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CALLE PRADO: LO QUE UN DÍA FUE Y LO QUE QUEDA


Esta alameda, construida en 1772, se nombró Nuevo Prado o Paseo. Se llamó Calle Ancha desde la Calzada del Monte al Arsenal, por el ancho considerable que tenía este tramo. Por acuerdo del Ayuntamiento de siete de noviembre de 1904, recibió esta calle el nombre de Paseo de Martí, por tratarse del máximo Apóstol de las libertades cubanas.

El Marqués de la Torre no solo construyó la Alameda. También en 1772 dio inicio a las obras del Paseo del Prado, mejorado y embellecido luego por los gobernadores que lo sucedieron en el Gobierno. Era el del Prado un paseo de extramuros, que corría paralelo a las Murallas.

Habitualmente se le ha llamado Paseo del Prado o Prado, a secas, nombre este que obedece al parecido del Paseo habanero con el madrileño que corre entre la fuente de Cibeles y la estación ferroviaria de Atocha, en la capital española. Muy conocida por su paseo peatonal centrado, sus arboles, sus bancos y sus leones de bronce. Una de las más conocidas de toda Cuba, si no la más. 

Según un articulo del historiador Luis Bay Sevilla, "La Calle del Prado en el siglo XIX", fechado en abril de 1947, en el año 1776 el Cabildo habanero acordó establecer el alumbrado público con velas de sebo, pero como era mucho el gasto de las velas, decidió en 1800 que lo costearán los propietarios, pero en los recibos por concepto de contribuciones por fincas urbanas seguía leyéndose esta frase: 

Por alumbrado público... tantos pesos, que había que pagar al hacerse efectivo el impuesto trimestral. En el año 1832 quedó inaugurado el alumbrado de las calles de Reina y Prado y seis años después se extendió a la parte de extramuros. El de gas fue establecido por el Ayuntamiento de La Habana en el año 1846. 

Final de la calle Prado coincidente con la punta del Castillo del Morro. // Foto: Vilma Rosales. Diario de Cuba.

El gobernador general de la Isla, don Mariano Ricafort, al comenzar su gobierno, inauguró en la noche del 24 de diciembre de 1832 el alumbrado público en el tramo de la ciudad comprendido entre la estatua de Carlos III en el Paseo de su nombre, hasta la Fuente de Neptuno, es decir, toda la Calzada de la Reina, que entonces se nombraba de San Luis Gonzaga, el Campo de Marte y el Paseo de Isabel II o del Prado, hasta la calle de Neptuno.

Los primeros tranvías que existieron en La Habana eran tirados por tres caballos y tenían su estación terminal en la Plaza de San Juan de Dios, frente al edificio que ocupara la antigua Diputación Provincial. En aquellos lejanos días (1880 al 85) los "carritos" en su viaje de subida salían de Empedrado y Aguiar, tomaban por esta calle a la de Chacón, seguían por Colón y doblaban por Prado acera de los nones, junto a los árboles.

Llegaban hasta el Parque Central, continuando su recorrido por Neptuno, Consulado, San Rafael, Galiano y Reina. Los de la línea del Príncipe continuaban por Carlos III hasta el Paradero, y los que iban para el Cerro la Calzada del Monte, al llegar a Belascoain doblaban por esta calle, tomando los del Cerro la Calzada del Monte y los otros la de Cristina, hasta sus paraderos.

En 1902, con la intervención norteamericana, se llevó a cabo su reconstrucción. De este modo se vinculó al Parque Central y dejó sus secciones bien definidas: una zona arbolada peatonal con calles laterales; una zona vial con parqueo y la plazoleta de la fuente de La India en uno de sus extremos.

Leones del Prado
El Gobierno del general Wood dispuso suspender el tránsito de tranvías por la calle del Prado, continuando entonces las paralelas al llegar a Zulueta por esta calle y tomando después la de Neptuno, para continuar su primitivo recorrido, que se advertirá, era en sentido inverso al que siguen actualmente los tranvías. Luego, en 1928, se remodeló adquiriendo la apariencia que hoy tiene, o más bien lo que queda. 

LOS LEONES DE MACHADO. (Otra vez Machado)

El proyecto, que corrió a cargo de los talleres de Obras Públicas de la ciudad, contempló la colocación de los famosos leones. El Dr Carlos Manuel de Céspedes, ministro de Obras Públicas del entonces presidente Gerardo Machado, encargó la creación de los leones al escultor francés Jean Puiforcat y al también escultor cubano y experto fundidor de bronce Juan Comas.

Sin embargo al final fue el fundidor habanero Emilio Vizcón Hernández quien llevó a cabo la obra que abarcó ocho felinos de hermosa melena. Por cierto, Vizcón fue el que fundió el conjunto de venados del parque zoológico de 26, una obra de la escultora Rita Longa.

Igual le colaboró en la fuente de la virgen del camino, zona preferida de la emigración Leonesa. De hecho, ese nombre proviene de un café muy popular de la zona de San Miguel del Padrón, en el lugar que entonces era conocido como El Luyanó, por el río que lo fertilizaba.

La idea de esta fuente, donde se supone confluyen todos los caminos de la Habana, proviene de que en León, zona al norte de España, desde 1505 existe la leyenda que a un pastor se le apareció la virgen. Con los años, en 1961, culminó la fabricación de una basílica que lleva el nombre de esta patrona de los Leoneses, "La Virgen del Camino", y que celebran del 11 al 15 de Septiembre.