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LA ENTREVISTA: BÁRBARA RANGEL NIETA DE CORNELIO ROJAS

Teniente coronel Cornelio Rojas segundo de izquierda a derecha. // 

El fusilamiento por las hordas castristas del coronel de la policía de Santa Clara Cornelio Rojas Fernández, hijo a su vez del coronel de la guerra del 95, se llevó a cabo a los pocos días de la rendición del regimiento Vidal Caro en Santa Clara.

Esta acción fue dirigida por el comandante de la columna ocho "Ciro Redondo", Víctor Bordón y el capitán Ottén Mesana, ambos pertenecientes a las fuerzas del directorio revolucionario en el macizo montañoso del Escambray, y fue lo que provocó la huida de Fulgencio Batista y sus colaboradores.

Nadie le había podido señalar un solo hecho de sangre a ese teniente coronel. ¿Su verdadero delito?, haber tratado de impedir que elementos del 26 de julio asistieran al cementerio ataviados con brazaletes del movimiento, mientras acompañaban el sepelio de los dos terroristas - usted llámelos como quiera - que en mayo de 1957 les explotó una bomba dentro del coche en que viajaban y que pretendía colocar.

Se llamaban Agustín Gómez Lubián, conocido como el Chiqui, y Julio Pino Machado, así como esa chica que ve usted en la foto con el vestido manchado de sangre, Gladys Marel García* quien consiguió salvar su vida milagrosamente probablemente por ir sentada en el asiento posterior del coche. Y ojo al dato, ¡consiguió salir absuelta en el juicio!. Hoy se hubiera muerto en una mazmorra castrista en el mejor de los casos, visto lo que se ha visto con estos miserables en el poder.

Hemos buscado "victimas", y solo encontramos una, y para eso en medios oficialistas que dan cuenta de que fulminó a un tal capitan Olivera que se presume se negó a seguir peleando. Por esa regla de tres, habría que fusilar cien veces al generalísimo Máximo Gómez, que no solo ejecutó a cobardes, también a simples portadores de cartas de paz. O es que ya se les olvidó el famoso "Aquí no se rinde nadie" exclamado supuestamente por Almeida en Alegría de Pío. 

¿Cuántos ejecutaron ellos en la propia Sierra Maestra? o incluso en el llano también. Recordemos al gallego Losiga, ejecutado delante de todo el mundo en bar de Guantánamo. ¡Hasta por robarse una lata de leche condensada!. Sospechamos que lo que sí pudo haber pesado como una losa en su contra fue que estaba emparentado con la familia Masferrer - Rojas Grave de Peralta de Holguín, que igual eran patriotas de la guerra como el mayor general Julio y el coronel Belisario Grave de Peralta. 

Nada de esto tuvieron en cuenta. En cambio militares con hechos de sangre fue vendidos por unos millones durante el intercambio de brigadistas "por compotas". Total, que en el caso de Cornelio nunca hubo juicio ni se presentaron cargos en su contra, y la firma de esta sentencia ya sabe, cárguensela a la cuenta del asesino en serie llegado de Rosario, en la Argentina.

Para colmo de la barbarie, la ejecución fue transmitida en directo por la televisión como un claro aviso de lo que estaban dispuestos, violando los artículos 10 y 11de la Declaración Universal de Derechos Humanos. Según relato de su nieta Bárbara Rangel*, del cual dejamos abajo imágenes muy recientes, el argentino le prohibió a su madre y abuela recuperar el cadáver del militar, luego de que fuera sepultado en una fosa común.

Sesenta y siete años después, hablarle a estos castristas de derechos humanos es como explicarle a un tonto la teoría de la relatividad. Cornelio no pudo "ponerle el pecho a las balas". aquel siete de enero de 1957, porque en su caso le arrancaron medio cráneo con los disparos intencionalmente dirigidos a la cabeza. No hizo falta tiro de gracia que por cierto, no se si usted sabe que en el pasado los tiros de gracia solo estaban contemplados para soldados que resultaba gravemente herido en una guerra, y se veía imposibilitado de recibir atención médica.

Hoy ese supuesto acto de misericordia que tanto aplicaron ellos en la Sierra Maestra, sería catalogado como un crimen de guerra. Desde 1940 solo se había fusilado por sentencia judicial a una sola persona en Cuba. Se trató del espía alemán Heins August Luning, que haciéndose pasar por refugiado judío holandés posibilitó el hundimiento de al menos 600 navíos en el mar caribe, entre ellos varios marinos cubanos por submarinos nazis que operaban en esa zona.

Recientemente el flamante presidente del tribunal supremo, Rubén Remigio Ferro, le recordó a su querido pueblo que la pena de muerte sigue ahí, disponible para aquellos que deseen con sus justas propuestas, "conspirar contra la tranquilidad ciudadana". ".. El hecho que no se aplique hace veinte años no quiere decir que no exista", dijo el ya defenestrado leguleyo. Un mensaje tan claro como el cielo de una mañana de primavera y tanto, que en el actual código penal castrista contempla veinticuatro motivos.

Maldita Hemeroteca.