Cuando usted transite por esta calle, "Zulueta", una arteria ubicada en el mismo corazón de la Habana, sepa que ese nombre lo lleva por alguien que fue muy malo, malísimo, el coronel de voluntarios Julián Zulueta y Amondo pero no por esto precisamente.
Zulueta, que era vasco y había llegado a cuba procedente de la capital Vitoria, llegó a ser presidente del Casino Español, teniente alcalde municipal, gobernador político interino y varias veces y hasta prestó indudables servicios a la ciudad en asuntos de beneficencia y obras públicas.
Le digo más, desaprobó el fusilamiento de los estudiantes de medicina el veintisiete de noviembre de 1871. Pero un tiempo antes de acumular todos esos méritos que probablemente pesaron mucho a la hora de bautizar esta calle, a los dieciocho años Zulueta se trasladó a La Habana a instancias de su tío Tiburcio de Zulueta, quien lo introdujo en el mundo de los negocios.
El joven vitoriano comenzó trabajando en el giro de alimentación, pero pronto diversificó sus intereses al punto de que con el tiempo se convirtió en el mayor productor de azúcar de la isla, una industria que en gran parte se sustentaba en el trabajo esclavo. Y ya por ahí nos vamos entendiendo.Zulueta no solo heredó una parte de la fortuna y los negocios de su tío, sino que también aprovechó la coyuntura histórica de la época para enriquecerse mediante la trata de esclavos, negocio en el cual se consolidó como el líder de la oligarquía negrera en Cuba, siendo responsable de la importación masiva de miles y miles de esclavos africanos.
Estableció operaciones en Cádiz y Londres para coordinar el tráfico de esclavos, que le reportó enormes beneficios. Su imperio incluía seis ingenios azucareros, entre ellos el Central Álava*, que dependían casi en su totalidad del trabajo de los esclavos para su funcionamiento. Quizás por eso la parca se lo llevó temprano a los sesenta y cuatro años, cuando falleció en un accidente de caballo.
Debió ser por eso que alguien del Ayuntamiento de la Habana, con dos dedos de frente, acordó el veintidós de marzo de 1909 denominar esta calle "Mayor Ignacio Agramonte", en memoria del glorioso caudillo de la Guerra de los Diez Años. Sin embargo, o bien retomó su antiguo nombre, cosa que sucedía en no pocas ocasiones, o la gente por desconocimiento de la historia le siguió llamando como más le gustaba.
Maldita Hemeroteca.
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