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EL CASTRISMO PIERDE A UNO DE LOS POCOS ALIADOS QUE LE QUEDAN


Cuando podía haber cerrado su gobierno en las Naciones Unidas o en la OEA, el todavía presidente de Colombia, Gustavo Petro, eligió el Palacio de la Revolución y los jerarcas comunistas de la Habana.

El presidente colombiano, que ha sido uno de los pocos gobernantes de Latinoamérica que apoya al régimen castrista, junto al nicaragüense Daniel Ortega y la mexicana Claudia Sheinbaum, llegó a La Habana este viernes en su último viaje oficial, como muestra de apoyo a "la Cuba agredida" por EE.UU. y como forma de distanciarse de su sucesor, el ultraderechista Abelardo de la Espriella.

Petro aterrizó pasadas las 19.00 hora local en el aeropuerto internacional de La Habana y, tras ser recibido por la viceministra de Exteriores Josefina Vidal, se dirigió al Palacio de la Revolución para reunirse con su homólogo cubano, Miguel Díaz-Canel. El presidente colombiano explicó recientemente en redes sociales que elegía la isla como último destino porque "la Cuba agredida" era "vital para la soberanía nacional y la lucha por la vida en el Caribe". 
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“Los misiles contra el mar Caribe dirigidos contra narcos mataron gente humilde, como los organismos de inteligencia de los EEUU lo acaban de comprobar, no sirvieron para nada, pero si asesinaron a 261 personas entre ellas, al parecer, 50 colombianos”, ha precisado el mandatario.
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"Quiero desde Cuba oponerme a una guerra en el Caribe", escribió Petro y agregó: "Ni los misiles ni la invasión ni el bloqueo son soluciones dentro de los problemas de la humanidad". Al mismo tiempo, ha criticado las últimas operaciones armadas en el Caribe que, según ha denunciado, han provocado la muerte de población “humilde”, incluidas decenas de ciudadanos colombianos.

El presidente colombiano ha sido también uno de los escasos líderes latinoamericanos que ha salido en defensa de Cuba, junto a la mexicana Claudia Sheinbaum, tras el inicio en enero de 2026 de la política de máxima presión de Washington sobre la isla, de modo que con su salida La Habana pierde uno de sus últimos aliados en la región. América latina entera está virando hacia la derecha y alineándose con el Gobierno del presidente de EE.UU., Donald Trump, mientras Cuba se queda progresivamente aislada, algo que se ha agravado con la captura del Nicolás Maduro en Venezuela.