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| Patrulla de la Guardia Civil Española de la época |
La historia de Cuba ha sido tan manipulada, que resulta muy difícil discernir entre la real o la ficticia. Por ejemplo, el 15 de noviembre de 1879 aparecía en la Gaceta de La Habana, una disposición, "Ley de 8 de enero de 1877", que adoptaba medidas drásticas contra el bandolerismo vigente en España y, que en el caso de Cuba, se hacía extensiva a las posesiones de ultramar.
El bandidismo comenzaba a adquirir auge e iría en aumento a mediados de la década del ochenta y principios de los noventa del siglo XIX, el llamado periodo entre guerras, que algunos historiadores se empeñan en afirmar que llegó a convertirse en una expresión de protesta rural de las mas importante del periodo. Nada, que se iniciaba así el mito del bandido héroe e incluso mambí.
Tan es así, que en la prensa oficialista Cubana se tiende a dibujar la imagen del bandido Cubano como si fuera un héroe, sobre todo si su actividad delincuencial se enfocara contra la metrópoli Española. Así pasa con el mas célebre y notorio de todos los bandidos cubanos, (excepto los de ahora) el señor Manuel García, que en un ejercicio de cinismo sin límites le catalogan "de patriota", cuando no solo fue un bandolero si no un despiadado asesino.
Este famoso cuatrero cubano nació en la localidad de Alacranes, provincia de Matanzas, el primero de Febrero de 1851, siendo bautizado en la iglesia parroquial de San Francisco de Paula el día cuatro del mismo mes y año, recibiendo en la pila los nombres de Manuel Hermenegildo García Ponce.
Sus padres legítimos, los honradísimos hijos de Canarias, D. Vicente García y María Isabel Ponce, residían en dicha localidad desde hacía mucho tiempo, donde se dedicaban a las labores agrícolas. Además de sus fechorías, entre las que se encontraba la extorsión, el secuestro, el robo de reses y objetos de valor, era buscado por un doble asesinato a machetazos.
En una ocasión este bandolero fue requerido por una pareja de la guardia civil, sin saber en realidad de quien se trataba. ¡Alto paisano muestre sus documentos!, le gritaron. Mientras aparentaba buscarlos sin éxito en los bolsillos de su guayabera la pareja de guardias se despreocupó un poco, momento que aprovechó para sacar su machete y, sin apenas darles una oportunidad, acabó con sus vidas a machetazos.
Su partida de bandidos estaba dividida en tres grupos, y se movía en una amplia zona que comprendía la provincia de La Habana y parte de la de Matanzas. Entre los integrantes de su banda estaban otros famosos bandoleros como su propio hermano Vicente, Sixto Varela, Gallo Sosa, Domingo Montelongo, José Plasencia, Antonio Mayor, Eulogio Rivero, Pedro Palenzuela y Andrés Santana.
| Nota de prensa de la época |
Se comentaba que era muy amigo del mayor general del ejercito libertador cubano Julio Sanguily. No en balde tanto José Martí como el general Tomás Estrada Palma no se fiaban de él ni por un segundo. De hecho, Martí se negó rotundo a compartir con él información delicada, pues corrían rumores de que era un doble agente al servicio de España y de Estados unidos por puro dinero.
Igualmente le señalaban el hacer un mal uso de los reclutas, los que utilizaba como criados para satisfacer el tremendo tren de vida que se daba en la manigua. Por indicaciones precisas de José Martí, Estrada Palma le negó su reincorporación al ejercito durante la guerra del 1895, aún así se unió en definitiva desembarcando con José Lacret por la localidad de Banes. Sin embargo, fue un hombre de gran valor que llegó contar con la confianza del mayor general Máximo Gómez en la primera de las tres guerras en que participó.
La pausa entre las guerras dio origen al auge bandoleril en los campos de Cuba
Entre los "delincuentes mambises" encontramos a Felix Gallo por ejemplo, quien al concluir la Guerra de los Diez Años organizó una cuadrilla junto a otros perseguidos por delitos criminales y se lanzaron a los campos. Utilizando el nombre de la Revolucion, exigían dinero a los hacendados y cometían todo tipo de depravaciones.
Otro, Carlos Agüero Fundora. Este había participado en la Guerra de los diez años y en la chiquita, tras la cual marchó a la emigración, regresando con una expedición el uno de abril de 1884. Para poder sostenerse en los campos tuvo que robar más de lo necesario para sobrevivir, aunque sus propósitos fuesen otros.
Tambien fueron capturados Juan Castillo - alias Juan María - y Fello Hernández, autores de varios hechos criminales como darle candela a los cañaverales de las colonias de los señores Felipe Martínez y Jose González. De hecho esta fue una práctica utilizada por el ejercito libertador contra todo aquel que no se sumara a la lucha, y de paso privar económicamente a España y sin importar el daño que hacían a los propios Cubanos "pacíficos".
Le llamaban "política de la tea incendiaria" y su creador fue Carlos Manuel de Céspedes que la puso en práctica en su propio pueblo de Bayamo. Casualmente la única casa que no se quemó fue la suya. En Puerto Principe se reportaron actos vandálicos aunque esporádicos.
En junio de 1888 encontramos los asaltos del desertor del presidio Antonio Batista junto al pardo Marcos Álvarez, los que fueron rápidamente capturados a fines del propio mes, así como la efímera vida delincuencial de Juan López, quien junto a Silverio López y Eustaquio Guillen perpetraron varios atracos entre septiembre y octubre de ese año. Por su parte en Santiago de Cuba se notificaban sobre todo hurtos de animales, incendios en fincas, asaltos y robos a cantinas, asi como saqueos a algunas viviendas, mientras que en Pinar del Rio lo distintivo fue el secuestro.
Paralelamente encontramos la actuación de las partidas de bandidos que, a partir de 1885, se hicieron sentir en los campos cubanos. Por ejemplo José Álvarez Arteaga, alias Matagás, que se estrenó como jefe de una de ellas en el mes de mayo en la zona norte de Matanzas, uniéndose poco después a otros connotados delincuentes como José Desiderio Matos, alias "El Tuerto Matos", y a su hermano Bernardo, que ya venían operando en la zona de la Ciénaga de Zapata.
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| Foto y restos óseos del bandido Manuel García en el cementerio de Ceiba Mocha en Matanzas |
En 1886 se destacó en la región habanera el no menos famoso Manuel Romero Guzmán, alias Lengue Romero, y en Las Villas encontramos a Nicasio Mirabal. En Pinar del Rio operaban Arturo Garcia, Agustín la Calle, Manuel González, Jose Álvarez, Perico Delgado, Carlos Socarras Acosta, sin mencionar otros de menor categoría o menos conocidos.
Es en 1887 precisamente, que procedente de la banda de Lengue Romero se inicia en solitario el mas emblemático de todos los bandoleros cubanos: Manuel García Ponce de León, conocido como el Rey de los campos de Cuba, mote que se dio el mismo.
De este bandolero se dijo que no exigía más dinero del que cada colono podía dar. Incluso llegó a fijar cuotas - a capricho - según la riqueza que disponían sus victimas. En una ocasión le exigió $500 pesos a un propietario, y este le aseguró que estaba atravesando por una situación difícil y que solo disponía en ese momento de $25.
Y aunque García no le aceptó, le aseguró que se informaría muy bien al respecto. Le aseguró que si realmente estaba en esa situación no lo molestaría mas, pero en caso contrario tendría noticias suyas nuevamente. Y como en efecto, al saber la verdad de aquel colono y para reafirmar su autoridad sin disminuir las simpatías de que gozaba, imprescindibles para poder sobrevivir, le cobró algunos miles pero "a plazos y con muy buenas facilidades de pago y todo".
En algunos casos si algún terrateniente le faltaba a su compromiso se le duplicaba la cuota; o simplemente el infractor, o algún familiar, era secuestrado pidiendo por su rescate una cifra mucho mayor que la pretendida inicialmente. En otras ocasiones recurrían a medidas mas drásticas, como la ensayada por el propio Manuel contra un hacendado que se negó a pagar.
A este le quemó los aparatos de pesar las cañas, prohibiéndole incluso a los demás colonos moler a ese ingenio. Por eso es que decimos que no se puede ver la actuación de estos bandidos bajo el velo del "romanticismo", ni mucho menos creer que la población colaboraba con ellos solo por sus simpatías. Esta claro que en el supuesto papel de héroes, lo que de verdad primaba era el miedo que ejercían entre los pobladores.
Es cierto que entre algunas "buenas acciones", el temor, así como el hecho de permanecer en los campos burlando la persecución española, alimentaron y afianzaron parte de esa leyenda. Incluso una parte de la prensa no escapó a esta tendencia, llegando a exaltar a los bandoleros al tiempo que criticaban la acción gubernamental.
Si tanto trabajo dio la captura del bandido Canario Andres Santana Pérez fue, precisamente, por el apoyo que recibía de la gente. Pérez llegó a ocupar un vasto territorio que iba desde Alfonso XII hasta la zona de Cabezas, en el sur de Matanzas. Las principales ciudades ocupadas, digamos sitierías, fueron las de La Lima, La Margarita (lugar muy estratégico y cercano a la capital), Casaleiz (lugar donde se situaba un ingenio demolido), El Cuzco, el Galeoncito y el potrero Valera, etc.
Lo increíble es que hoy, a más de 150 años de aquellos hechos, ese cinismo y esa doble moral se siga practicando por fanáticos que no hacen otra cosa que desprestigiar al heroico ejercito libertador. A ellos, les recuerdo que varios de estos desalmados se les aplicó el paredón de fusilamiento como un cordón sanitario. Si no vea lo que dijo al respecto el generalísimo Máximo Gómez, cuando en un consejo de guerra le aplicó el paredón de fusilamiento al general de brigada Roberto Bermúdez Ramos:
“El cubano verá en este proceso que el patriotismo debe estar hermanado con la virtud, que no basta con ser patriota y que hay que ser también buen ciudadano”.
Este Bermúdez cometió hechos de sangre y numerosos abusos y atracos, quizás motivado por un celo profesional al sentirse desplazado en un cargo que, según él, merecía y no le dieron. A la muerte de Antonio Maceo, Bermúdez reclamó el mando del sexto cuerpo de ejército, pero esa responsabilidad recayó en el también general Pedro Díaz quien inmediatamente tomó el mando, se lo envió, "muy encarecidamente" a Máximo Gómez para que tomara medidas.
Fue "El Chino Viejo", personalmente, quien dirigió el pelotón de fusileros que el doce de agosto de 1898 terminó con el problema en una llanura de santispiritus.
Volviendo al tema....
Manuel García, no el rey, si uno de los mayores bandoleros de los campos de Cuba, constituye el mejor ejemplo de esta dualidad. Este bandido tenía tanto morro que anunciaba de antemano sus acciones al Gobernador General, cumpliendo siempre su palabra sin que las fuerzas encargadas del orden pudiesen hacer algo para impedirlo. Este contrapunteo fue el que acaparó titulares - casi a diario - en los periódicos de la capital.
Sobre todos los que su editorial no era a favor de España ni mucho menos. Se comenta que mientras el Capitán General Pola Vieja se desesperaba por atraparle, el mítico bandido se presentaba en Santiago de las Vegas con apenas doce hombres - por ejemplo - y bebía cerveza tranquilamente en una bodega como respuesta al pregón por su cabeza, demostrando así quien era el verdadero rey de aquellos campos.
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| Nota de prensa de la captura muerte de Antonio Mayol |
Su figura adquirió visos de leyenda en la medida que sorteó la persecución de que fue objeto. De todas pudo salir airoso sin que las fuerzas del orden pudiesen capturarlo.
Por otro lado, los propios bandidos cubrían muchas de sus acciones con la bandera política y, según la prensa, en algunos de sus encuentros con las fuerzas españolas se verificaron gritos de "¡Viva Cuba Libre!", expresión utilizada por los mambises durante sus combates.
Algunos iban mas allá y se presentaban como soldados de la causa independentista y los mas renombrados, como el propio Manuel García, Matagás o Mirabal, se atrevían a exhibir nombramientos de jefes u oficiales del Ejercito Libertador, lo cual coincide con la supuesta amistad de este con el general Sangily y Garrite.
Tal fue el caso, que una vez llegó a enviar una carta al periódico "La Discusión" en la que dejaba entrever su relación y disponibilidad al servicio de la causa mambisa contra España, y aseguraba que tal vez algún día no muy lejano los mambises necesitarían de su ayuda para defenderse. Vaya semejante cretino.
Caso parecido el citado Matagás, que tenía una partida de treinta hombres bajo su mando, entre ellos a una de sus amantes, una mulata de nombre Longina. La Ciénaga de Zapata era su refugio. En esta misma zona actuaba tambien Regino Alfonso, Pepillo Torres, Saturnino Pérez, Antonio Pino y Ceferino Ruiz Villavicencio - alias Veguitas.
Incluso en Camaguey, entonces Puerto Príncipe, una plaza fuertemente custodiada por España, el bandolerismo conoció un auge nunca antes visto. Por su parte en Oriente lo preponderante fueron las gavillas o manojos de ladrones de poco monta, aunque en 1890 existió uno que se granjeó cierto renombre, Calixto Marcial.
Por ultimo, es bueno añadir que al finalizar la guerra en 1878, la de los diez años, muchos de aquellos mambises que lucharon con el Ejercito Libertador residían en las áreas rurales, y el sentimiento anti-español que los había hecho lanzarse a la manigua continuaba latente, a pesar del fracaso de la gesta emancipadora. De manera que cualquier acto de desacato que sirviese para ir en contra de las leyes coloniales era visto con buenos ojos.
En sentido contrario, tanto los autoridades españolas como algunos pobladores de los campos eran propensos a considerar aquel bandolerismo como parte del movimiento político que desafiaba las estructuras de poder, y por extensión la soberanía española.
Fue precisamente la lucha por la independencia nacional el trasfondo para que durante los diecisiete años que mediaron entre las las dos guerras, se considerara el bandolerismo como un acto político y se vinculara a las manifestaciones en contra del poder español.
Tal fue el caso de uno de los mas bravos mambises que tuvo aquella guerra y del que ni siquiera se habla, el general Carlos Agüero y Fundora. A él se le señalan lo menos cien atracos en la provincia de Matanzas, desde la requisitoria de caballos, dinero, armas, quemas de ingenios, caseríos, hasta combates frente a frente con los españoles y la toma de importantes pueblos de la época. Agüerito, como le decía Henry Reeve, se había sumado a la primera gesta mambisa con solo catorce años de edad.
Total, que la leyenda del bandolero insurrecto y la realidad confluyeron en el momento en que algunos de estos bandidos abrazaron el ideal emancipador, y se convirtieron en valientes soldados del Ejercito Libertador, sobre todo en la ultima guerra de 1895 y en la que el apóstol fue - como todo parece indicar - muy selectivo como lo exigía aquel sacrificio.
En cuanto a Manuel Garcia, que al parecer en Febrero de 1895 había decidido dar su paso a la manigua redentora junto a una partida de cuarenta hombres, entre los que se encontraba su hermano Vicente, el mulato Plasencia, Gallo Sosa, Asunción "La Muerte" y otros despiadados cuatreros, le dieron de su misma medicina cuando fue sorprendido en una tienda de comestibles de Ceiba Mocha (Casa Fraguela) que intentaba asaltar.
Allí, tratando de huir de un tiroteo que se generó, cayó abatido "aparentemente" por el revolver del capellán de Jaruco Felipe Diaz de la Paz, alguacil de Canasí, quien a su vez resultó machetado sin piedad por cuatro de aquellos bandidos. Lo cierto es que nunca se supo en realidad quien fulminó a Manuel García, ni incluso quien dio la orden.
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