Después, en medio del silencio, el general Jiménez Castellanos, último capitán general y gobernador español de Cuba, con lágrimas y voz enérgica, ante el general norteamericano Brooke, dijo:
«Caballeros, en cumplimiento del Tratado de París, del convenio con las comisiones militares de la isla y las órdenes de mi rey, en este momento, mediodía de primero de enero de 1899, cesa en Cuba la soberanía española y empieza la de Estados Unidos».
Tras la contestación de Brooke, los españoles se retiraron a los muelles para embarcar.
A esa misma hora la última bandera española que ondeaba en América, en el Morro de La Habana, fue arriada y sustituida por la norteamericana.
Entregada La Habana, en los días siguientes, el general Castellanos continuó de forma ordenada con la repatriación de las fuerzas españolas reconcentradas en Matanzas y en Cienfuegos.
Al mismo tiempo, tras reorganizar las finanzas y vender pertrechos, consiguió pagar los atrasos a los soldados y al personal civil: llevaban meses sin cobrar su sueldo íntegro, que solo recibían los altos cargos; también consiguió traer en oro más de dos millones de pesos para el Tesoro.
El último reembarco se hizo desde Cienfuegos en el vapor Cataluña. Partió de Cuba el 6 de febrero con el general Castellanos y 1.294 militares, fondeando en A Coruña a las siete de la mañana del 20.
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Las tropas regresaron diezmadas por las bajas y las enfermedades
417 hombres
Numeroso público acudió a recibirlo, ya que en él regresaba casi todo el batallón de cazadores de Reus, compuesto en su mayoría por gallegos y perteneciente a la guarnición coruñesa desde 1878. Venían 417 hombres de la primera, tercera, quinta y sexta compañía, además de la charanga; las otras dos compañías ya habían regresado antes por Vigo.
Habían partido para Cuba el 21 de agosto de 1895, en medio del entusiasmo popular, y ahora retornaban diezmados por las bajas de guerra y enfermedades en un ambiente pesimista sobre la esencia y el futuro de España.
Según La Voz de Galicia regresaban «escasamente la mitad de los soldados que fueron»; hasta su banda, muy querida en la ciudad, venía deshecha. Su desembarco comenzó a las 10, terminando una hora y media más tarde.
Después, en formación marcharon hacia su cuartel, el de Alfonso XII (hoy Atocha). Partieron con su uniforme y equipo militar y ahora desfilaban vestidos con traje y gorra de paisano. Por las calles Real, Rego de Auga y plaza de María Pita, sus filas se deshacían a menudo por los que presenciaban su paso y se abalanzaban, tras reconocerlos, para abrazar emocionados a parientes, amigos o conocidos. Estaban sanos y salvos.
El Cataluña continuaría su viaje hasta Santander donde llegó el 22, desembarcando el general Castellanos y 697 hombres, la mayoría del batallón de cazadores de Llerena de servicio en Vitoria. Finalizaba la repatriación y la sangría de Cuba.
Tomado de La Voz de Galicia
