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EL PASADO ESCLAVISTA DE DON MARIANO MARTÍ.


En Internet existen varias reseñas que apuntan a que la familia de José Martí utilizó mano de obra esclava para su servicio domestico. La historia de D. Leonor Pérez Cabrera y Don Mariano Martí y Navarro, está marcada por historias de este tipo que son un tanto desconocidas. 

Por ejemplo... 

¿Sabía usted que los padres del apóstol tenían esclavos a su servicio?. Fue en una etapa en que el matrimonio vivía en la calle San José de los Sitios N° 56 o la de Industria No 32, entre los varios lugares donde vivieron en la Habana. Incluso hay una teoría que plantea que los vendieron, pero la realidad fue que aquellos torcedores de tabaco pusieron pies en polvorosa cuando la familia se encontraba de visita en Europa.

Y aunque se trata de un tema que en aquellos tiempos podría ser un estilo de vida "anormalmente normal", e incluso siendo una etapa de niñez y juventud del apóstol, el castrismo se ha cuidado mucho de mencionarlo siquiera. A los dioses del Castrismo, ni con el pétalo de una flor.

Vaya por delante que en aquellos tiempos era habitual, digamos así, que un matrimonio de estatus medio comprara un par de esclavos para que le ayudaran, o bien con las tareas de la casa o para que aportaran a la economía del hogar, como fue en este caso. Siempre los hubo, y con el tiempo se convirtieron en empleados domésticos asalariados, e incluso los hubo blancos al servicios de comerciantes negros.

Es cierto que en la mayoría de los relatos sobre la vida de José Martí se alude al trauma de haber sido expuesto en su niñez al espectáculo de la violencia de la esclavitud, e incluso se planeta que fuera esta una de las motivaciones de su compromiso posterior con una agenda política libertaria, pero por otro lado el lector ha de saber que en esa etapa de su infancia la esclavitud era ubicua, como asegura este artículo de la revista de Indias, fuente de este trabajo.

La economía cubana giraba alrededor de un modelo de explotación intensiva de trabajo forzado que infligió sufrimiento a cientos de miles de víctimas. Es más, la narrativa biográfica intenta subrayar que Martí provenía de una supuesta pobreza, lo cual es totalmente falso. Si bien no era una familia de potentados ni nada por el estilo, pero de ahí a ser había un buen trecho.

Y el tema es que en estas fuentes hay evidencias de sobra sobre el uso del trabajo forzado por parte de sus padres, sobre todo de Don Mariano, un artillero valenciano humilde que había llegado a Cuba por abril del año 1845 con los grados de sargento del ejército español, del que fue licenciado de ese mando en 1855, que para sostener a la familia se vio obligado a explorar la barbarie del esclavismo y su tráfico ilegal.

A fines de 1857, cuando Martí estaba por cumplir cinco años, para dar cumplimiento a una real orden que exigió del capitán general “una relación circunstanciada del número de esclavos existentes en cada tenencia de gobierno de la isla”, se prepararon y enviaron a Madrid padrones que listaban los esclavos rurales y urbanos de cada jurisdicción de la isla.

Las cifras del censo arrojaron que a inicios de 1858 existían en Cuba 372.510 esclavos en manos de 51.245 propietarios. Más del 80 % de los cautivos se concentraban en empleos agrícolas, la mayoría de ellos en haciendas azucareras y eso que con tal de evadir impuestos la mayoría de esos estimados eran menores que la cifra real de esclavizados, sin contar que miles de ellos habían entrado a la isla a través del contrabando.

Para el caso de La Habana, el padrón registró la existencia de cerca de 30 mil esclavizados (entre urbanos y rurales), en una ciudad que a fines de 1857 tenía algo menos de 150 mil habitantes. Los comisarios de policía de los seis distritos de la jurisdicción remitieron relaciones que incluían los nombres de los aproximadamente 10 mil hombres y mujeres residentes en la capital, a los cuales se les habían expedido cédulas de esclavos junto al número y el sexo de sus víctimas.

En uno de esos padrones, conservado en el Archivo Histórico Nacional en Madrid, aparece consignado el nombre de Don Mariano Martí, residente del tercer distrito, como el propietario de dos esclavos urbanos de sexo masculino. Él, no tan humilde padre del apóstol, como se le suele describir, se encontraba entonces en un grupo relativamente selecto que poseían más de ocho.

Es más, y esto puede que sorprenda a muchos de los lectores, al menos dos de las víctimas de Mariano Martí aprovecharon la ausencia del amo en Europa para escapar. Estas fugas ocurrieron el 25 de diciembre de 1857, cuando la familia de Martí celebraba la Navidad y el reencuentro familiar en Valencia.

Así consta en la sección de anuncios de esclavos fugitivos que el Diario de la Marina publicó, y que hace referencia a la noticia de que el negro José Marí se encontraba prófugo de la casa de Industria No 32, donde vivía la familia entonces en la Habana. Los datos aportados decían que el pobre José María era de nación gangá, “como de 26 años”, de cinco pies de estatura, barba clara, envuelto en carnes, y de oficio tabaquero. 

El anuncio agregaba... “Suele andar vendiendo dulces por la calle y no lleva licencia, a menos que la tenga falsa”.

Pero hay más...

No solo el esclavo José María escapó, un segundo anuncio publicado en el mismo Diario en su edición del 21 de abril de 1858, evidencia que otro esclavo propiedad de la familia, “el criollo Andrés González, de cinco pies, delgado, con barba y muy picado de viruelas, contaba con matrícula para andar en volantas de alquiler también se había dado a la fuga”, con lo cual pasaban a ser objetivo del cimarronaje urbano, la mayoría en el servicio doméstico.

La dirección listada en ambos anuncios publicados por el propio Mariano Martí, ofrecía un rescate por la captura de José María y de Andrés González de Industria n.º 32, entre Genios y Refugios, en el tercer distrito (extramuros), identificada como una de las viviendas en las que habitó Martí de niño.

Aunque en las biografías martianas se menciona esa residencia como el lugar donde la familia se instaló a raíz de su regreso de España en 1859, tanto en las pólizas de seguros adquiridas por Mariano en 1857 como en los anuncios de esclavos prófugos publicados en 1857 y 1858, aparece referida la dirección de la calle Industria, lo que indica que la vivienda se encontraba desde fechas en manos de miembros o allegados de la familia Martí, que posiblemente se quedaron a cargo de los negocios de Mariano durante su ausencia en España.

No conocemos con certeza si a su regreso de Europa, en junio de 1859, Mariano Martí logró recuperar a sus esclavos fugados, pero sí existe constancia de que José de la Merced, uno de los dos esclavos asegurados por “La Protectora” en 1857, continúo esclavizado por la familia. Entre los documentos encontrados por el investigador Juan Iduate Andux en el Archivo Nacional, se encuentra un recibo de la aseguradora que reportaba que José de la Merced estaba enfermo en octubre de 1859.

Numerosas evidencias demuestran que parte de las actividades del padre de Martí como pequeño “emprendedor”, estaban relacionadas con el tráfico de esclavos, recursos con los cuales compensaba su modesto salario de celador de la policía o las que, en tiempos de desempleo, proporcionaban los medios de ingreso de la familia. No hay duda de que fue así.

Los esclavos de Don Marianao, que fueron asegurados en 1857, aparecían listados en las pólizas como tabaqueros de oficio, y de los que escaparon en 1857 y 1858, uno, además de ser tabaquero, vendía dulces y el otro portaba una licencia para conducir coches de alquiler. Incluso puede que debido a su juventud, el propio Martí hubiera estado ajeno a las verdaderas actividades de su padre. 

Y un ejemplo fue durante el despido de Don Mariano de su oficio de capitán Pedáneo en Caimito de Hanábana, localidad próxima al pueblo de Amarilla, en el sur de la provincia de Matanzas, una época en que el joven Martí contaba con trece años. Don Mariano se presentó a ocupar esta plaza el 15 de abril de 1862, una zona intrincada y cenagosa, señalada por ser entrada del trafico de esclavos por el sur de la isla. Fue allí donde Martí presencia la verdadera cara de este flagelo. 

Pues sepa usted que Don Mariano se vio envuelto en uno de estos contrabandos, y ese fue el motivo por el cual fue cesanteado de su trabajo. En concreto se le señaló de recibir sobornos "por mirar hacia otro lado". Esta denuncia estalló a partir de la protesta del cónsul británico Joseph Crawford, tras la entrada de un alijo "como pedro por su casa" por la caleta de Santa Teresa, y que el capitan general de Cuba, Francisco Serrano, se vio obligado a ordenar una investigación.

La eficiente red de espías que este cónsul tenía, le notificaba las noticias fidedignas de los desembarcos que reportaba al Gobierno, y en uno de ellos le indicó a Serrano que esta nave utilizada había sido un bergantín de construcción portuguesa, e incluso cifró las ganancias de los sobornados entre 1000 y 1500 pesos por cabeza de esclavo introducido.

Al final las investigaciones exoneraron a Don Mariano y le devolvió los bienes incautados. En cambio, llama la atención que para el ocho de octubre de 1862, época que se produce el contrabando, Don Mariano firmó un poder con un notario en el Hanábana a favor de su esposa Leonor, para adquirir la casa donde residían en la barriada habanera de Pueblo Nuevo, en la zona de extramuros.

Existen hasta los documentos de esa compra, los que fueron refrendados ante el notario Francisco de Castro. Unos días después de haberse firmado, se hace constar que el 22 de octubre Doña Leonor Pérez desembolsó por la vivienda situada en la calle de Jesús Peregrino n.º 52, entre Oquendo y Soledad, la cantidad de tres mil pesos al contado. 

Incluso después de esta destitución, cuando los Martí residían en la casa de la calle Jesús Peregrino No 53, la publicación de un anuncio en el Diario de la Marina, este con fecha del 12 de marzo de 1863, indica que el cabeza de familia no había renunciado a obtener beneficios de la explotación de esclavizados. Según el reclamo, en Jesús Peregrino n.º 52 estaba en venta “una negra coartada en 250 pesos”, (pagada a plazos) con los oficios de cocinera y lavandera. 

La esclava, “muy humilde y formal”, indicaba el anuncio, “se aviene a servir o a ganar jornal”, lo que en la jerga de la esclavitud urbana significaba que estaba dispuesta y / o acostumbrada a ser alquilada, cosa que se corresponde con la práctica previa de la familia de poseer esclavos y rentar sus servicios a otro. A partir de aquí, saque usted sus propias conclusiones. La verdad está ahí, solo es cuestión de salir a buscarla.
 

Maldita Hemeroteca

Fuente principal del trabajo.
"Slavery, the slave trade and the childhood of José Martí", de Marial Iglesias Upset, profesora de la Universidad de Harvard.