Los sucesos de Orfila, ocurridos el 5 de septiembre de 1947 en Marianao, fue una masacre donde perdieron la vida Emilio Tro, un ex integrante del ejercito de Estados Unidos durante la primera guerra mundial, y otras cinco personas.
Esta acción estuvo precedida por varios atentados realizados entre la organización de Tro y la de Orlando León Lemus, más conocido como "El Colorao". Ese día, personas no identificadas abrieron fuego desde un camión, acribillando a balazos (más de 70 impactos) el auto oficial de Emilio Tro.
Como represalia, el 12 del propio mes, hombres de Tro asesinaron en las calles 21 y D del barrio del Vedado, en La Habana, al capitán Rafael Ávila, quien presuntamente se encontraba involucrado en el anterior atentado. Las investigaciones pertinentes concluyeron que Emilio Tro había sido el autor de aquel asesinato, osea que la orden de su captura fue dada.
El 15 de septiembre, Emilio Tro, con algunos de sus colaboradores, se encontraban en la residencia del comandante Antonio Morín Dopico, jefe de la policía de Marianao. La casa estaba ubicada en el Reparto Orfila, en esa localidad. Poco después del mediodía, fuerzas al mando del comandante Mario Salabarría rodearon el domicilio, e hicieron fuego desde diversas posiciones con armas de diverso calibre. El fuego cruzado duró varias horas.
Dentro de la casa se encontraban Emilio Tro y sus compañeros Alberto Díaz, Arcadio Méndez, Luis Padierne y Villa Lledra, además del comandante Morín, su esposa, la señora Aurora Soler Amor (embarazada), su hija de 10 meses (que resultó herida a sedal en el vientre) y la empleada doméstica de la casa, la señora Basilisa Ordóñez.
El policía Mariano Puertas, que fue el primer asesinado, no se encontraba en la vivienda sitiada, sino que, habiendo escuchado por radio los acontecimientos se dirigió a Orfila para ayudar a Morín Dopico y a Tro, de quienes era estrecho amigo.
Pese a la cercanía de los sucesos con Columbia, sede del Ejército Cubano, los militares no recibieron autorización para intervenir hasta bien entrada la tarde.
Pese a la cercanía de los sucesos con Columbia, sede del Ejército Cubano, los militares no recibieron autorización para intervenir hasta bien entrada la tarde.
Los simpatizantes de Tro que se acercaron al Palacio Presidencial para solicitar del presidente Ramón Grau San Martín que detuviera la refriega, no fueron recibidos porque éste alegó estar enfermo. Después de más de tres horas de pelea, los sitiados obtuvieron un alto al fuego coincidiendo con la llegada del ejército.
El primero en salir fue Morín, que llevaba en brazos a su hija herida. Detrás le siguió Aurora Soler, también herida y ayudada por Emilio Tro. Cuando los atacantes le ven, abrieron fuego y mataron a casi todos los sitiados. Los únicos sobrevivientes fueron Villa Lledra (chofer de Tro), la empleada Ordoñez, Morín Dopico y su hija. Su muerte fue relatada por un testigo de la siguiente manera:
“...los soldados y policías que se encontraban frente a la casa, acompañados del teniente del Ejército, De la Osa, ayudante militar de Fabio Ruiz, se lanzaron al suelo instintivamente. Una ráfaga de ametralladora abatió a la Sra. Soler, quien se encontraba en avanzado estado de gestación y que se desplomó mortalmente herida. Emilio Tró generosamente abandonó toda precaución y con ayuda de un policía trató de levantarla de la acera.
Ahí mismo recibió 18 mortales balazos. Luis Padierne, el policía, saltó sobre él y cayó dos pasos más allá tras varios disparos en el vientre. Manuel (Manolo) Villa recibió dos graves heridas de bala, que lo dejaron cojo por el resto de su vida, pero salvó la vida.
La matanza fue recogida en film por Eduardo “Guayo” Hernández, pero su proyección fue prohibida por Alejo Cossío del Pino después de haber sido pasada una sola vez por la pantalla del cine Fausto [y en el cine Arenal, en Calzada de Columbia (Avenida 41) y la calle 30, en el reparto la Sierra, donde yo la vi. Robert A. Solera].
Después que la batalla de Orfila hubo terminado, Fabio Ruiz se apareció allí amenazante blandiendo una pistola. Salabarría fue detenido por el coronel Oscar Díaz, quien, al registrarlo, le encontró la suma de $13,548 escondidos en los zapatos y que se negó a declarar su procedencia”.
Tal vez la mejor valoración de la personalidad de Emilio Tro y de su actuación en el complicado tejido de la política y las organizaciones gansteriles del aquel período, proviene del senador Eduardo Chibás, quien pocos días después de los sucesos de Orfila, en discurso pronunciado en la ciudad de Holguín afirmaba lo siguiente:
«Emilio Tro, que peleó en Normandía y Alemania, en los ejércitos del general Patton, donde obtuvo por su valentía las más altas condecoraciones, padecía de psicosis de guerra.
Condenamos los hechos de sangre realizados por el comandante Tro, pero reconocemos que no mataba por la espalda ni asesinaba mujeres, ni robaba, ni estaba envuelto en las especulaciones de la Bolsa Negra, a las que siempre combatió (...)
Fue generoso, pues cuando era más intenso el tiroteo de la banda de Salabarría contra la casa de Morín Dopico, el comandante Tro se empeñó en salir al portal para suicidarse y salvar así a los otros ocupantes de la casa. Morín Dopico se lo impidió».
Los sucesos de Orfila desencadenaron una ola de violencia entre grupos gansteriles, que tuvo entre sus hechos más connotados los atentados fatales contra Rogelio Hernández Vega (Cucú) y Manolo Castro en 1948, así como el cometido contra Alejo Cossío del Pino en 1952. El panteón donde yacen las víctimas de aquel sangriento día se encuentra en el cementerio de Colón en La Habana.
