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MADRID: UNA REVOLUCIÓN DE QUINCE DÍAS


El fallecido tirano Fidel Castro fue símbolo para mucha gente en el mundo, sobre todo para aquellos que era transgresores de la ley, incumplidores, guerrilleros, prófugos, protagonistas de atentados e invasiones, en fin "gente buena" de verdad. 

Y esa malévola influencia llegó hasta España en pleno año 1990, cuando un barrio de la periferia norte de Madrid, "Cerro Belmonte" y tras amenazas de expropiación del consistorio, decidió "lograr su independencia del reino", y para conseguir su propósito no se les ocurrió mejor idea que inspirarse en la revolución Castrista.

Para ponerlo en contexto, Cerro Belmonte era un barrio de casas autoconstruidas con unos 300 vecinos, muchos de los cuales eran personas mayores que habían llegado a la capital española décadas atrás en busca de una mejor vida y que ante las dificultades para encontrar dónde vivir terminaron levantando sus propias casas. El llega y pon de toda la vida.

"Eran viviendas insalubres y sin servicios. Cavaban sus pozos, la luz la conseguían pinchando la red eléctrica o con generadores. Las construían con paredes de ladrillo y, una vez que les colocaban tejado, ya no se podían derribar porque la ley establecía que la policía no podía desalojar sin un proceso legal.

Varios integrantes de ese "llega y pon" decidieron hacer su propia revolucion a la Cubana 2:0 y buscaron la aprobación del napoleón del caribe, y como siempre este no perdió un segundo para desatar su demagogia de turno. El 26 de julio de ese año, en otro aniversario del asalto al cuartel Moncada, les dio su bendición infinita y no solo eso, a veinticuatro de ellos los invitó a visitar Cuba - a mesa puesta - para que vieran de primera mano los logros de su revolución mojonera.

Claro conociendo el paño como lo conocemos, aquello fue una movida que olía un poco mal desde el primer momento, ya que por esos mismos días un grupo de Cubanos disidentes se había refugiado en la sede diplomática de España en la Habana, en momentos en que el entonces presidente Felipe González había dicho que el régimen castrista debía transitar hacia una democracia. 

Entones el 25 de julio, los residentes de Cerro Belmonte acudieron a la Embajada de Cuba en Madrid donde entregaron una carta solicitando asilo en la isla. A partir de ese momento se sintieron respaldados por el líder de los más desfavorecidos como nunca imaginaron...  

"Estos no entraron por la fuerza, no pueden haber sido más decentes; llegaron allí, pidieron hablar, entregaron su carta, se marcharon, y aquí tenemos la carta".

Dijo el dictador que cogiendo impulso agregó:

"Estos españoles humildes, sin darse cuenta, han mostrado la otra cara de la moneda de lo que es el mundo capitalista explotador, inhumano y despiadado. 

Estos españoles humildes le han hecho un honor a Cuba con su confianza y demuestran lo que es el verdadero pueblo español: el pueblo español que luchó contra el fascismo, el pueblo español que luchó contra Napoleón, el pueblo español que luchó siete siglos por su independencia. En este momento, estos humildes ciudadanos españoles han mostrado la cara del capitalismo. 

Si desean visitar a Cuba, les damos visa y los invitamos a que visiten a Cuba. Así nos contarán su problema y nos contarán de las calamidades del capitalismo. Si desean residir en Cuba, les damos permiso para residir en Cuba.

Si quieren espacio para construir sus viviendas (…) sin cobrarles un centavo les damos el espacio y los materiales para construir sus viviendas, y les damos empleo. No podremos darles los niveles de vida que tiene la España desarrollada, pero habrá respeto, habrá dignidad.

Sus hijos y sus familiares se beneficiarán gratuitamente de la mejor atención médica del mundo y de la mejor educación del mundo, y se sentirán verdaderamente entre hermanos. Lo mismo si quieren crear una comunidad rural, les damos la tierra y todos los recursos para las viviendas y para que se organicen y la pongan a producir. Todo está garantizado".

Dos semanas después del discurso de Castro, un grupo de 24 vecinos viajó a La Habana con todos los gastos cubiertos. De hecho, se vinieron arriba y al regreso declararon un gobierno independiente, una constitución, una bandera y hasta una moneda propia.

Conclusión, el 20 de agosto le dieron un ultimátum a las autoridades municipales de Madrid, que si para septiembre no se han sentado a negociar con los vecinos, Cerro Belmonte se constituirá en un Estado independiente. ¿Los resultados de la votación?, doscientos doce votos a favor de independizarse de España y dos votos en contra. En una semana ya tenía "su gobierno" conformado, con constitución y todo.


Los vecinos también decidieron establecer su propia moneda: el "belmonteño", que equivalía a 5.018 pesetas. Incluso un grupo de rock, que por aquellos años solían salir al escenario con la cara del asesino en serie argentino plasmada en sus camisetas, les escribió un himno que en su parte más bonita y revolucionaria decía cosas como estas: "queremos pan, queremos vino, queremos al alcalde colgado de un pino". Ya sabe, lo típico de la izquierda.

Se aislaron mediante vallas, y hasta cobraban peaje a todo aquel que necesitaba "atravesar su reino". Y apretaron más la tuerca. Al ver que desde el consistorio los ignoraban, sesenta de ellos decidieron hacer una huelga de hambre. Entonces llegaron las bajadas de tensión, los desmayos, los ingresos hospitalarios, aquella gente no estaba acostumbrada a esos sacrificios revolucionarios, y entonces la cosa se puso seria. 

Al final se acogieron al buen vivir, negociaron con el ayuntamiento los precios de sus chabolas, y cada cual a su nueva casa que ya se estaba haciendo tarde. La historia, recogida perfectamente en "Disparates en la historia de Madrid" de Ángel del Río, donde relata como al final aquella independencia duró muy poco.

La parte positiva fue que al menos consiguieron que detuvieran momentáneamente el proceso de expropiación, y aquellos "revolucionarios" fueron realojados en mejores y más confortables viviendas. Entonces del tema de independencia no se habló mas. ¿Y de Castro?, menos por supuesto.


Maldita Hemeroteca
Fuente: Prensa Española
Artículo de Alfonso Mateo-Sagasta en BBC Mundo.