El edificio Río Mar, situado en la calle 1era entre Cero y A, del reparto Miramar, aguanta como puede el embate Castrista desde en 1960. Era un edificio de alto standing influenciado por la moda de los Estados Unidos, en medio de una Habana en medio de la fiebre inmobiliaria de los años 50, donde era muy común la construcción de altas torres de apartamentos.
Era elegante, propiedad de la Compañía Mercantil “Propiedad Horizontal Miramar S.A.” y proyectado por el Arquitecto Cristóbal Martínez Márquez. La primera etapa de la obra se terminó en 1957. Sus once pisos de apartamentos contaban en la planta baja con un vestíbulo, carpeta y casilleros para la correspondencia; pizarra telefónica con teléfonos intercomunicadores en cada apartamento para comunicación interna y con salida a la calle.
"El acceso a los pisos era a través de seis ascensores (4 de público, 1 de la piscina y 1 de carga); una plaza de parqueo en el sótano para cada apartamento; áreas de tender cerradas con puertas y celosías en la azotea para cada apartamento; chutes de basura en cada piso con incinerador en el sótano.
Había un grupo de camareras que limpiaban diariamente los pasillos de todos los pisos y todas las áreas comunes del edificio. También había empleados que se encargaban de la limpieza de la piscina y las áreas exteriores".
Así contaba en una entrevista con el sitio Havanatimes la señora Elsa Torres Camacho, una de las pocas residentes que aun vivía en la ya moribunda mole en 2013".
"... El edificio contaba con una sala de estar-recibidor (donde hoy está la farmacia); tres salones de fiestas (los que están entre el vestíbulo y el área exterior de las piscinas); dos piscinas (para niños y adultos) con sombrillas, tumbonas, duchas en las áreas exteriores, servicios sanitarios para hombres y mujeres, máquinas expedidoras de refrescos, confituras, etc.
"El acceso a los pisos era a través de seis ascensores (4 de público, 1 de la piscina y 1 de carga); una plaza de parqueo en el sótano para cada apartamento; áreas de tender cerradas con puertas y celosías en la azotea para cada apartamento; chutes de basura en cada piso con incinerador en el sótano.
Los vecinos pagábamos una cantidad mensual para el mantenimiento de los apartamentos que cubría todos los gastos de cualquier arreglo (inmediato) de plomería, electricidad, carpintería, etc.
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| La dura imagen del pueblo. |
Había un grupo de camareras que limpiaban diariamente los pasillos de todos los pisos y todas las áreas comunes del edificio. También había empleados que se encargaban de la limpieza de la piscina y las áreas exteriores".
En ese momento ya se habían marchado los "técnicos extranjeros" que en su gran mayoría eran los que habitaban el edificio, y de las 16 las familias cubanas que quedaron, una logró que les dieran una casa en el reparto Náutico y otra se fue del país. Quedaron catorce familias tras la llamada "tormenta del siglo", que fustigó seriamente toda esa zona costera en marzo del 1993.
No solo el Río Mar, muchos inmuebles de aquella zona se encuentran en situación igual o parecida. Un articulo de hace apenas dos años publicado por el sitio de la periodista independiente Yoannis Sánchez, el 14yMedio, daba a conocer que varias construcciones de aquella área se encontraban en preocupante deterioro y que en una de ellas, un faraónico letrero le seguía rindiendo culto al tirano causante de todo aquello: “¡Vida Fidel!”.
Diecisiete años después de esta entrevista, el edificio mostraba aun más su deterioro y declarado "zona congelada" por los personeros militares del régimen que dirigen los negocios en el país, y que por otro lado ha sido la más perfecta máquina de destrucción que haya conocido Cuba en toda su historia. Por cierto, ¿Qué habrá sido de la señora Elsa?.
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