Corría el mes de mayo del año 1890 y en la Habana ocurría una verdadera tragedia donde perdieron la vida bomberos y agentes del orden, así como varios vecinos que intentaron ayudar. De las treinta y cinco personas que fallecieron, nueve eran bomberos del cuerpo Municipal y 17 del cuerpo del Comercio.

El fuego se inició a las diez de la noche del día 17 de marzo, y los peritos llegaron a la conclusión que el señor Isasi, dueño del negocio, guardaba en el interior de su ferretería barriles con dinamita, de hecho uno de ellos explotó al comenzar los bomberos sus labores de extinción, quedando aplastados al colapsar el techo. Otra parte del edificio aplastó a otro grupo, un miembro de la Marina y ocho vecinos que intentaron ayudar.

Todos, en general, dieron muestras de un heroísmo sin par. No por gusto el monumento más bello e impresionante del cementerio de Colón, fue dedicado a estas víctimas. El Ayuntamiento de La Habana decidió erigirlo el 24 de julio de 1897 en una ceremonia a la que asistieron diez mil personas y que presidió el general español Valeriano Weyler, gobernador de Cuba durante la Guerra del 1895.

Y como siempre hacemos, buscamos la opinión del mas grande historiador que ha tenido la Habana, Don Emilio Roig de Leuchsenring, que nos cuenta que varias fueron las hipótesis sobre las causas del incendio, entre las cuales se manejó el infortunio, la negligencia, el accidente y hasta un castigo divino, sin duda todo apuntaba a un supuesto asunto financiero.

Al parecer el propietario, Juan Isasi, agobiado por alguna deuda, se vio en la imperiosa necesidad de auto destruir su negocio, buscando que el seguro hiciera el resto. La ferretería se encontraba situada en la calle Mercaderes, No 24, esquina a Lamparilla, en la Habana Vieja.

Según apuntó Leuchsenring, el capital social de la casa Isasi y Cía era de 160 mil pesos oro, pero que en caso de algún desastre se quedaría con una fortuna de 110 mil pesos oro. El periódico "La Discusión" fue uno de los que puso en duda esta "fatalidad" que tantas vidas costó. Y aunque Isasi fue detenido, al final resultó liberado por falta de pruebas incriminatorias. Las causas del siniestro se adjudicaron a la combustión de sustancias inflamables. 

Cortejo fúnebre por la calle O´Reilly

En un articulo del 23 de mayo, el citado diario denunció que el señor Isasi tenía escondido en un rincón del almacén varios kilos de dinamita de contrabando desde hacía un tiempo, ya que se trataba de un producto prohibido de comerciar por la corona Española. Además, en su tirada aparecía un croquis con la posición en que fueron encontrados los cuerpos de los bomberos muertos durante la segunda explosión.

En total fueron 25 las victimas mortales, siete bomberos municipales, cuatro agentes de orden público y ocho vecinos del barrio. Los nombres de los municipales eran Andrés Zencoviech, Isaac Cadaval, Carlos Rodríguez, Adrián Solís, Miguel Pereira, Bernardo García, Fermín Posada y Pedro Chomat.

Los 17 bomberos de comercio fueron, Juan J. Musset, Francisco Ordóñez, Oscar Conill, Gastón y Raoul Álvaro, Pedro González, Ignacio Casagran, José Prieto, Carlos Salas, Ángel Mascaró, Francisco Valdés, Inocencio Valdepares, Hilario Tamayo, Juan Viar, Enrique Alonso, José Miró y Alberto Porto.

El guarda marina se llamaba Antonio Suárez García, mientras que los policías, Antonio Romero, Amador López, Francisco Botella y Bautista Baguer. En cuanto a los vecinos que intentaron ayudar, Manuel Rodríguez Alegre, Juan Coloma, Francisco Silva, cónsul general de Venezuela en Cuba, Telmo Ozorez, Modesto Zúñiga, Antonio González, José Coll y Gorí, Fermín Perdomo y Jaume Andrés.

Uno de los bomberos que participó en el intento, con los años se convirtió en un destacado coronel mambí, Néstor Aranguren, que se vio envuelto en un episodio no muy ético que digamos. Nos referimos al ajusticiamiento de un alto mensajero de paz Español por ordenes del general Máximo Gómez, un pasaje que aparece reflejado en el libro, "Episodios de la Guerra. Mi Vida en la Manigua", del Coronel mambí Ricardo Buenamar.

Para terminar, en una de las peregrinaciones anuales en memoria de estas víctimas, asistió la infanta Eulalia de Borbón durante su corta estancia en Cuba el ocho de mayo de 1893. Esta visita, por cierto, causó gran conmoción en un país que, abocado hacia una nueva guerra independentista, demostraba que en su gran mayoría apoyaba a la corona. Lo otro que le digan es un cuento de camino.

Maldita Hemeroteca 
Fuentes: Artículo del historiador Emilio Roig de Leuchsenring. // Datos de la Revista Opus.