El gobierno de Donald Trump ha anunciado una iniciativa que ha pasado casi desapercibida en los medios españoles y que, sin embargo, merece un análisis detenido: la creación de una cuenta financiera de inversión para cada niño que nazca en Estados Unidos, dotada desde el primer día con 1.000 dólares públicos.
La medida, presentada por el Tesoro americano bajo el nombre de cuentas Trump, no tiene precedente reciente en ningún gobierno occidental en cuanto a su potencial de transformación patrimonial para las clases medias y bajas.
El mecanismo es sencillo. El Estado aporta 1.000 dólares en el momento del nacimiento. Ese dinero queda invertido en activos financieros —fundamentalmente bolsa americana— y no puede tocarse hasta la mayoría de edad. Las familias pueden añadir hasta 5.000 dólares anuales adicionales con beneficios fiscales, y las empresas tienen incentivos para contribuir hasta 2.500 dólares por cada hijo de sus empleados.
Las organizaciones sin ánimo de lucro también pueden canalizar donaciones directamente a las cuentas de los niños de familias con menos recursos. En el acto de presentación ya se anunció una aportación de varios miles de millones de dólares destinada a reforzar las cuentas de los diez millones de niños norteamericanos más pobres.
Inversión para menores de 18 años
El mandatario republicano escribió que la donación “ayudará a dar un impulso inicial al Sueño Americano para estos fabulosos niños mientras celebramos el 250mo aniversario de Estados Unidos.
El mecanismo es sencillo. El Estado aporta 1.000 dólares en el momento del nacimiento. Ese dinero queda invertido en activos financieros —fundamentalmente bolsa americana— y no puede tocarse hasta la mayoría de edad. Las familias pueden añadir hasta 5.000 dólares anuales adicionales con beneficios fiscales, y las empresas tienen incentivos para contribuir hasta 2.500 dólares por cada hijo de sus empleados.
Las organizaciones sin ánimo de lucro también pueden canalizar donaciones directamente a las cuentas de los niños de familias con menos recursos. En el acto de presentación ya se anunció una aportación de varios miles de millones de dólares destinada a reforzar las cuentas de los diez millones de niños norteamericanos más pobres.
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| Donald Trump. |
El mandatario republicano escribió que la donación “ayudará a dar un impulso inicial al Sueño Americano para estos fabulosos niños mientras celebramos el 250mo aniversario de Estados Unidos.
¡Esta ENORME inversión ayudará a MILLONES de niños y familias estadounidenses a tener un comienzo sólido en la vida y les dará VERDADERA seguridad financiera!”.
Tomando como referencia el rendimiento histórico de la bolsa americana en términos reales —aproximadamente un 7% anual en los últimos dos siglos—, un niño que no recibiera ninguna aportación adicional a esos 1.000 dólares llegaría a la edad de jubilación con algo más de 114.000 dólares en términos reales. Sin haber hecho nada.
Si la familia incorpora el hábito de aportar 200 dólares mensuales, el escenario cambia radicalmente. A los 30 años, el patrimonio acumulado supera el cuarto de millón de dólares con una inversión total de algo más de 70.000. A los 50 años, supera el millón.
Si la familia incorpora el hábito de aportar 200 dólares mensuales, el escenario cambia radicalmente. A los 30 años, el patrimonio acumulado supera el cuarto de millón de dólares con una inversión total de algo más de 70.000. A los 50 años, supera el millón.
A los 70, alcanza cifras que transforman por completo las posibilidades vitales de esa persona: financiar estudios, saldar deudas, afrontar una entrada de vivienda o disponer de un complemento a la pensión que ningún sistema público podría ofrecer por sí solo.
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En el escenario de máxima aportación permitida —5.000 dólares anuales—, el patrimonio a los 50 años supera los dos millones de dólares en términos reales. Un círculo virtuoso para la economía. Más allá de los números individuales, la iniciativa tiene una dimensión estructural que va más allá de la política económica convencional.
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Los países europeos con mayor capitalización en planes de ahorro privado —Dinamarca, Países Bajos— no son solo los que tienen ciudadanos más ricos: son también los que cuentan con ecosistemas empresariales más sólidos y mercados de capitales más desarrollados. El ahorro de los ciudadanos, cuando se canaliza hacia la inversión productiva, genera un círculo virtuoso que beneficia al conjunto de la economía.
CONTRA EL COMUNISMO, MÁS CAPITALISMO
Existe además una dimensión política que merece subrayarse. El patrimonio individual actúa como escudo frente a la dependencia del Estado. Un ciudadano con activos propios tiene más opciones, más autonomía y más capacidad de decisión que uno que depende exclusivamente de rentas del trabajo y prestaciones públicas.
Existe además una dimensión política que merece subrayarse. El patrimonio individual actúa como escudo frente a la dependencia del Estado. Un ciudadano con activos propios tiene más opciones, más autonomía y más capacidad de decisión que uno que depende exclusivamente de rentas del trabajo y prestaciones públicas.
Por eso medidas de este tipo generan resistencias en ciertos sectores políticos: un país de propietarios es, también, un país de ciudadanos menos dependientes del poder. La medida tiene otra virtud que la distingue de iniciativas anteriores —como el cheque-bebé en España— con las que podría compararse superficialmente: la irreversibilidad práctica.
Una vez que millones de familias tienen cuentas abiertas y dinero acumulado, ningún gobierno posterior, por muy contrario que sea a la filosofía de la medida, puede eliminarla sin un coste político insostenible. Lo que empieza como una política de un mandato acaba convirtiéndose en una institución permanente.

