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CONFERENCIA DE SOLIDARIDAD CON LOS PUEBLOS. MURDER.Inc


El tres de enero de 1966 se reunían en La Habana representantes de 82 países de África, Asia y América Latina. 

Este encuentro daba continuidad a las reuniones de países del tercer mundo iniciadas en Bandung, ampliadas a América Latina, y con un programa anticolonial, anti-imperialista, anti-capitalista, y en defensa de las luchas de liberación nacional y contra la segregación racial, entre otros objetivos.

Dicho así, resulta muy bonito, pero en realidad en esa primera Conferencia Tricontinental de La Habana fue sede de lo más selecto de los criminales del mundo. Desde «terroristas palestinos, irlandeses, vascos, norcoreanos, libios, uruguayos, argentinos, nicaragüenses, dominicanos, brasileros, chilenos, venezolanos y colombianos ».

¿El mentor de todos ellos?, el tirano Fidel Castro, ¿quién si no?, que defendió abiertamente que el tema urnas y elecciones nada de nada, que las armas eran el único camino para alcanzar el poder. A partir de este día, el régimen de la Habana se ofrecía como refugio seguro para un gran número de transgresores de la ley, dicho suavemente. 

Los primeros etarras que llegaron a Cuba a mediados de los 80 para refugiarse, lo hicieron mediante un acuerdo tácito entre España y Francia. Ambos países pactaron expulsar a determinados miembros de ETA a terceros países. En esos años, la violencia intensificada de la organización vasca llevó a la policía Francesa a colaborar más para luchar contra el terrorismo.

LOS PRIMEROS ETARRAS

En ese primer lote de siete personas estaban incluidos Josu Abrisketa, José Ángel Urtiaga Martínez y José Miguel Arrugaeta. El primero, un militante histórico de ETA, vinculado a tareas de apoyo y logística y acusado de robos con pistola, depósito de armas y pertenencia a organización criminal.

El segundo, Urtiaga Martínez, descrito como interlocutor internacional de ETA con otras organizaciones como las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), estaba señalado por participar en asesinatos en su país y acusado de colaborar en el adiestramiento de etarras con explosivos en Venezuela.

Y el tercero, que fue integrante de la rama político-militar de ETA, estaba acusado de secuestro y complicidad en atracos. En su momento, los ex integrantes de ETA corrieron la voz de lo bien que se podía vivir en Cuba, de manera que en los 90 comenzaron a llegar más miembros de la organización terrorista.

El 17 de noviembre de 1997, EL MUNDO, bajo la firma de los periodistas Fernando Lázaro y Fernando Garea, publicó un artículo titulado "Interior detecta en Cuba la presencia de etarras activos que huyen de otros países latinoamericanos". En realidad escapaban de países como Nicaragua, México y Venezuela para evitar que los extraditaran a España, como ya había ocurrido entonces en México con algunos.

JOSÉ ÁNGELURTIAGA. 
Interlocutor de ETA con otras organizaciones criminales internacionales como las FARC. En Cuba desde 1984.

Desde Nicaragua llegó, por ejemplo, Miguel Ángel Apalategui, alias Apala, uno de los acusados de la desaparición o asesinato de otro militante etarra, Eduardo Moreno Bergareche, alias Pertur, además de perpetrar atentados contra militares y guardias civiles. También llegó Joseba Sarrionandia, que había sido detenido en 1980 por su relación con ETA.

En 1985 protagonizó una fuga de película: escapó de la cárcel de Martutene (San Sebastián) escondido en un contenedor de libros. Huyó a Nicaragua y de ahí a Cuba, donde se esforzó por dejar atrás su pasado terrorista y se convirtió en escritor y profesor de lengua y cultura vasca en la Universidad de La Habana.

Elena Bárcena Argüelles, alias "La Tigresa", también vio a Cuba como el lugar perfecto para reinventarse. Como etarra, fue acusada de participar en secuestros y asesinatos junto a su entonces esposo José Ignacio Rodríguez Muñoa, alias Zippo, igual miembro de ETA. También se le imputó la colocación de artefactos explosivos en edificios públicos en el País Vasco. 

Había sido deportada por Francia a Cabo Verde en 1986. De ahí huyó a Nicaragua para finalmente escaparse a Cuba. Pero, a diferencia de sus compañeros, no fue muy feliz en la isla, pues intentó escaparse con su pareja (otro etarra) Francisco Javier Pérez Lekue a Venezuela pero fueron capturados y enviados nuevamente a Cuba.

Aunque los etarras gozaban de libertad, eran vigilados por los servicios de inteligencia castristas. El gobierno cubano se había comprometido a supervisar que no continuasen con actividades vinculadas al terrorismo, que no convirtieran a Cuba en un centro de operaciones. Unos cumplieron, otros no o a medias.

ELENA BÁRCENA ARGÜELLES, LA TIGRESA. 
Etarra a la que se le atribuyeron secuestros, asesinatos y colocación de explosivos. Huyó de Cabo Verde a Nicaragua y posteriormente a Cuba.

Julio Antonio Alfonso Fonseca, un ex alto funcionario cubano que durante 15 años tuteló a los etarras en la isla, contó en una entrevista con El País en 2012 lo siguiente: «Fidel vio en ETA a un grupo de gente que luchaba por la autonomía vasca, y llevado de su egolatría y lo retorcido de su pensamiento les dio tratamiento de movimiento de liberación nacional, apostándose como negociador preponderante en un hipotético arreglo entre ETA y España».

Como parte del plan de cuidados, Fonseca relató que el Instituto Cubano de la Amistad con los Pueblos les dio vivienda y algo de dinero. Además de una serie de tratos privilegiados cuando en esos momentos la posibilidad de que un cubano pudiera montar una "empresa privada" era prácticamente nula. Ahora tampoco, todo el tinglado de las Mypimes no es más que una fachada.

Otros antiguos miembros de ETA lo tuvieron más fácil, como Carlos Ibarguren, alias "Nervios" —otro de los etarras llegados a Cuba en 1984—, José Miguel Arrugaeta y Josu Abrisketa que fueron parte de la empresa "Grupo Ugao S.L"., bautizada así por el lugar de nacimiento del último (Ugao-Miraballes un municipio de Vizcaya).

Así lo relata Ángeles Escrivá, periodista especializada en información sobre ETA en su libro "Maldito el país que necesita héroes". En su publicación narra también el entramado empresarial entre el Grupo Ugao y la empresa vasca Gadusmar, mediante las cuales la organización terrorista blanqueaba supuestamente dinero de sus operaciones y ayudaba económicamente a los etarras huidos o refugiados en otros países.

Redes de apoyo, solidaridad y cooperación

Como con Ugao, las buenas relaciones entre simpatizantes españoles de la extrema izquierda y la dictadura cubana siguen existiendo, lo constatan diversas organizaciones defensoras de la libertad y los derechos humanos de la isla. Fe de ello han sido medios como Naiz, Cuba Información TV y asociaciones como Euskadi Cuba con presencia en España, que se dedican al enaltecimiento del independentismo y blanqueo del régimen Castrista.

«En el caso de ETA fueron acuerdos a los niveles más altos de gobierno, pero de garantizar la subsistencia de estas personas en Cuba se hizo por medio de organizaciones de "solidaridad" que muchas veces tienen que ver con redes de espionaje y propaganda del régimen cubano en el exterior». Así lo denunció Salomé García Bacallao, colaboradora del medio independiente cubano Yucabyte en el extranjero.

JOSEBA SARRIONANDIA. 
Detenido en San Sebastián. Se fugó en un contenedor de libros en 1985.Huyó a Nicaragua y después a Cuba.

Salomé García supone que la llegada de Martiño Ramos Soto a Cuba se pudo haber gestionado por esas vías. «El régimen cubano tiene "redes de solidaridad" en el extranjero vinculadas a sus embajadas.

Básicamente son organizaciones que establecen comunistas que viven en esos países. En este caso el pedófilo condenado y en búsqueda y captura por la policía de Ourense, en Galicia, y uno de los diez delincuentes más buscados en España, ya fue detenido en la Habana y extraditado a España. 

Este violador pertenecía a la militante agrupación comunista "En Marea" y conocido en su ciudad, Ourense, por impartir clases de música y por su activismo de extrema izquierda, lo que explica que haya escogido a la Habana para huir de las leyes españolas.