Llegó a ser obligado que quien recibiera una ofensa de tal calibre, exigiera satisfacción y retara a duelo a quien le había ofendido, para acreditarse ante la opinión pública como persona sin miedo y sin tacha. Rechazar un duelo equivalía a enfrentarse al estigma de la deshonra social, por lo que el desafío era, en realidad, una forma de coacción.
Esta práctica estuvo ligado a los estamentos sociales privilegiados y, aunque era ilegal y estuvo condenado por la autoridades civiles y eclesiásticas, los caballeros pertenecían a un orden social superior y en cuestiones de honor redactaban sus propias normas. Los códigos clasificaban el tipo de ofensas que podían originar un duelo entre leves, graves y gravísimas.
Las leves afectaban al amor propio del agraviado; las graves atacaban a su crédito y honor, y las gravísimas se producían cuando había contacto físico como una bofetada, un bastonazo, el lanzamiento de un guante, agarrar a un caballero por las solapa, etc.
Conocido como 'Duelo de Carabanchel', 12 de mayo de 1870, fue un enfrentamiento a pistola que tuvo lugar en la escuela de tiro de la Dehesa entre Antonio de Orleans, duque de Montpensier y Enrique de Borbón, duque de Sevilla, en la que el segundo perdió la vida, y el primero sus opciones a reinar en España.
Sin duda, era una época en la que el honor se demostraba "a balazos". Las continuas andanzas del francés por hacerse con la corona española fue motivo suficiente para que Don Enrique se refiriese a él como "truhán y pastelero". El insulto no tardó en desencadenar la ira entre ambos. Una descripción:
Un duelo a vida o muerte entre primos
Una vez dispuestas las reglas del duelo, los dos caballeros se sitúan a diez metros de distancia entre sí, intercambian miradas de odio y desconocimiento, intentando vaticinar quién continuará con vida al terminar el enfrentamiento.
Primer disparo.
Humareda y olor a pólvora. Una bandada de pájaros sobrevuela el lugar. Enrique de Borbón falla el tiro brindándole a Antonio de Orleans la oportunidad de arrebatarle la vida.
Segundo disparo.
De nuevo, metralla y frustración. Otro intento errado de victoria. Los tres periodistas no pierden detalle de lo que ocurre.
Tercer disparo
Desacertado del sevillano.
Se avecina el cuarto,
El duque de Montpensier alcanza el hombro de su primo pero aún no le ha llegado la muerte. Preso del dolor por el balazo que ha recibido, se dispone a acabar con él pero sus intenciones se quedan en el camino.
Nuevo turno para Orleans que, con gran puntería, atina entre las cejas de su contrincante haciéndole caer fulminado. Los médicos acuden a su encuentro para certificar su fallecimiento. El duelo ha terminado y Don Enrique ha muerto.
La victoria se convirtió en derrota.
El hecho de haber derramado sangre real española hizo que flaquease el apoyo político y popular con el que contaba hasta la fecha. España quedó conmocionada. La verdadera derrota del francés se vería meses después cuando el 16 de noviembre de 1870, el príncipe italiano Amadeo de Saboya, candidato del general Prim, obtuvo 191 votos en el Congreso frente a los 27 del duque de Montpensier.
Maldita Hemeroteca
Fuentes locales.