista, puso bombas para el 26 de julio hasta más no poder. "Antes de triunfar contra Batista, en un solo día pusimos 40 bombas. Yo puse bombas. Todo el mundo puso bombas". Entonces Bosch, al que llamaban Piro, por lo de Pirómano, ocupaba el mismo cargo que Fidel Castro en la universidad, él en la Facultad de Medicina y Castro en la de Derecho.
Con los años Bosch siguió con lo que sabía hacer muy bien, pero entonces contra su ex amigo y ex compañero de centro de estudios. Los jefes de este movimiento terrorista en la Habana eran Aldo Vera Serafín, designado jefe de la policía en la Habana y asesinado en Puerto Rico después, y Armando Cubría Ramos, que eran primero y segundo jefes por ese mismo orden,
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Vera fue victima en 1976 de su propia medicina en San Juan, Puerto Rico, mientras que el segundo fue capturado tratándose de infiltrarse en cuba por la costa de Punta Hicacos.
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Precisamente a Vera lo pilló la policía de Batista cuando en unión de Odón Álvarez de la Campa, otro consumado terrorista del 26 de julio, le explotó uno de los cien artefactos que colocaron por toda la Habana. Al percatarse de que no había explotado aún, fueron a revisarlo y la bomba estalló resultado herido.
Campa, perdió las manos en esta detonación, aunque murió en 2010 en los Ángeles, California, siendo un anciano de 90 años. El mismo vocero del régimen, el periódico Granma, llama "verdadera pesadilla" al mayor terrorista que tuvo este movimiento, Sergio González, llamado el curita porque bajo la sotana de su disfraz de clérigo ocultaba su carga mortal.
La policía lo pilló mientras se dirigía a un "apartamento secreto" en el número 420 de la calle K en el vedado, y que el buró de investigaciones ya "lo había levantado en peso". Ese día, 18 de marzo de 1958, la Habana se libró por fin de este azote que apareció muerto al día siguiente en las inmediaciones del reparto Altahabana.
Maldita Hemeroteca
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