En 1931, el año de la República, Emelina Carreño Pareja fue elegida Miss España. O mejor dicho, Señorita España, que era entonces como se llamaba este popular certamen.
Tenía 18 años. Era una joven modistilla de Alcázar de San Juan (Ciudad Real) y durante unas semanas su rostro iluminó las portadas de los principales diarios y revistas, llegando, incluso, a mantener un romance con el maestro Domingo Ortega, el diestro a quien nadie disputó la primacía en el escalafón taurino durante la década de los años 30.
En los primeros días de enero de 1929, los españoles supieron de una curiosa iniciativa impulsada por los diarios franceses Le Journal y L'Intransigeant: organizar en una veintena de países un concurso con la pretensión de elegir a la más guapa de cada nación, que luego competiría en París por el título de Miss.
En enero de 1932, Emelina cedió el trono de la belleza española a la barcelonesa Teresa Daniel. En los 12 meses que duró su reinado muchas cosas cambiaron en nuestro país. La más importante, sin duda, fue la proclamación de la II República. Concluido su mandato, en apenas unas horas Emelina comprobó por sí misma la inveterada afición nacional de hacer leña del árbol caído.
Algunos de los periodistas que días antes la ensalzaban, ahora la criticaban. César González Ruano publicó una demoledora crónica en la que despectivamente tildaba lo acontecido como aventura folklórica, amén de evidenciar el origen humilde de Emelina y su falta de experiencia en una gran ciudad. Emelina se alejó de los focos de la popularidad.
Residiendo ya en Madrid, se le ofreció ser modelo, pero prefirió una vida más sosegada, trabajando en su oficio de costurera para la casa de modas Flora Villareal. Contrajo matrimonio con Antonio Sánchez Martínez, técnico de una fábrica de harinas, y vivió recordando su triunfo como una aventura de juventud.
El 21 de enero de 1999 falleció en la capital de España a los 87 años, sin haber tenido hijos. En La Mancha, quienes conocieron el triunfo de Emelina lo contaron apasionados a sus descendientes y conservaron durante años las postales y fotos que se hicieron de ella, para recordar siempre lo guapa que había sido la miss cuya belleza alumbró a la República.
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Una cinta con las imágenes de su triunfo quedó guardada en un cine de Alcázar de San Juan, su ciudad natal, habiendo sido ahora recuperada y digitalizada, convirtiéndose en documento excepcional de los orígenes de este concurso.
