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EL ARTE DE SER UN SINVERGUENZA.


Un bribón es un pícaro que domina a la perfección el arte de la manipulación. Sabe cómo jugar con las emociones ajenas para obtener lo que quiere sin señal de arrepentimiento. Pero no es el caso.

Hace unas semanas el departamento de estado de los EEUU sancionó el presidente no electo de Cuba, Miguel Díaz Canel. El combo de sancionados incluyó a su mujer Lis Cuesta, y al entenado Manuel Anido, así como a Alejandro Castro y Raúl Alejandro Castro, hijo y nieto del tirano Raul.

Inmediatamente su socio Manuel Marrero - lo de socio es dicho con toda intención - exigió respeto hacia su persona pero en cambio el menda no hace mucho tampoco por ganárselo. Recuerda usted aquella famosa guaracha «El bobo de la yuca» pues muy probablemente le venga a la mente cuando sepa lo que ha dicho ahora.

El lerdo aseguró este jueves que el paquete de las reformas que diseñaron para "liberalizar y descentralizar la economía", no fue «para complacer a Estados Unidos». Decir esto a esta hora y tras 67 años de controlarlo absolutamente todo esta duro, incluso más que su cara.

Dijo que esas medidas se tomaron porque son la «prioridad y la transformación que exige el momento, y que en ningún caso van a comprometer la independencia, la soberanía y las conquistas sociales de la revolución». No sabemos ya ni que decir de este individuo y su cinismo.

Y uno podría hasta entender que se trata de un tipo de pocas luces, sin carisma ni liderazgo, que encima carga sobre sus espaldas la pesada carga de un régimen brutal dirigido en las sombras por una familia, el lastre del Partido Comunista que dirige y hasta su penoso esoterismo hacia la figura del fantasma Fidel Castro, pero coño, un poco de respeto para ese pueblo que tiene estrangulado y al borde de la locura no le vendría nada mal. Incluso hasta para él mismo.

Ser idiota no es delito, es más resulta feo llamar a alguien de esa manera, sin embargo sería bueno intentar no parecerlo al menos si no quiere verse inmerso en esa vorágine de criticas. Explicarle de paso que un horizonte no camina jamás hacia delante y que por tanto sería muy beneficioso y saludable mantenerse callado. Y no comportarse como un sinvergüenza que hasta para eso se necesita arte.

Sí, porque la sinvergonzonería no es un simple acto de maldad o engaño. Es un arte sutil que requiere inteligencia para descifrar las emociones y los sentimientos de los demás. Ser un buen sinvergüenza implica desafiarlo todo con astucia y valentía, cualidades que evidentemente no posee el zocotroco como bien lo bautizó Gilberto.

Por Jorge García
Maldita Hemeroteca