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Toral hizo lo que tenía que hacer pero los valientes estaban en Madrid

Rendición de Toral a Shafter

Un día 8 de Julio como hoy, pero de 1898, el general norteamericano William Shafter, luego de una pausa en las hostilidades de 4 días, le advierte al general español José Toral y Velázquez, el ultimo gobernador militar español que hubo en Cuba, que se le acababa el tiempo. 

Era Murciano, y había llegado a la isla por solicitud propia en 1895, cuando recién fue ascendido a general de división. En esos años ya los mambises (rebeldes cubanos) no estaban para tanto trote, y se encontraban enfocados en cooperar como fuera con las tropas invasoras norteamericanas.

El general Valeriano Weyler había controlado completamente el occidente de la isla, y algunos de los principales lideres del ejercito libertador cubano habían muerto. Sí, se producían escaramuzas entre los bandos, pero replegados como estaban en oriente, el objetivo se había centrado en la invasión salvadora.

Aunque en febrero había explotado el acorazado Maine en la rada Habanera, paso previo a la invasión, no fue este el detonante del ultimátum precisamente. Tras ser herido el gobernador militar de Cuba, el general Arsenio Linares, en la batalla de la loma de San Juan, el general Toral lo sustituyó como jefe en la plaza Santiaguera y de un ejercito repleto de calamidades debido a la situación en la que se encontraban.

Ante la evidente derrota militar, el general Toral decidió fijar la rendición frente al ejército norteamericano, decisión que encontró rechazo en Madrid y entre otros oficiales españoles como el general Blanco, capitán general de Cuba, y el propio convaleciente Arsenio Linares. Toral era consciente de que ya no se podía seguir luchando, y entonces decide que salvar las  miles de vidas expuestas, sería lo más sensato.

El 1 de agosto de 1898 la prensa publicaba la carta que el general Toral había enviado al comandante en jefe estadounidense, general Shafter, carta en la que le comunicaba la autorización del gobierno español para proceder a la capitulación. De hecho la había aguantado todo lo que pudo, hasta que el general Shafter le envió la amenazante misiva: 

“De no rendirse la plaza al día siguiente, se reanudará el bombardeo y ataque por mar y tierra a la ciudad de Santiago". 

Esta carta fue publicada por la prensa el 1 de agosto de 1898. El 17 de julio, el general Toral formalizaba la rendición incondicional de Santiago al 5to Cuerpo de Ejército de los Estados Unidos. Todo acababa al fin, y para evitar mayores agravios entre los rendidos los cubanos fueron privados de entrar en la ciudad, no por el general William R. Shafter como siempre se ha dicho, si no por ordenes directas desde Washington y que él se limitó a cumplir. 

Tampoco se le prohibió a Calixto García asistir a los actos. 

En un intercambio epistolar con Shafter, quedó claro que el bravucón de Calixto se encontraba muy tocado por esta decisión excluyente, entonces decidió unilateralmente no asistir. Por otro lado el orgullo en Madrid, aun derrotado, seguía por los cielos y algunos circulo en Madrid acusaban a Toral de cobardía. 

Claro, ellos no estaban en cuba asediados por mambises, por los cañones yankees y las tropas Roughriders e incluso por el calor y las enfermedades. ¿Cuántas vidas salvó Toral con aquella rendición a tiempo?, muchísimas seguramente, e incluso acordó también que permitieran embarcar a todos los soldados sobrevivientes y que desembarcaran en los puertos más próximos a sus lugares de residencia. Aún así no se lo perdonaron nunca. 

Su regreso a España fue trágico. Desprecio y olvido, profunda depresión y enfermedad mental. Mientras que Linares pasaba a trabajar en el ministerio de la guerra, a Toral lo ignoraban. En 1902 tuvo que internar en un sanatorio para dementes y, dos años después, moría en el sanatorio de Carabanchel de Madrid a los 72 años.

Maldita Hemeroteca