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RESTOS DE LA ARMADA ESPAÑOLA EN SANTIAGO DE CUBA

Imagen del Infanta María Teresa en la bahía Santiaguera. Era el buque insignia de Cervera, tenía 103,63 metros de eslora y 19,8 de manga, un blindaje de 60,5 milímetros en los costados, las torres y la cubierta, y componían su tripulación un capitán de navío y 497 hombres de dotación. // 

A raíz de la declaración de guerra por parte de los Estados Unidos a España en 1898, una escuadra formada por cuatro cruceros y tres destructores, bajo el mando del almirante Cervera, fue enviada a defender los intereses de la Corona española a Cuba. 

En la mañana del 3 de julio de 1898, la escuadra española, que se encontraba bloqueada por la flota norteamericana en la bahía de Santiago de Cuba, se hizo a la mar para combatir con el enemigo. Cuatro horas después de iniciado el combate finalizaba éste con la escuadra española completamente destruida y con un saldo de 276 muertos y 151 heridos.

A estas cifras hay que añadirles los caídos el día 1 de julio en el combate terrestre de La Loma de San Juan. Los fallecidos lo fueron a causa directa del combate, impactos del enemigo, incendios y explosiones a bordo de los buques españoles; por ahogamiento en el momento de salir a la playa y por disparos de tropas insurrectas.

EL DESFILE

En la mañana del 3 de julio, la escuadra fue puesta en movimiento. A la cabeza iban el crucero Infanta María Teresa (buque insignia); el Almirante Oquendo, Vizcaya y Cristóbal Colón. A unas 600 yardas de distancia entre sí, cerrando la marcha bastante retrasados, los contratorpederos Furor y Plutón.

Precisamente Plutón fue el primero embarrancó tras ser partido en dos por un grueso proyectil, mientras que el Furor fue echado a pique por el fuego de la artillería enemiga. 

Luego de cuatro horas de desigual enfrentamiento, el combate naval dejó un saldo de 475 bajas españolas, 357 de ellas muertos, 32 a causa de las heridas recibidas, 29 por enfermedad, 15 por causas no determinadas y uno por suicidio.

Por otro lado, una vez terminada la toma de Santiago y rendición de España, las cifras más conservadoras apuntan alrededor de 600 muertos por la parte española, 250 por la norteamericana y 100 por la cubana.

Los norteamericanos, en cambio, sólo tuvieron un muerto y 3 heridos. Probablemente sea ésta la única acción en la historia de los combates navales en que un adversario resultó totalmente aniquilado, pues ninguna de las seis unidades de la infortunada escuadra española logró escapar.

Con ella quedó sellada la suerte de la ciudad de Santiago de Cuba y así, la de la guerra. A continuación el artículo brinda la situación como fueron destruidos, así como los lugares donde se encuentran los pecios tras 127 años después.

FUROR 

El Furor se encuentra hundido frente a la playa de Mar Verde próximo a la bahía de Cabañas y cerca de Santiago de Cuba, casi a media milla de la costa aproximadamente entre 24 y 27 metros de profundidad.

Es el pecio de los barcos de Cervera más próximo a la ciudad de Santiago de Cuba; se encuentra aproximadamente a unas 6 millas náuticas en línea recta de la bocana de la bahía santiaguera en dirección oeste.

Furor.

El pecio yace sobre un fondo arenoso con bastantes formaciones coralinas o cabezos, tal como se les denominan en Cuba, en un área de unos 200 metros cuadrados. El navío estalló antes de su hundimiento por lo que en el fondo no se encuentra la típica silueta de un pecio. La estructura externa, simplemente, no existe. 

Se ha de tener en cuenta que este tipo de navíos su principal virtud era la gran velocidad que podían alcanzar, hasta 29 nudos, pero su talón de Aquiles era la falta de coraza lo que les hacía muy vulnerables a la artillería enemiga.

El buque fue alcanzado y acabó explotando. Está divido en tres partes perfectamente diferenciadas; la proa, el centro del barco, siendo la parte más espectacular del pecio sus enormes calderas Normand, y la popa.

El pecio se encuentra más o menos paralelo a la costa y se pueden ver con facilidad, diseminados cerca de él, restos de proyectiles de mediano calibre de sus cañones de tiro rápido, algunos de ellos en perfecto estado de conservación y restos metálicos de lo que seguro fue su estructura.

Están documentados los hallazgos de restos arqueológicos de la que fue la cubertería y la vajilla, así como infinidad de restos de madera, principalmente de sus mamparos interiores muy deteriorados por la acción del parasito marino conocido como teredo.

Antes del azote de los ciclones Dennis (2007) y Sandy (2012), que provocaron cambios en la posición de algunos fragmentos como partes de la arboladura, balaustres y jarcias, se podía apreciar con mucha claridad la dispersión provocada por la explosión: 

Las estructuras más o menos pesadas quedaron en la línea imaginaria de la crujía y, dispersos hacia el exterior, los fragmentos más ligeros proyectados por la onda expansiva. Otras evidencias de la explosión son las piezas fragmentadas de artillería de mediano calibre, lo que no se aprecia en ninguno de los demás pecios. 

En los últimos tiempos ha sido sometido al expolio por parte de buceadores locales como foráneos. La acción antrópica ha sido una constante tanto en este pecio como en los demás pertenecientes a la escuadra española, principalmente por estar embarrancados muy cerca de la costa y a poca profundidad. 

CAZATORPEDERO PLUTÓN. 

Aquí un extracto que explica como el Plutón embarrancó contra las rocas ya sin gobierno, y en qué situación quedó para que hoy se conserven muy pocas evidencias bajo el agua.

(…) Consideré que el buque no podía tardar en sumergirse y traté de embarrancar en un pequeña playa que tenía próxima; mandé meter sobre estribor y entonces noté la falta de gobierno, por haberse inutilizado el servomotor y roto uno de los guardines; continuó el buque su marcha avante y embistió contra las rocas, destrozando por completo su proa. 

 (…) Llamé a la canoa que con algunos hombres iba a tierra y embarcando en ella pude tomar las rocas, sintiendo a poco una explosión y minutos después el buque quedaba sumergido hasta la cubierta.

Cazatorpederos
Plutón.
Basándonos en las explicaciones dadas por el teniente de navío Pedro Vázquez, puede deducirse que el Plutón también acabó explotando, pero con menor intensidad que el Furor, hundiéndose de una pieza en un fondo similar al de su calado, siendo visible sólo su cubierta tras el combate naval.

El tiempo y los temporales se encargaron de destrozar totalmente el pecio que durante el combate de Santiago recibió fuego procedente del poblado Cinco Reales. 

A las 10:45h. recibió un proyectil de grueso calibre a bordo que atravesó el sollado de marinería, con lo que se produjo una inundación que hizo aproar el buque. Otros proyectiles destrozaron las calderas de proa que explotaron y el pañol de municiones de la cámara del comandante.

Ante las averías sufridas, se ordenó meter a estribor para embarrancar el buque en una playa, pero éste no respondió al timón y así fue a embarrancar contra unas piedras. Al poco tiempo sufrió una explosión que causó su hundimiento.

LOCALIZACIÓN

El Plutón se encuentra delante de un pequeño promontorio rocoso tocando la línea de la costa, entre la playitas de Buey Cabón y Rancho Cruz, donde embarrancó, próximo al pecio del Furor. Debido a la poca profundidad y a los desafíos del mar Caribe ya de este pecio no queda nada como tal, sino algunos restos de sus máquinas, bielas, toberas, proyectiles.

Tambien se encuentran dispersado por el fondo uno de los condensadores de vapor de sus potentísimos motores y un sin fin de restos metálicos de lo que fue la estructura de aquél veloz destructor. Su acceso hasta él por tierra es muy complicado porque está hundido frente a una zona rocosa batida constantemente por el mar

EL INFANTA MARIA TERESA

El primer buque español que cayó fue el Infanta María Teresa, pasadas las diez de la mañana, tras haberse enfrentado valientemente a la escuadra enemiga. “Un proyectil de los primeros le rompió un tubo de vapor auxiliar –cuenta el informe redactado por Cervera–, por el que se escapaba mucho, que nos hizo perder la velocidad con que se contaba”. Nuevos impactos siguieron.

Quedó reventado un tubo de la red contraincendios, herido el capitán Concas, e hicieron explosión los proyectiles de 57 mm que, según el parte del propio Cervera, que se guardaban en su cámara, provocando un incendio que no pudieron controlar. 

Entonces, nuevamente en palabras del propio almirante, que había tomado el mando directo de la nave: “Comprendí que el buque estaba perdido y pensé desde luego en dónde lo vararía para perder menos vidas, pero continuando el combate en tanto que fuera posible”.

Infanta María Teresa.

Comandado por Víctor Concas, el María Teresa gozaba de gran autonomía y velocidad, así como un poderoso armamento, combinación de factores que les hacían muy superiores a los cruceros protegidos de la época, era el preferido de los norteamericanos para llevárselo como botín de guerra, al existir posibilidades de recuperarlo. 

El Teresa fue embarrancado a las diez y cuarto de la mañana. Varó de proa sobre la costa, y a unas 8 millas de la boca de la Bahía de Santiago. Quedó tocando el fondo con la proa sobre los corales del bajo Diamante.

El buque había sido incendiado, el palo trinquete fue abatido por la fogonadura como consecuencia de un impacto directo del fuego enemigo y presentaba 33 impactos más de artillería de diversos calibres, entre ellos tres, al menos, de 203 mm.

El fuego había devorado cámaras, camarotes, el forrado de la cubierta superior y la de botes, que eran de teca, y había perdido –como sus hermanos- las hermosas piezas de mascarón, que eran el emblema de los Borbones, a proa y el escudo de España a popa, con toda su ornamentación de lambrequines.

Concluido el combate, el Teresa fue inspeccionado por los ingenieros de la US Navy, que recomendaron su salvamento. De los tres cruceros gemelos, era el que en mejor estado se encontraba; sus calderas y pañoles no explotaron. 

 REFLOTADO DE SANTIAGO 

El buque fue reflotado el 25 de septiembre con un coste de 100.000 dólares, después de un mes de trabajos efectuados por la compañía norteamericana Merrit-Chapman Derrick Wrecking Company, bajo la supervisión de oficiales de la US Navy, y remolcado hasta la bahía de Guantánamo, con el fin de preparar su traslado a los Estados Unidos. 

Allí, en Guantánamo, fue sometido a labores de limpieza, reparación de las vías de agua, desmontaje de algunas de sus piezas de artillería y retirada de munición. Identificado como P-1, salió con destino a la base de Norfolk, para continuar luego a Charleston y Nueva York, llevando una tripulación de 122 hombres con el ánimo de incorporarlo a la US Navy o, en su defecto, convertirlo en trofeo de guerra. 

EL ANCLA

En Cuba puede verse aún, y a poca profundidad, una gran ancla de almirantazgo que, con toda probabilidad, perteneció a este barco que quedó desprendida y olvidada frente a la playa de Nima-Nima. 

En el curso del viaje a remolque del USS Vulcan, bajo una fuerte tormenta tropical, se rompió el cable desapareciendo, y dándosele por perdido, pero unos días más tarde, el 1 de noviembre, el crucero apareció embarrancado en Cat Island, un arrecife coralino, cercano a Nassau, en el cayo conocido por Punta Pájaros, capital del archipiélago de las Bahamas, perdiéndose totalmente pese a los esfuerzos por reflotarlo nuevamente, desguazándose los restos in-situ.

ACORAZADO ALMIRANTE OQUENDO 

Durante la batalla del 3 de julio en Santiago, el Oquendo fue el cuarto barco en salir. En ese momento el USS Iowa, el USS Oregon y el USS Indiana habían avanzado su posición, teniendo en la línea de tiro toda la boca de la bahía de Santiago.

Esto provocó que sobre el Oquendo cayera todo el fuego concentrado de los tres acorazados, siendo destrozado incluso antes de salir por completo. Recibió 43 impactos de los cañones de 57 mm del Iowa, por lo que la mayor parte de los marineros en las cubiertas superiores fueron muertos o heridos.

El Oquendo también sufrió el fuego de los cañones más pesados de la flota norteamericana, incluyendo tres impactos de 203 mm (8 pulgadas), uno de 152 mm (6 pulgadas), un impacto de 127 mm (5 pulgadas) e impactos de 102 mm (4 pulgadas).

Uno de los impactos de 203 mm reventó debajo del cañón de la torre de proa, inutilizando esta y matando al oficial y a todos los sirvientes. El buque quedó varado a distancia de 10 ó 12 millas, aproximadamente, de la boca del puerto de Santiago de Cuba.

Acorazado Oquendo.

Abrumado por el fuego enemigo el Oquendo se perdió a una milla escasa al Oeste del Infanta María Teresa, después de encajar 61 impactos y rendir los dos palos, abrió sus válvulas de fondo embarrancando cerca de la playa escorado con el agua por arriba de su línea de flotación, y asentándose sobre la banda de babor.

Había embarrancado a las diez y veinte de la mañana, es decir, cinco minutos después de que lo hiciera la insignia del almirante y a muy corta distancia del mismo, quedando adrizado y con el agua poco más arriba de la línea de flotación.

Los escudos de Guipúzcoa –a proa- y de España –a popa- también se desprendieron del casco, y tenía abiertas todas las válvulas de fondo, por lo que su reflotamiento era prácticamente imposible. 

LOCALIZACIÓN DEL OQUENDO

El pecio del almirante Oquendo se halla frente a la playa de Juan González a unos cien metros de la orilla y a una profundidad de entre 8 y 14 metros. Se encuentra orientado norte sur a unas 10 millas náuticas de Santiago de Cuba y emergen casi en su totalidad el cañón González Hontoria de 280 mm. de proa y parte del de popa. 

Restos de la torreta del Oquendo
Bahía de Santiago de Cuba en la actualidad. 

El estado general del pecio es considerablemente bueno, a pesar de la poca profundidad a la que se encuentra ya que está sometido a la presión de los rompientes de los temporales. Se puede ver casi toda su eslora de 103 metros de longitud y se encuentra apoyado en su quilla sobre un lecho de arena y piedras.

Se aprecian los daños producidos en su estructura por algunos de los impactos producidos por la artillería enemiga. La visión de los bloques de toberas ayuda a localizar con absoluta nitidez cada una de sus enormes calderas que emergen por encima de la cubierta debido a su colapso sobre el resto de la estructura. Destacable, también, es la visión de una de sus enormes e impresionantes bielas.

Se aprecia aceptablemente el ancla y varios grilletes de la cadena. La cofa con su mástil, que se hallan sobre el fondo arenoso en la banda de estribor junto al pecio, están en buen estado de conservación.

Teniendo en cuenta la proximidad de la costa el buceo del Oquendo se puede afrontar de dos maneras, de infantería o desde una embarcación, siendo la segunda la mejor opción ya que a veces el estado del mar dificulta bastante la entrada a pie dado su fondo pedregoso. 

CRUCERO VIZCAYA 

El Vizcaya fue la segunda nave en salir del puerto el 3 de julio de 1898. Sufriendo el fuego americano durante la batalla de Santiago, encajó 4 obuses de 203 mm, 9 de calibre medio y 12 de calibre ligero. El capitán Antonio Eulate encalló el Vizcaya en las rocas cerca de Aserradero, en las cercanías de Santiago y se entregó para evitar mayores pérdidas de vidas de su tripulación.

Crucero Vizcaya.

Después de encajar 24 impactos que le ocasionaron la explosión de las calderas y pañoles, el Vizcaya enfiló hacia la costa desgarrándose el casco y ardiendo, varando en la playa de Aserradero ligeramente escorado hacia estribor, al pie de Sierra Maestra, a unos 100 metros de tierra.

Tuvo oportunidad de lanzar al agua dos botes con los que se pudo salvar parte de la dotación, unos hacia tierra firme, y otros en un pequeño arrecife próximo, siendo hechos prisioneros por las lanchas norteamericanas enviados en su búsqueda.

Varado a las once y cinco resultó muy dañado por la explosión de las calderas, pañoles y la cámara de torpedos de proa, que desgarró el casco. También perdió su mascarón con el escudo del señorío vizcaíno. Su salvamento era imposible.  

Cuando el capitán Eulate fue traído herido a bordo del USS Iowa, echó un vistazo a su navío ardiente, y levantando la mano en saludo dijo: "Adiós, Vizcaya". Como si fuera una señal, el compartimiento delantero del crucero estalló en cuanto las palabras salieron de sus labios.​ La inspección norteamericana lo declaró pérdida total.

LOCALIZACIÓN DEL VIZCAYA 

El pecio del Vizcaya se encuentra frente a la playa del Aserradero como a una media milla de la costa y a unas 18 millas náuticas de la ciudad de Santiago de Cuba. Desde la orilla del mar o pasando por la carretera que bordea la costa al llegar al poblado del Aserradero puede observarse muy a lo lejos uno de los dos cañones González Hontoria que montaba el Vizcaya, al igual que sucede en el pecio de Juan González, pero a bastante mayor distancia de la playa.

Está incrustado en arrecife paralelo a la costa, la profundidad y las características de su buceo son muy parecidas a las del Oquendo, pero éste tiene la singularidad de formar parte del arrecife coralino. Sometido a fuertes temporales y al no estar al abrigo de la costa se encuentra más deteriorado que el del Oquendo.

Se puede recorrer su cubierta colapsada a lo largo de toda la eslora, por lo que no es posible bucear en el interior del pecio, pero sí se pueden apreciar las varengas de su coraza de acero, sus calderas reventadas por la acción del mar y del tiempo y una de sus enorme anclas de almirantazgo de la que cuelga una cadena de inmensos grilletes y, al igual que en el Oquendo, localizar los impactos de la artillería estadounidense.

Los norteamericanos, ansiosos con hacerse con algún trofeo, rescataron en 1899 uno de los cañones tipo González Hontoria de 140/35mm., que puede contemplarse hoy en los jardines de la Academia Naval de Annapolis, en Maryland.

CRUCERO CRISTÓBAL COLÓN 

Fue el ultimo en caer. A la una de la tarde empezó a bajar la presión de las calderas de 85 a 80, empezando por tanto, a ganarme en andar el Oregón, que poco tiempo después rompió fuego contra el buque con sus cañones de caza de grueso calibre, al que solo pude contestar con disparos del cañón 2 de la batería, guiñando al efecto lo necesario, aunque esto acortase la distancia.

En vista de esto y vista la seguridad absoluta de ser apresado por el enemigo, de acuerdo con V.E., resolvimos embarrancar y perder el buque y no sacrificar estérilmente las vidas que se habían batido con valor heroico, disciplina y serenidad (…). Se hizo proa al río Turquino, en cuya playa embarranqué, con velocidad de 13 millas a las dos de la tarde.

Crucero Cristóbal Colón. 
Ya varado el buque y reunidos los Jefes y Oficiales, todos manifestaron su conformidad a lo hecho, por comprender que de seguir, aunque no fuera más que momentos, corría inminente peligro de caer en poder del enemigo y ser un trofeo de guerra que era necesario a todo trance evitar. 

Lanzado a toda marcha, el Colón fue disminuyendo su velocidad al consumir todo el carbón de calidad, sin poder responder a sus perseguidores; viendo la situación su comandante decidió vararlo frente a la playa del río Turquino, después de abrir todas válvulas de fondo (kingstons) con el ánimo de hundirlo antes que rendirlo; embarrancó en poca agua ligeramente escorado hacia estribor, abandonándolo su dotación.

En el combate tuvo un muerto y 25 heridos. Ocupado el crucero la misma tarde del 3 de julio, el buque se convirtió en un preciado trofeo de guerra, comenzando inmediatamente los trabajos de reflotamiento se llevaron a cabo desde el yate armado USS Vixen por la popa, al tiempo que el crucero USS New York removía el fondo con su espolón.

De esa manera consiguieron reflotarlo a la mañana siguiente y cuando comenzaba la operación de remolque, el Colón inesperadamente dio la voltereta y zozobró por falta de estabilidad, tumbándose completamente sobre el costado de estribor apuntando al cielo toda la batería secundaria de babor y su hélice.

Considerado irrecuperable, con el correr de los días fue lentamente expoliado, siendo sus restos los primeros en desaparecer de la vista. También recuperamos un extracto de la crónica que realizó el comandante del Infanta María Teresa, Víctor Concas que resulta muy clarificadora de por qué el Colón finalmente no se convirtió en trofeo de guerra y su pecio se quedó para siempre hundido en la playa de la Mula

Si el almirante Sampson, con más espíritu marinero, hubiera mandado que los buzos cerraran las válvulas, habría salvado al crucero con toda seguridad. En cambio la febril impaciencia le dio remolque con el propio New York, de su insignia, y apenas el buque fue recibiendo agua, comenzó a inclinarse.

En ese momento, con gran habilidad y con el espolón de su propio buque, empujo de nuevo al Colón hacía la arena; pero ya era tarde y acabando de dar la vuelta el noble y desgraciado crucero, se hundió en el mar para siempre, salvándose a toda prisa los pocos americanos y españoles que había dentro.  

LOCALIZACIÓN DEL COLÓN

El pecio del Colón se encuentra al oeste de la desembocadura del río Turquino a unas 48 millas náuticas de la bahía de Santiago de Cuba y a unos 64 metros de la costa en el entorno del asentamiento La Mula, al Oeste de la desembocadura del Río Turquino y a unos 80 metros del litoral y entre 12 y 37 metros de profundidad.

Yace sobre un lecho de arena siendo su estado general bueno, a pesar de los casi 127 años transcurridos desde su hundimiento. La profundidad ha protegido al Colón de la erosión de los rompientes. Su superestructura ha resistido el paso del tiempo y los huracanes, seguramente al estar construido en acero níquel, que le ha hecho menos vulnerable que los otros navíos, sus compañeros de infortunio.

Gracias a los 30 cm de espesor de acero inoxidable de su coraza, ha evitado que colapse su cubierta y es posible apreciar las numerosas escotillas, piezas de artillería Armstrong de 152 y 120 mm y también algunos cañones de tiro rápido Nordenfellt de 57 y 37 mm y munición del calibre 7,62 para el fusil Mauser, modelo 1893; algunas de ellas dispuestas perfectamente en peines de cinco unidades.

El mayor atractivo de este buque es, sin lugar a dudas su bodega repleta de munición, en la que los proyectiles, en su mayoría, se guardan en peines de cinco o seis. Hay, literalmente, miles de casquillos de latón dispersos por el lugar. El recorrido continúa pasando la chimenea en dirección a la proa, parando para contemplar uno de los cañones de cubierta de 6 pulgadas, cubierto de coral.


Maldita Hemeroteca 
Fuente: Información tomada de la web almirantecervera.com Condensado del artículo "Los pecios españoles de la guerra hispano - norteamericana de 1898 en Santiago de Cuba".