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| Recreación en IA del brigadier insurrecto Roberto Bermúdez López Ramos. Desgraciadamente no pudimos encontrar ninguna de Eutimio Guerra. // |
No sabríamos decir que de cierto o falso pudo haber en esta historia del campesino Cubano Eutimio Guerra, menos viniendo de quien fuera el mayor mentiroso y manipulador que ha "parido Cuba" en el siglo XX.
De manera que lo que aquí se lee ocurrió en Enero del 1957 en la Sierra Maestra, y fue narrado por otro que además fue un sádico asesino, en uno de sus conocidos pasajes de la Sierra Maestra, Ernesto Guevara. Fue extraído de sus diarios de campaña, donde él mismo refleja perfectamente lo que fue un ajuste de cuentas o un vulgar asesinato, llámelo como usted prefiriera. (Es que hay gente pá tó)
Y en referencia a la analogía del título, este relato nos hizo recordar un pasaje de finales de la guerra de independencia, el fusilamiento del general cubano Roberto Bermúdez López Ramos, cuando fue acusado, y demostrado además, de cometer hechos de sangre muy graves, sobre todo en la zona de Pinar del Río, como el asesinato del coronel presentado (rendido) Cayito Álvarez, cuando el propio Máximo Gómez había decretado una amnistía por la falta de mambises que tenía.
Y en referencia a la analogía del título, este relato nos hizo recordar un pasaje de finales de la guerra de independencia, el fusilamiento del general cubano Roberto Bermúdez López Ramos, cuando fue acusado, y demostrado además, de cometer hechos de sangre muy graves, sobre todo en la zona de Pinar del Río, como el asesinato del coronel presentado (rendido) Cayito Álvarez, cuando el propio Máximo Gómez había decretado una amnistía por la falta de mambises que tenía.
También había sido acusado de robo y un sin fin de abusos de poder. Y haciendo un breve recuento de esa historia, los historiadores nos cuentan que Bermúdez Ramos se había mostrado especialmente implacable contra todo aquel que se entregara a las fuerzas Españolas, y como pasó en el caso de Eutimio, el generalísimo tuvo que tomar cartas en el asunto ante la negativa de la tropa en aplicarle la pena de muerte. Incluso tuvo que dirigir mismo él mismo el pelotón.
Ya no le cupo duda "tenía una presa a su disposición".
* Se refiere al coronel Joaquín Casillas Llumpuy, supuestamente ajusticiado junto con su ayudante por el propio Ernesto Guevara, al tratar, según dijo, de escapar estando detenido en Santa Clara. Este fue el militar que estuvo relacionado con la muerte del líder azucarero y senador de la república, Jesús Menéndez, ocurrido en la estación de trenes de Manzanillo en 1948. Menéndez se resistió al arresto y disparó en la cabeza a un soldado con su propio revolver .
Estamos hablando del brigadier más joven e intrépido que conoció la ultima etapa de la guerra del 1895. Resultó curioso además que cuando Bermúdez cae preso y llega al campamento de Gómez, el generalísimo le concede unos días al encontrase, según decía el propio detenido, bastante enfermo.
Luego se supo que quería ganar tiempo con una carta que intentaba dirigir al general Mayía Rodriguez para que interviniera a su favor. Según contó después el doctor en leyes, y coronel Orestes Ferrara Marino, asesor jurídico de Máximo Gómez, este le preguntó si había alguna ley que prohibiera ajusticiar a un enfermo, y Ferrara le respondió que no sabía, pero que al menos sería poco ético hacerlo.
Gómez aceptó, hasta que la pausa terminó el doce de agosto de 1898 en Trilladeras, Santi Espíritus, y para más detalles solo un día antes de que se produjera la intervención norteamericana en Santiago de Cuba. ' Cuanta flojera hay aquí!, gritó el caudillo mientras daba la orden de "fuego" directamente, saltándose el protocolo.
Sin embargo Eutimio - que no cometió ni una décima parte de lo que hizo este asesino - no tuvo esa misma suerte. Mire, a través de los programas policiales sobre criminales y asesinos en serie, hemos conocido muchas facetas previas de estos desalmados. Sobre todo en el periodo de la niñez, donde ese sentimiento se va desarrollando con los animales.
Y en el caso de este Argentino, fue la misma familia que lo corroboró cuando aseguró que desde chiquito mostraba una sociopatía hacinándole daño a los animales. Como sucede con la mayoría ese instinto lo desató después, en su caso cuando tuvo el poder en sus manos.
Aquí el espeluznante relato...
La visita de Matthews, (Se refiere al periodista del New York Times, Herbert Matthews, el izquierdista que se tragó toda la historia del ejercito rebelde) naturalmente, fue muy fugaz. Inmediatamente quedamos solos; estábamos listos para marcharnos.
Sin embargo nos avisaron que redobláramos la vigilancia, pues Eutimio (Eutimio Guerra, colaborador de los alzados acusado de traidor) estaba en los alrededores; rápidamente se le ordenó a Almeida que fuera a tomarlo preso. La patrulla estaba integrada, además, por Julito Díaz, Ciro Frías, Camilo Cienfuegos y Efigenio Ameijeiras. Ciro fue el encargado de dominarlo, tarea muy sencilla, y fue traído a presencia nuestra donde se le encontró una pistola 45, tres granadas y un salvoconducto de Casillas.*
Cayó de rodillas ante Fidel, y simplemente pidió que lo mataran. Dijo que sabía que merecía la muerte. (¿Justificación?, no que va) En aquel momento parecía haber envejecido, en sus sienes se veía un buen número de canas, cosa que nunca había notado antes. Este momento era de una tensión extraordinaria. Fidel le increpó duramente su traición y Eutimio quería solamente que lo mataran, "reconociendo su falta".
Para todos los que lo vivimos es inolvidable aquel momento en que Ciro Frías, compadre suyo, empezó a hablarle; cuando le recordó todo lo que había hecho por él, pequeños favores que él y su hermano hicieron por la familia de Eutimio, y cómo éste había traicionado, primero haciendo matar al hermano de Frías —denunciado por éste y asesinado por los guardias unos días antes— y luego tratando de exterminar a todo el grupo.
Fue una larga y patética declamación que Eutimio escuchó en silencio con la cabeza gacha: Se le preguntó si quería algo, y él contestó que sí, que quería que la Revolución, o, mejor dicho, que nosotros nos ocupáramos de sus hijos. La Revolución cumplió.
Tengo que confesarte papá, que realmente me gusta matar”. Así le contaba a su padre en una carta el 18 de febrero de 1957, describiéndole, "con lujo de detalles", la ejecución con estas expresiones y donde llama la atención en especial.. “Sus compañeros no querían pasarlo por las armas". (Por algo sería. )
“Al proceder a requisarle las pertenencias no podía sacarle el reloj, amarrado con una cadena al cinturón. Entonces él me dijo con una voz sin temblar muy lejos del miedo: Arráncala, chico, total…´ Eso hice, y sus pertenencias pasaron a mi poder.Sus compañeros no querían pasarlo por las armas, pero acabé el problema dándole un tiro de pistola 32 en la sien derecha, con orificio de salida en el temporal derecho. Boqueó un rato y quedó muerto.
Eutimio tuvo la fatalidad ese día de encontrarse no con un verdugo, si no con un asesino que asumió el protagonismo y tomó la iniciativa. Y es por eso que hemos hecho la analogía con el general Bermúdez, porque el día de su fusilamiento Máximo Gómez se tuvo que poner bien duro con la tropa por ese mismo motivo. La gente lo quería a pesar de lo que había hecho.
Por suerte para muchos Cubanos, y podemos decirlo así, fue gracias a un error que cometió este miserable estando en Argelia en febrero de 1965, durante una conferencia internacional. Allí selló su destino cuando acusó a los soviéticos de ser unos imperialistas. "Hasta aquí podríamos llegar", seguramente pensó Fidel Castro que dependía totalmente de Moscú.
Dicen que la ley primera del karma asegura que aquello que sembremos es lo que cosecharemos, que lo que ponemos en el Universo rebota hacia nosotros con una fuerza diez veces mayor, aunque en este caso no sabemos si fueron más.
Lo que sí sabemos es que murió como lo que fue, un maldito asesino, en medio de un espeluznante monte de Bolivia y traicionado por los suyos, y por su jefe en la Habana, en un lugar donde al igual que en la Sierra no existían las leyes ni siquiera las sumarias, las que él mismo aplicó a más de doscientos Cubanos que quizás la merecían menos que él.
Maldita Hemeroteca
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