La alarma se encendió en Japón. No por una lesión ni por un bajón de forma. Por una ausencia. Liván Moinelo, el mejor lanzador de la Liga del Pacífico en 2025, no aparece. No ha regresado. Y en Fukuoka SoftBank Hawks no tienen respuestas claras.
El zurdo cubano, pieza clave del equipo y vigente MVP, viajó para disputar el Clásico Mundial de Béisbol con su selección. Desde entonces, silencio. El club japonés ha reconocido dificultades para establecer contacto, una situación que abre la puerta a todo tipo de interpretaciones en un entorno donde los antecedentes pesan.
La primera reacción llegó desde la especulación.
La posibilidad de una deserción en busca de un contrato en Grandes Ligas apareció de inmediato en la conversación pública. No sería un caso aislado en la historia del béisbol cubano. Pero no es, hoy, la explicación más sólida.
El contexto apunta hacia otro lugar.
Cuba atraviesa una crisis energética que ha impactado de forma directa en su conectividad. Escasez de combustible, vuelos limitados y apagones constantes complican la logística de salida del país.
En ese escenario, el regreso de varios peloteros a sus equipos en Asia se ha convertido en un rompecabezas.
Moinelo no es el único caso. Raidel Martínez, cerrador de los Yomiuri Giants, tampoco ha podido asegurar un vuelo de regreso.
Ambos lanzadores regresaron a su país tras la eliminación de Cuba en Puerto Rico, pero desde entonces su itinerario se ha detenido.
La situación se extiende a otros nombres con menor exposición mediática. Jugadores cubanos en ligas menores dentro de la NPB tampoco han reaparecido en Japón o no existen reportes públicos sobre su regreso.
En medio de la incertidumbre, solo Ariel Martínez, de los Hokkaido Nippon-Ham Fighters, ha logrado reincorporarse con normalidad.
El caso de Moinelo adquiere mayor dimensión por su estatus. No es un jugador más. Es el referente del bullpen de SoftBank y uno de los brazos más dominantes fuera de las Grandes Ligas.
En 2024 firmó una extensión de cuatro años y 26.4 millones de dólares, un acuerdo que también involucra a la Federación Cubana de Béisbol, que percibe un porcentaje por la cesión de sus jugadores al extranjero.
En Fukuoka, la preocupación crece en silencio. No hay declaraciones alarmistas, pero sí una ausencia que pesa en la planificación deportiva. La temporada no espera, y el margen de error en una liga tan competitiva es mínimo. AS
