¿Y si todo lo que nos han contado sobre la muerte del mayor Ignacio Agramonte resulta que han sido mentiras?. Tranquilo, no le salte al cuello a nadie, no es culpa suya ni de nosotros tampoco.
Lo que aquí se narra dentro de una serie de relatos de primera mano, algunos de protagonistas inclusive, nos demuestran que en la muerte del más grande de los mambises, el mayor general Ignacio Agramonte y Loynaz, once de mayo de 1873 y de la cual se cumplen hoy 153 años, hay mucha tela que cortar.
Y para empezar, pues por lo extenso de los relatos - porque hay varias opiniones - incluso contrarias - lo hemos tenido que dividir en varias partes. De manera que le traemos el relato de Don Luis Lagomasino Álvarez, el eminente escritor, periodista y patriota cubano natural de Sancti Spíritus un 15 de abril de 1865, y muerto en en La Habana a los 90 años.
Se levantó en armas junto con otros seguidores, en la finca “La Cueva”, cerca de Tunas de Zaza, en la actual provincia de Sancti Spíritus, el 15 de mayo de 1895; había sido director del periódico El Cubano, de Placetas, desde 1889 y posteriormente del Grito de Baire, publicado en México y en Cuba entre 1897 y 1904. Fue además fundador del periódico El Mambí en 1925, que vio la luz en el barrio habanero de Los Pinos donde vivió desde 1916.
Alcanzó el grado de coronel del Ejército Libertador y fue autor de “Mis trabajos por la Revolución de Cuba y el pronunciamiento de Las Villas”, “Patricios y heroínas: bocetos históricos”, “Episodios nacionales: (Retazos de historia patria)” y otras obras, además de que fue pionero de la industria del fotograbado.
Su hermana Trinidad fue la famosa "Solitaria", la primera espía y capitana del ejercito mambí que se conozca. Quiero esto decir, que no se trata de la opinión de ningún mal intencionado escritor, mucho menos de algún "papa frita" delante de un teclado. A partir de aquí, usted es dueño de su opinión.
RELATO DE LUIS LAGOMASINO
DEBE ESTUDIARSE CON EL PLANO A LA VISTA
El día 10 de mayo se hallaba acampado el General Agramonte en el potrero "Jimaguayú", para hacer que descansara su caballería y dicha tarde llegaron algunos rancheros, dando la noticia de que una columna española estaba acampada en la finca "Cachaza", colindante con aquella en que se encontraban acampadas las fuerzas al mando de dicho general.
Inmediatamente ordenó el general tomar posiciones a sus fuerzas, pues comprendió el propósito del enemigo, que era batirse, quizás con el objeto de castigar su última hazaña, y hacerles gastar parque. Proponíase, en virtud de ello, el general trabar combate, y dió las órdenes oportunas.
La infantería de las Villas y Camagüey, al mando de los jefes, Brigadier J. González, comandante Cecino González, Tenientes Coroneles Lino Pérez y N. Morel, Comandantes Serafín Sánchez y Manuel Sánchez, ocupó toda la línea de las antiguas cercas y fondo del potrero "Jimaguayú" por el Oeste, y parte de las Norte y Sur; guardando la vereda que se dirije a "Guano Alto" el Comandante Serafín Sánchez.
Su misión era defender la retirada de la fuerza en caso de necesidad, durmiendo aquella noche las fuerzas en sus posiciones, la caballería apoyada en la cabeza de la infantería en la parte Sur, defendida por delante con la barrera natural que presentaban las márgenes escabrosas y de grandes lajas del arroyo "Jimaguayú"; el potrero estaba sellado de guinea alta, que subía a mayor altura que la de un caballo.
El general, en las primeras horas de la mañana, se dispuso a reconocer toda la línea acompañado de su ayudante y después de haber recorrido la Sur y Oeste, estando a mitad de la línea Norte sintió el fuego de un flanco español con su caballería; retrocedió inmediatamente siguiendo la misma línea que había traído.
Momentos después, estando ya en el primer tercio de la línea del fondo—Oeste—precisamente delante de las fuerzas del Teniente Coronel Morel, para no perder más tiempo, cortó donde se encontraba su caballería, pues el fuego era cada vez más rudo, el cual disminuyó después. Le acompañaba su ayudante de campo el joven villareño Jacobo Villegas en toda la operación, y según algunos, otros de sus ayudantes.
Aquí realmente es donde se pierden las noticias del general Agramonte, pues el último que recibió sus órdenes fué el Teniente Coronel Morel, al cortar la tangente delante de sus fuerzas, las demás noticias que se tienen son resultado de las observaciones y estudio de la situación de las fuerzas enemigas y del lugar donde también cayera para siempre su denodado ayudante.
El flanco español que se batía con la "caballería camagüeyana", ante la resistencia de ésta, se replegó hacia el centro de la columna, si bien destacó algunos exploradores, que fueron nuevamente tiroteados por la caballería.
En aquellos momentos llegaba el general Agramonte, ya inmediato al arroyo de lajas, cuando la caballería que había cargado sobre los exploradores españoles que se habían presentado delante de ella, confundiendo aquellos dos jinetes—que se presentaban por en medio del potrero casi cubiertos por la alta guinea, con otros exploradores, hicieron fuego sobre ellos, tan inmediato casi, que una bala de revólver penetró en la sien derecha del Mayor—como generalmente era llamado Agramonte,—que se desplomó en tierra
—Quizás él volviera la cabeza en aquel momento para ver el campo y conocer a quien se dirigía aquel fuego.
—Ante aquel cuadro aparece su ayudante Villegas, clavó los ijares de su corcel llegando hasta la margen del invadeable arroyo y la caballería rompiendo sobre él nuevamente fuego le dió muerte también. En aquel momento no sabían aquellas fuerzas quienes eran los que habían., muerto, los creían del enemigo, y se replegaron al puesto donde se les había designado, mientras tanto otro flanco corría hacia la línea norte ocupada por las fuerzas de Cecilio González y Lino Pérez.
La fuerza de caballería al mando de su jefe, que al decir del señor C. Luaces tenía instrucciones del General de emprender marcha en dirección de "Guano Alto," dejando el combate empeñado con la infantería y donde debían reunirse las fuerzas todas después del combate, cometió la falta imperdonable de no retirarse por el lugar designado o sea la vereda que guardaba el Comandante Serafín Sánchez, sino por otra vereda, a espaldas de donde se encontraba en la línea de fuego.
Como a las doce se retiraron las fuerzas de infantería, toda vez que no recibían órdenes y haberlo efectuado la caballería sin saberlo el resto de la fuerza, como a la una el Comandante Serafín Sánchez vió algunos exploradores del lado allá del arroyo, a los que no hizo fuego, por no llamar la atención, esperando la retirada de la caballería, y porque aquéllos no habían cruzado el vado único del arroyo precisamente así enfrente de la posición guardada por él.
A las tres de la tarde viendo que la caballería no se retiraba y tampoco recibía instrucciones resolvió retirarse a "Guano Alto", lugar designado para reunirse el resto de la fuerza, y allí esperar al General; pero a su llegada estaban allí reunidas todas las fuerzas, y faltaban el General y su Ayudante y entonces empezaron a inquirir. Morel dijo: "Que el General había partido de la línea donde él se encontraba en dirección de la caballería, acompañado de su ayudante Villegas."
La caballería dijo: "Que a ella no había llegado." Se resolvió esperar algo más, para en caso de no llegar ir a efectuar un reconocimiento; pero como a las cinco llegaron algunos "rancheros", dando la noticia que el General había muerto en el combate de ese día y la columna española lo llevaba atravesado en un caballo por el camino de "Cachaza a Puerto Príncipe". Ordenóse entonces un reconocimiento y se encontró el cadáver del ayudante "Villeguita" en la margen opuesta de la posición que ocupaba la caballería.
Así queda a nuestro juicio comprobada la forma en que murió el denodado general Agramonte. El general Agramonte murió de manos de los suyos, sin que éstos lo supieran y si alguno lo supo lo calló. El general Agramonte no tenía enemigos. No se ha logrado saber con órdenes de quién se retiró la caballería del campo de acción, y cómo no lo hizo por la vereda de "Guano Alto", como se había dispuesto, que la guardaba el comandante Serafín Sánchez, para defender la retirada.
En el plano y datos que de puño y letra del comandante doctor Manuel Pina Ramírez—que tengo al alcance de la mano—dice: que cuando la infantería llegó al Guano, encontró allí la caballería y ésta no sabia ni del General ni de su ayudante, y la infantería dijo: que cuando la caballería sostenía el fuego, él partió por el potrero hacia la caballería; y de allí las dudas que se presentaban en aquella tragedia obscura.
¿Quién mandó retirar la caballería del campo de acción, sin estar presente el General que iba a dar una batalla y sin que ningún ayudante comunicara aquella orden?
El general llegó hasta el lugar A, pasando el arroyo en que se apoyaba la cabeza de la fuerza mandada por el coronel Lino Pérez, allí sentía el fuego de su caballería y retrocedió por la línea, cruzando por delante de las fuerzas del Brigadier José González y Coronel Manuel Sánchez (núm. 14), al llegar a las del comandante Morel (núm. 15) el fuego recrudeció y partió la tangente, 8 al 9, donde cayó el General y del 9 al 10, donde cayó, a su vez, a orillas del arroyo, su ayudante Villegas.
El comandante Morel dijo: que a poco de partir cesó el fuego, y poco después se sintió nuevamente fuego hacia la caballería; de allí donde parten nuestras dudas, de allí donde creemos que Agramonte, en medio del potrero donde apenas si se vería el busto de los dos jinetes, confundidos acaso con exploradores de la fuerza rechazada, pudiera, víctima de ese fuego, haber caído el valiente e idolatrado General: que ante aquella desgracia, horrenda en grado sumo, su ayudante, loco, volara en su corcel sobre las fuerzas inmediatas para hacerles conocer la magnitud de lo ocurrido, y, víctima del mortífero fuego, sucumbiera también el valiente y pundonoroso ayudante.
No se inflige, ni lastima, la memoria del más grande de los camagüeyanos, si se hace historia y se investiga la verdad para la historia. Hay quien asegura que Villegas estaba allí con la caballería, y que en una de las cargas que se dió con tal ímpetu sobrepasó aquel arroyo invadeable y allí alcanzó la muerte de los españoles. Así sabe usted que no fué luego; ya hay otro que asegura también que Villegas cayó al pié del arroyo.
El capitán José Aurelio Pérez y Díaz, Secretario que fué del Brigadier José González, está también de conformidad con el plano; un día reunidos en Unión de Reyes, tratamos de él, y convino en muchas cosas. En cuanto a su ayudante, (teniente de su escolta Jacobo Villegas) si bien es verdad que cayó cerca de 200 metros del lugar donde pereciera el Mayor, también es cierto que sus heridas le permitieron correr hasta allí. Las otras dos heridas, "al parecer de instrumento cortante", situadas en cuello y cabeza, de que nos habla el dictamen pericial, pudo haberlas recibido el cadáver posteriormente.
Durante el largo trayecto que, a través de monte y manigua, recorriera en la marcha hacia esta ciudad, pues que nos guardamos mucho de hacer la más ligera imputación al adversario, sin la prueba evidente de la profanación. (El padre Martínez, que lavó el cadáver de Agramonte, afirmó: "que no presentaba más que una herida, de arma de fuego, en la cabeza".)
Maldita Hemeroteca
Fuentes:
Artículo publicado en Key West, 1893.
M.G. Serafín Sánchez. (Protagonista de este día)
(TOMADO ESTE DOCUMENTO DE LA OBRA DE EUGENIO BETANCOURT AGRAMONTE TITULADA "IGNACIO AGRAMONTE Y LA REVOLUCION CUBANA", PAGINAS 525 A LA 533, INCLUSIVES).
Vida de Ignacio Agramonte
Juan J. E. Casasús.
Artículo publicado en Key West, 1893.
M.G. Serafín Sánchez. (Protagonista de este día)
(TOMADO ESTE DOCUMENTO DE LA OBRA DE EUGENIO BETANCOURT AGRAMONTE TITULADA "IGNACIO AGRAMONTE Y LA REVOLUCION CUBANA", PAGINAS 525 A LA 533, INCLUSIVES).
Vida de Ignacio Agramonte
Juan J. E. Casasús.
