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ISAAC PERAL UN ADELANTADO A SU TIEMPO VÍCTIMA DE LA TRAICIÓN


De un tiempo a esta parte la prensa Española se estuvo haciendo eco del submarino S-81 'Isaac Peral' de la Armada, que según fuentes del ejercito sería capaz de cruzar el océano Atlántico sin salir a superficie. Es el quinto de su clase en el ejercito ibérico.

Incluso por primera vez estaba previsto que lanzara un torpedo con carga contra un objetivo, en un ejercicio que tuvo lugar en mayo del 2025 en aguas de las Islas Canarias. El objetivo fue un barco viejo que esta listo para ser hundido. Previsiblemente los ciudadanos pudieron verlo en la parada naval que precedió al desfile del Día de las Fuerzas Armadas el 6 de junio.

Lastima o suerte, según desde la acera que se mire, que ese mismo gobierno Español no le haya dado la misma importancia a ese cacharro, cuando el ingeniero cartaginés Isaac Peral, su inventor, lo puso a disposición de la marina de guerra. Sepa que de haberlo usado, aquel paseo que se dieron los marines americanos en Santiago de Cuba en 1898, no hubiera sido tan placentero.

Mientras estuvo destinado en Cádiz, Peral encontró tiempo para diseñar un modelo que estaba propulsado por baterías. Tenía 21 metros de eslora, podía mantenerse hasta una hora a diez metros de profundad, y desde ahí disparar sus torpedos. Contaba con una autonomía de 66 horas, un radio de acción de 511 kms, tenía periscopio, aparato de puntería y un servomotor para mantener la estabilidad. En definitiva, era un arma de guerra excepcional para la época.

Las pruebas oficiales comenzaron en 1889, y pese a que todo iba saliendo a pedir de boca, aquello finalizó en lo que ha sido uno de los misterios más indescifrables de la historia bélica de España, con decir que terminó desguazado y su casco, que fue lo único que se pudo recuperar, se encontró milagrosamente guardado en un almacén en San Fernando en Cádiz. 

Una misteriosa comisión técnica presidida por el almirante José María Berenguer impidió su desarrollo y posterior entrada en combate, privando a España de un importante y desconocido medio con los que otros países, como Alemania en la segunda guerra mundial por ejemplo, sí supieron utilizar con éxito.

Los más pragmáticos consideran que fue la envidia y la miopía estratégica de la armada, mientras que otros, los más intransigentes, lo consideran todavía como una traición a la patria en toda regla. 

Según las versiones más coincidentes, todo se debió a un supuesto soborno de un traficante de armas llamado Basil Zaharoff, experto en corromper políticos y vender las mismas armas a varios países. Al parecer le había llamado la atención el submarino, y al efecto de adquirirlo le hizo a Peral varias ofertas que el militar rechazó obviamente.

Al ver que negociando con el inventor no llegaría a nada, el ruso comprendió que la única manera de apoderarse de la patente sería mediante el soborno a los políticos de la época. Y a pesar que en una de las pruebas de simulacro de ataque al crucero Colón salieron satisfactorias, nadie se explica como la junta técnica, posiblemente ya sobornada, llegara a la conclusión de que aquel submarino no servía para nada.

El informe, elaborado en septiembre de 1890 por el Consejo de la Marina y que llevó el vaticinio del almirante José María Berenguer, manifestó que el prototipo presentado por Peral no pasaba de ser una curiosidad técnica sin mayor trascendencia. Y observe que ya desde entonces la prensa de los Estados Unidos habían comenzado una operación de acoso y derribo para intentar convencer a Washington de que había que invadir Cuba.

Submarino de Peral en la exposición. 

El 11 de noviembre de 1890 el nuevo ministro conservador Antonio Cánovas del Castillo, el mismo que tras su muerte en el balneario de Santa Águeda, en Mondragón Guipúzcoa, provocara la sustitución del general Valeriano Weyler en Cuba, le trasladó a Peral un escrito donde ordenaba un inventario de todos los elementos y que fueran guardados en un almacén en el astillero gaditano de Carraca.

El ingeniero Peral pidió una licencia a la Armada que le fue concedida rápidamente el uno de enero de 1891. Al año siguiente el submarino fue despedazado de todos sus equipos, los tubos lanzatorpedos y los motores, quedando el casco vacío en el almacén antes mencionado. Tuvieron que pasar tres décadas para que en España tuvieran otro y para eso construido en los Estados Unidos en 1917, a un costo de casi tres mil cuatrocientos millones de pesetas. 

La pregunta que muchos se hicieron sobre que interés tendrían en el gobierno por torpedear un invento tecnológico tan importante como aquel, sigue estando sin respuestas. Al menos concretas. Quizás algún día un presidente de España, como ha hecho Donald Trump en Estados Unidos, decida "desclasificar" todo este embrollo.

Al final Peral murió en Berlín, Alemania, de una meningitis derivada tras una operación de cerebro, el mismo año que comenzaba el tercer alzamiento rebelde en Cuba de 1895, y que tres años después, con aquella brutal y sofisticada arma convertida en un inservible cascote, sufrieron la peor y más humillante derrota en un reino donde nunca se ponía el sol. Hoy ese casco se exhibe en el Museo Naval de Cartagena, su ciudad natal, en un área que fue bautizada con su nombre. 


Maldita Hemeroteca
Fuentes: Prensa Española