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EL SECUESTRO DE LOS MAU MAU


Hubo tres momentos en que la guerrilla de Fidel Castro corrió verdadero peligro en la Sierra Maestra. El el primero de todos, y sin discusión, fue el estado en que quedó tras el desembarco del yate Granma el treinta de 30 noviembre de 1956. Digamos Alegría de Pío, el Macagual, El Uvero en fin, ya sabemos de sobra.

El segundo fue durante la primavera del 1957 y la guerrilla operando en lo más intricado de la Sierra Maestra. Nuevamente entra "en problemas" y tiene que pedir un desesperado auxilio internacional a las fuerzas del socialismo histórico.

De inmediato éstas se movilizaban y enviaban a la Sierra Maestra al aventurero periodista de la revista Times, Hebert L. Matthews. El mismo personaje que cuando la Guerra Civil española formaría parte de la brigada estadounidense Abraham Lincoln que pelearía al lado de los republicanos españoles. (Comunistas)

A este "traga aldabas" le siguieron otros como Wendell Hoffman y Robert Taber, de CBS Network-televisión, los que fueron recibidos calurosamente por las rebeldes Celia Sánchez y Haydee Santamaría.

De los pocos que se salva fue el español Enrique Meneses, fotógrafo de Paris Match, que llegó antes en 1957 y no se tragó la píldora nacionalista - progresista que Castro quería venderle al mundo. De hecho cuando se encontró con el asesino en serie argentino Ernesto Guevara en uno de sus viajes al Cairo, le dijo en su cara "la peste a comunistas" que tenía todos. Como resultado, no le dejaron entrar nunca más en Cuba.

Finalmente en el verano de 1958 ante la ofensiva general Batista denominada "Ofensiva de Verano" que en un principio no fue tal descalabro como la pintan, y lo sé de buena tinta. Tenga en cuanta que ahí participó lo que más valía de la oficialidad graduada de Managua y West Point, en Estados Unidos, y claro, lo que no te cuentan es que Castro se sintió tan abrumado con esta contra ofensiva que echó mano a lo que sabía hacer muy bien, "armar un teatro". En la guerra todo vale, dicen por ahí.

Y ahí es cuando entra en la escena su hermano Raúl Castro, que decide secuestrar a un grupo de trasnochados marineros y marines, en total 49 norteamericanos, pertenecientes a la Base Naval de Guantánamo - de ellos 29 marines - que probablemente regresaban dormidos o borrachos. 

Para justificar este descabellado acto, Fidel Castro utilizó el pretexto de que los aviones que bombardeaban la Sierra se abastecían en esa base. La tarde del 28 de junio de 1958 (otras fuentes que el 22) una guagua marchaba a gran velocidad por la carretera que unía a la ciudad de Guantánamo con la Base Naval norteamericana.

En su interior viajaban alrededor de cincuenta personas entre trabajadores civiles, 18 marineros y 11 marines del ejercito norteamericano. Estos últimos regresaban a la base tras gastarse la paga mensual en el pueblo de Guantánamo, que distaba a unos 22 kilómetros del enclave militar. 

Y en el momento en que la guagua llegaba al entronque conocido como “La Sombrilla”, se escucho una voz firme que gritó: “¡Alto, en nombre del Segundo Frente Frank País! ¡Libertad o Muerte!”. Era una docena de guerrilleros "Mau Mau" salidos abruptamente a ambos lados de la vía, que apuntaban con sus armas obligando al autobús a detener la marcha. 

Al frente de ellos se encontraba Raul Castro, el viejo general que hoy la justicia de Estados Unidos le reclama por asesinato y que hoy cumple los 95 años.

Eran tiempos en los que aquellos rebelde castristas eran conocidos como el mote de "Mau Mau", en referencia a una aguerrida tribu keniata que luchó contra el colonialismo británico en la década de los 40 y los 50 del siglo XX, la KLFA, y que además inspiró una radionovela cubana de la época. Tal y como hacían los mau mau africanos, los Fidelistas igual andaban harapientos, apestosos y atacaban por donde menos se les esperaba.

Los rebeldes, dirigidos también por el barbudo José Quintana Sandino, buscaban a un joven marine puertorriqueño de nombre Alberto Márquez, quien era novio de una chica guantanamera y el único en aquella guagua que hablaba español. Efectivamente. El cabo Márquez iba entre ellos, quien levantó su mano identificándose. 

El cabecilla Sandino le ordenó que le sirviera de intérprete, siendo la primera orden que "todos los marinos se reconcentraran al fondo del ómnibus, y si se portaban bien nada les iba a pasar". Con el tiempo, este cabo boricua narró las experiencias vividas durante aquel cautiverio:

"...ordenaron al chofer de la guagua que iniciara la marcha por la carretera hacia la playa de "Yateritas". Estábamos todos desarmados. Solamente dos Patroles (Military Police) llevaban sus clubs.

Al poco tiempo de viajar por la carretera, el capitán Sandino nos ordenó que nos tirásemos al piso del omnibus, porque de inmediato sacaron los cañones de sus armas por las ventanillas e hicieron fuego graneado contra un cuartelillo al lado de la carretera. Los soldados fueron cogidos por sorpresa y prácticamente no pudieron responder al fuego de los guerrilleros".

"Horas después Sandino ordenó al chofer que dejara la carretera y se internase por un angosto camino vecinal. Era temporada de lluvias, y el fango pastoso y rojizo se pegaba a las ruedas y carrocería del ómnibus. El vehículo roncando y dando tumbos sólo pudo avanzar una media hora más, hasta que quedó atascado hasta el eje.

Los guerrilleros determinaron, entonces, empujar el ómnibus por un derriscadero abajo. A partir de ese momento continuamos la marcha a pie, de dos en fondo, y estrechamente vigilados. La marcha duraría tres días y tres noches, hasta que llegamos a lo que se nos dijo era la loma de "Las Coloradas" -según ellos- a 40 kilómetros de la Base Naval USA americana en la Bahía de Guantánamo".

"En aquel campamento rebelde ingerimos alimentos por primera vez: 'Café y Pan'. Allí nos esperaban los jefes guerrilleros: el comandante Anibal ( Belarmino Castilla Mas) y el capitán Manuel Fajardo. La lluvia no cesaba. Al día siguiente iniciamos la marcha montados en unas zapas hasta que llegamos tiempo después a Puriales de Cajuerí (Campamento principal de los rebeldes).

Nos recibió el comandante de la Sierra, Feliz Pena (jefe militar de la zona en poder de los guerrilleros). Y por primera y última vez se nos explicó el porqué de nuestra captura. Según ellos, porque los aviones de Batista se abastecían de gasolina y parque en la propia Base Naval USA.".

"En Puriales fuimos ubicados en el único hotel del pueblo -dice el marine Márquez-. Pero los 29 no cabíamos en él; y entonces a muchos nos repartieron por algunas viviendas del caserío. Allí, por primera vez, pudimos asearnos, afeitarnos y hacer una comida fuerte después de varios días prácticamente de ayuno.

También nos suministraron unas cajitas de primeros auxilios de la Cruz Roja. En honor a la verdad, después de días llenos de confusión, tensión y zozobra, mis compañeros y yo nos fuimos calmando, en parte debido a que también los guerrilleros suavizaron su inicial trato hostil hacia nosotros.

Al extremo que el 4 de Julio nos sorprendieron con cervezas Cristal, y hasta se nos dijo que había una res amarrada en un corral cercano para nosotros si éramos capaces de sacrificarla. El marine Worreld fue quien le dio el puntillazo a la vaca. Ocurriéndosele rociar con una bomba de flit insecticida los Cuartos colgados de la res, y evitar así que las moscas acelerasen el proceso de descomposición.

Al río Toa nos llevaban periódicamente a bañarnos en las cristalinas y frías aguas del río que demarca el territorio de Baracoa. A propósito: cuando nos llevaban a bañarnos al río, lo hacíamos totalmente desnudos; y en una ocasión que algunas campesinas nos vieron y comenzaron a gritar, los Mau Mau que nos escoltaban sacaron sus armas, las rastrillaron, mientras nosotros avanzábamos hacia ellos para confrontarlos. Nos estábamos cansando de aquella vida de secuestrados".

" Nos llevaron a presenciar el fusilamiento de dos "asaltadores de caminos" -según la versión de los guerrilleros-. Asistir a aquel terrible espectáculo del fusilamiento, a pesar de que éramos militares, nos enfermó.

Y de inmediato decidimos forzar la situación nuestra, ya que no podíamos permanecer así indefinidamente. Por tal razón comisionamos al marine Reyes (de Tampa) para que junto a otro compañero intentasen escapar y llegar a la Base Naval. Se escaparon, pero al poco tiempo descubiertos en las intrincadas lomas y capturados.

A partir del incidente fuimos encerrados en unos corrales cercados con alambradas...y la amenaza de 'pasarnos por las armas si lo repetíamos. Una mañana llegaron unos funcionarios de nuestro gobierno provenientes del Consulado de Santiago de Cuba, les acompañaba el guantanamero Paví Jiménez. También llegó Raúl Castro acompañado de un nutrido séquito de barbudos y melenudos.

Nunca se reunió con nosotros. Por la tarde unos guerrilleros colocaron unas sábanas blancas sobre la tierra del Batey; y, al rato, para sorpresa nuestra, descendía un helicóptero de la Navy. Se hablaba insistentemente que una crisis creada en el Medio Oriente por el presidente de Egipto, Gamal Abdel Nasser, los que se llamó "La Crisis del Canal de Suez", envolvía a los americanos en el conflicto y Raúl Castro había decidido evacuarnos lo antes posible.

De manera que el 29 de julio de l958, con mi uniforme limpio y planchado que me devolvían mis captores, me subía a un helicóptero para irme de vuelta a casa: había pasado yo 32 días como prisionero de los guerrilleros del Segundo Frente Frank Pais".

Libro.
Al final la operación de verano si es cierto que fracasó, y para diciembre de ese mismo 1958 ya las zonas de Yateras, Los Caños, Yara, Estrada Palma, Redó, Moa o Mayarí, fueron cayendo de a poco en poder de los rebeldes.

No solo eso, en la zona del Escambray, en el centro de la isla, le sucedía lo mismo al general Alberto Ríos Chaviano, ejemplo fueron las guarniciones de Guayos y Fomento que se rindieron en masa.

Por mucho que hicieron aquellos oficiales por detener a los alzados la metástasis se había extendido por todo el ejercito constitucional. 

Solo bastaría recordar los acuerdos del general Eulogio Cantillo y las indiscreciones, por llamarlas de alguna manera, del general Tabernilla a espaldas del propio Batista. Luego vinieron las acusaciones mutuas en el exilio. 

Por un lado Tabernilla contrató al periodista José Suárez Núñez el libro El gran culpable, donde señalaba a Batista en tanto que este contrarrestaba con otro titulado "Cuba Betrayed" (Cuba traicionada) unas memorias que publicó en 1962 en donde hasta la burguesía e incluso, el mismo gobierno de los Estados Unidos, les señaló una buena cuota de culpabilidad.


Maldita Hemeroteca

Fuentes: Artículo de Manuel Prieres.
Miami, 4 de julio del 2002
Cuban Heritage Collection. Universidad de Miami.