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EL DESASTRE PATRIMONIAL CUBANO


Hace poco leímos que una tarja de bronce que contenía los treinta nombres de las ilustres familias canarias que fundaron la zona donde esta enclavado el "Parque de los Chivos" desapareció como por arte de magia. Su destino, nadie lo sabe. 

Por llevarse se llevaron hasta la del inmortal pelotero Martín Dihigo, que se hallaba en la Calzada que lleva su nombre, y que brinda acceso al estadio Victoria de Girón en Matanzas. Hubo que hacer una copia. Es que no se tienen datos exactos de la cantidad de edificaciones catalogadas o no como patrimonio histórico, que se destruyen como consecuencia de falta de gestión de las autoridades del régimen Castrista para su conservación.

Muchas de estas construcciones se han ido deteriorando con el paso del tiempo y hoy presentan graves afectaciones en sus fachadas y estructuras con peligro de colapsar, como esa foto de arriba tomada por Cubanet, de lo que un día fue una famosa Quinta que derivó -para su desgracia- en el museo de la barriada del Cerro en la Habana.


Por otro lado su desaparición es otro de los lastres, nadie sabe el paradero de pedestales como los de las estatuas del presidente Alfredo Zayas (1921-1925), la del almirante Cristóbal Colón y el fantasioso Bartolomé de las Casas, su majestad Carlos III y hasta la del músico austríaco Johann Strauss.

Nadie sabe a donde fue a parar la estatua de nuestro primer presidente, D. Tomás Estrada Palma o el Águila del monumento erigido a las víctimas de la explosión del buque “Maine”, el detonante de la guerra entre España y Estados Unidos en 1898. ¡ Del diamante del Capitolio nadie habla!. Y ya no hablemos de la brutal profanación de las tumbas, el robo del mármol, del bronce de los monumentos fúnebres de los cementerios.

Ni sabíamos que la arquitecta Perla Rosa Rosales Aguirreurreta, la hija del general castrista Ulises Rosales del Toro, en la imagen con la princesa británica Camila - la Duquesa de Cornueilles - de visita entonces en la Habana, era la nueva "historiadora capitalina".

Portal interior del museo del Cerro / Cubanet.

No hay más que ver las lamentables condiciones en que se encontraba el año pasado el museo de la localidad Habanera del Cerro, vivienda del siglo XIX que perteneció a Wenceslao Villalta, Marqués de Villalta, y luego al empresario azucarero Guillermo Bonnet, así como varios de sus familiares como Carolina Zayas Bonnet y Adriana Sánchez Bonnet, quienes salieron de Cuba en 1980. 

No se que diría hoy el gran historiador de la Habana, D. Emilio Roig de Leuchsenring, un hombre que en el tiempo que le tocó vivir no le hizo asco al castrismo por cierto, de este desastre que está sufriendo el patrimonio Cubano por el que tanto abogó y el de Cuba en general.

Maldita Hemeroteca