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| Doña Manuela y al fondo la casa de Ángel Castro. // |
Muy pronto se cumplirán nueve años ya de la muerte de Doña Manuela Argiz Díaz, una de las pocos familiares cercanos que le quedaban vivo a los hermanos Fidel y Raúl Castro en Galicia. Vivía en Láncara, una aldea donde murió a la avanzada edad de 103 años. De hecho, era la única miembro de la familia "Argiz" que aún vivía en aquella remota zona.
Durante la visita que hiciera Fidel Castro a Láncara, en julio del 1992, invitado entonces por Don Manuel Fraga, presidente entonces de la Xunta de Galicia, el dictador cubano "pasó de ella olímpicamente". Debió ser porque de alguna manera conocía que la anciana le aborrecía e incluso, según publicó "El progreso", Manuela lo había dicho frente a varios periodistas en su casa.
Aquellas declaraciones que realizó no dejaban espacio a la duda. Aquella visita de Fidel Castro la recordaba con enfado y amargura. «Esa fue la única vez que lo vi. Dio unas vueltas a la casa y ni siquiera me saludó, ni a mi hermana tampoco, solo habló con otras primas de la aldea de Armea. (Se refería a Victoria López Castro).
Estaba como rodeado por un muro de hombres, nunca vi a tanta gente armada en mi vida. Habían hombres con fusiles hasta por los árboles, pero la verdad es que no me importó nada», dijo la anciana con voz firme todavía pese a su avanzada edad. En cambio recordó lo amable que habían sido con ella algunos de sus hijos, así como... "embajadores que me trataron con mucha educación».
TAMPOCO RAUL
La visita de Raúl Castro tampoco la recuerda con especial agrado. «Vino y se fue como un relámpago. Casi ni nos enteramos que había estado». Manuela no suele visitar la casa en la que nació el padre de Fidel en 1875, que para entonces seguía estando en ruinas. «Mirad cómo está ese casucho. Seguro que sus hijos viven en palacios en Cuba».
Doña Manuela recordaba perfectamente a las dos últimas personas que residieron en esa vivienda hace décadas, el matrimonio formado por Serafín y María.
Manuela Argiz había nacido un 25 de julio de 1913, en esos momentos contaba con 102 años y no esperaba poder ver a Castro en persona ni hablar con él, ni le importaba en lo más mínimo.
«La verdad es que tal y como se comportó en la única vez en la que visitó la casa de su padre, no me interesa demasiado conocerle. Si él no quiso verme será por algo y, por lo tanto, no me interesa nada saber de él». Sobre la muerte de Castro en 2016 dijo: «Me da pena, pero era algo que tenía que ocurrir.»
Y sobre la revolución Cubana, la anciana, que en vida era la vecina más longeva de la zona, le dijo a los periodistas en la puerta de su domicilio, distanciado a dos kilómetros de la vivienda de su primo: «No entiendo nada de política, ni quiero enterarme.»
A raíz de estas declaraciones, por cierto un año antes de su muerte, otras dos primas del dictador, entre ellas Victoria que sí había visitado Cuba en 1982 y 1983 procedente de Suiza, se encontraban enfermas e internadas en un asilo geriátrico. Al respecto, Victoria dijo: «Fui a Cuba bastante enferma y Fidel puso todo a mi disposición: chófer, médico, incluso una casa preciosa en en la zona de Cojímar, a la orilla del mar. Regresé nueva».
En cuanto a Manuela, que por el contrario siempre se había mantenido saludable, incluso a esa avanzada edad, afirmó sobre su buen estado: «Siempre he tenido buena salud porque me he alimentado muy bien y he tomado mucha leche». Paradójicamente la misma leche que su primo racionó drásticamente en aquella isla que arrasó por completo.
Maldita Hemeroteca

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