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| Pinareños forman una barricada en la calle Remedios, (Isabel Rubio) para intentar frenar las fuerzas independentistas de Antonio Maceo y Máximo Gómez en aquella provincia. // |
En medio de la recuperación de una herida, Antonio Maceo le confiesa a su gran amigo y medico personal, el Dr Hugo Roberts Fernández, el mal de amores que le aqueja.
Corría el mes de marzo de 1896 y Maceo se encontraba en plenos trajines de cruzar la citada trocha por el poblado de Neptuno, procedente de Pinar del Río. Por cierto, este poblado aun existe, allí fueron a vivir campesinos desplazados y reubicados a la fuerza por el castrismo durante la etapa de los alzados del Escambray.
En aquel entonces Neptuno, menos de diez quilómetros de Artemisa, y toda aquella zona se encontraba fuertemente custodiada por las tropas del coronel español Cándido Velazco, y mientras Maceo se recuperaba de su herida, sacó tiempo para enviarle una carta al Dr Roberts y confesarle su amor imposible.
Este médico pertenecía entonces al estado Mayor con el grado de general de brigada, un entorchado avalado por más de 100 combates. Antes había estado al cuidado de Maceo desde el combate de Mal Tiempo, en la provincia de Cienfuegos, hasta que cayó herido en el ingenio "San Gabriel de Lombillo", en Bahía Honda, Pinar del Río.
Es en ese momento se separan, pero antes Maceo lo asciende a coronel y lo nombra jefe médico del ejercito de Occidente. El libro donde encontramos esta anécdota, que data del mes de octubre de 1896, no ofrecía los datos precisos de aquella enigmática pinareña, aunque algunos historiadores citan a una tal Cecilia a la que Maceo llamaba "Flor Silvestre", y que era residente del poblado de San Cristóbal en Pinar del Río.
Lo que si está claro es que Maceo se enamoró de ella intensamente durante su estancia en aquella provincia, a pesar de que Cecilia estaba casada, y en esta misiva le confiesa al doctor la gran depresión que sufría por ese motivo ya que los deberes con la patria le habían impedido estar más tiempo a su lado. Sin embargo, historiadores afirman haber encontrado una carta rechazo de la tal Cecilia y que ese, en realidad, era el motivo de su depresión.
El "Titán de Bronce" entró en Pinar del Río el 9 de enero de 1896 y para el día 15 ya estaba en el pueblo de los Pilotos, muy cerca de la capital, cuando ya se anunciaba la llegada a Cuba del nuevo capitán general, el mallorquín Valeriano Weyler y Nicolau, con varios de sus más destacados generales y al mando de 20 mil hombres.
Este pasaje, que los libros de historia castristas no difunden en la isla lógicamente, se corroboró después por una serie de cartas que Maceo escribió a este doctor en las que, además de contarle el proceso de cicatrización de sus heridas, hablarle de sus planes de futuros y agradecerle sus consejos profesionales, intentaba calmar el dolor de "aquella otra herida" mucho más profunda y dolorosa.
Sobre el rechazo de "Flor Silvestre", así lo describió el general catalán Miró Argenter, jefe de estado mayor, su ayudante y biógrafo, en su obra "Crónicas de la Guerra":
Esta anécdota demuestra que, más allá de otra infidelidad manifiesta, tras aquel carácter osco, bravo que le caracterizaba, anidaba una gran pasión amorosa que, haciendo gala de un gran sentido del deber y de la disciplina, fue capaz de controlar y aparcar a su debido tiempo.
Del fruto de este matrimonio nacieron sus dos primeros hijos, Caridad, la primogénita y el varón Jose Antonio, sin embargo ninguno de los dos pudieron resistir los rigores de aquella manigua.
Añadir que cuando el general Calixto García lo aparta del levantamiento por problemas de preferencias de raza, Maceo regresa a Jamaica, procedente de Haití, tuvo decenas de relaciones con mujeres no solo de Jamaica, también de Costa Rica, y que son patentadas por diversas cartas que le escribe a su amigo y general de brigada, el doctor matancero Eusebio Hernández Pérez, aunque al final la jamaiquina Amelia Marryat haya sido la madre de su hijo en 1881.
María Cabrales se mantuvo a su lado desde "Mangos de Baraguá" hasta su partida a Cuba en 1895, no pudo estar a su lado cuando ocurre la muerte en la Habana, pero al menos vio a una Cuba libre aunque fuera por poco tiempo. Murió en 1905 en su finca de San Agustín en San Luis, localidad de Santiago de Cuba.
En cuanto al doctor Hugo Roberts Fernández, quien se destacó además como bravo combatiente en Mal Tiempo, Coliseo, Calimete, El Estante, Güira de Melena, Cabañas, Las Taironas, Santa Lucía, Paso Real de San Diego, Candelaria, Jaruco, La Perla, La Diana, Río Auras, Batabanó, La Palma, San Claudio, Lomas de Tapia y Cacarajícara, entre otros, dejó de ser médico personal de Maceo el 15 de junio de 1896, heredando el cargo el polémico doctor habanero Máximo Zertucha Ojeda, quien le asistió a su caída y luego se entregó a los españoles.
Luego, con la república, el doctor Hugo Roberts llegó a ser representante por Las Villas a la Asamblea Constituyente de 1901. El 14 de agosto de 1902 lo nombraron médico del puerto de La Habana y, en 1903, resultó seleccionado como miembro de la Junta Superior de Sanidad y Jefe de Sanidad Militar de la Guardia Rural y de la Policía Nacional.
También lo fue de la Cruz Roja de la cual fue su presidente. Como médico jefe del puerto de La Habana se mantuvo durante más de 4 décadas, demostrando ser de los más sabios funcionarios del sistema de salud estatal en la isla. Murió el 5 de junio del 1948 a los 79 años de edad.
Maldita Hemeroteca
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