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LA HISTORIA EN IMAGENES: EMBOSCADA MAMBISA Y POSTERIOR FUSILAMIENTO.

Mayor general José María "Mayía" Rodriguez - al medio y con camisa blanca - y un grupo de mambises.

A mediados de 1898 los periódicos de Madrid publicaban la esperanzadora noticia de la firma, en la ciudad de Washington, del protocolo de armisticio de la guerra hispano-americana. Esto significaba la paz tras cuatro meses de cruenta y desigual guerra que produjo centenares de muertos por ambas partes.

Rotativos de todos los colores políticos como "Blanco y Negro", "El Heraldo de Madrid", "El Imparcial", "La Iberia", "La Emancipación" o "La Época", anunciaban sus cintillos a bombo y platillo. Escritores y periodistas eran contratados como “enviados especiales” al campo de batalla, con el objetivo de obtener –en la medida de lo posible– una información directa y privilegiada del teatro de operaciones.

Mediante el envío de cablegramas, las fuentes de información compartida procedían desde la Habana, Santiago o Manzanillo. Por otro lado periódicos norteamericanos como el New York Journal (Hearst) o el New York World (Pulitzer) tenían igualmente a sus corresponsales integrados a pie de tropa, y por tanto testigos de primera mano de aquellos acontecimientos.

El corresponsal del Herald de New York, George Bronson Rea, fue uno de ellos, unas veces al lado del general y comandante en de las topas, el dominicano Máximo Gómez y otras junto a su lugarteniente en el oriente, mayor general Antonio Maceo. Entre los del patio, el capitan del ejercito libertador, Aníbal Escalante Beatón, estuvo reportando la campaña de Calixto García desde 1895.


Cuando se produce la inoportuna carta que escribió el
embajador español en Washington, Enrique Dupuy de Lóme, al presidente del consejo de ministros José Canalejas, y que
fuera sustraída por el cubano Gustavo Escoto en una visita del
político español a la Habana, fue la prensa norteamericana la que hizo "buen uso" de ella.

Aquella misiva, que contenía epítetos despectivos y poco respetuosos sobre el presidente McKinley, fue publicada el nueve de febrero de 1898 por el New York Journal. De hecho, Dupuy fue cesado y sustituido por Luis Polo de Bernabé. Por si fuera poco, una semana después explosionaba el Maine en el medio de la bahía habanera, lo que significó el pretexto perfecto de la prensa para agitar aún más la situación y pedir de una vez la guerra.

Es que aquella prensa le hizo mas daño a España que los machetes mambises. Usted puede asegurar sin temor a equivocarse, que como al ejercito de intervención los cubanos separatistas le debe tanto a Joseph Pulitzer como a William Hearst, la libertad de Cuba. No por gusto es llamanda "el cuarto poder".

Sin embargo, por esa fecha de 1898 muy próximas a la invasión Yankee, todavía en Cuba se seguían sucediendo altercados entre las tropas mambisas y soldados españoles, muchos de ellos totalmente inútiles. Las tropas rebeldes habían rechazado la oferta española del autonomismo, así como la de una "unión contra el enemigo común", prosiguiendo con las hostilidades.

Como este, sin ir más lejos, que encima quedó grabado para la posteridad a través del celuloide de uno de aquellos corresponsales. Se trata de uno de esos espectaculares materiales que atesora la librería del congreso de los Estados Unidos, donde se puede apreciar a un grupo de rebeldes cubanos que, desde unas ventanas de un molino en ruinas, disparan contra una escuadra de exploradores españoles que le devuelve la andanada.


Mas tarde, esos mambises que fueron capturados son fusilados en aquellas mismas ruinas, como se puede apreciar en el otro vídeo más abajo. Es una lástima, porque quizás por la falta de información que existía entre los distintos mandos cubanos, provocó muchas muertes innecesarias.

Tenga en cuenta que para ese entonces España ya había decretado el cese al fuego. Tanto fue así, que un 23 de abril, a menos de sesenta días de producirse la invasión por Santiago de Cuba, caía combatiendo en la Habana el coronel Bejucaleño Juan Evangelista Delgado.

Este valiente mambí, que venía bregando desde hacía dos años en una zona peligrosísima como Marianao, Barreto, Bejucal o Managua, fue el mismo que consiguió rescatar en San Pedro los cuerpos inertes del lugarteniente general Antonio Maceo y su ayudante e hijo del generalísimo Máximo Gómez, Francisco "Panchito" Gómez Toro. 

Les dejamos esas imágenes que son espectaculares.