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CANDELA MAMBISA: LA DESTRUCCIÓN DE BAUTA Y GRAN PARTE DE SUS ALREDEDORES

 El general Antonio Maceo sentenció al poblado de Bauta para su segunda visita del día uno de enero de 1896. // 

El Cubano tiene una rara obsesión por darle candela a todo, en el mejor sentido de la palabra claro, pero es cierto que lo ha reflejado tanto hasta en su manera de hablar: "Esto está en candela", La candela es aquí", "Candela por los cuatro costados", "Candela como al macao", "Candela al jarro hasta que suelte el fondo", "El cuarto de Tula le cogió candela", "Que le den Candela", y así ...

¿Pero de donde viene esta tozuda manía?

Una teoría apunta al inicio de las guerras de independencia que comenzaron un diez de octubre de 1868, hasta el ultimo levantamiento del veinticuatro de febrero de 1895. En este ultimo, un total de treinta y cinco localidades se rebelaron simultáneamente, y no culminó hasta el doce de agosto del 1898 con la entrada de las fuerzas armas de los Estados Unidos.

Desde el mismo mes de mayo de 1895 comenzó la llamada "Campaña circular" bajo el mando del mayor general Máximo Gómez, que tenía como objetivo levantar en armas la región agramontina, e invadir posteriormente a Las Villas en dirección al occidente. Durante ese periodo fueron destruidos decenas de bateyes, aldeas y hasta pueblos enteros. Por donde pasaba el ejercito libertador solo quedaba ruina y desolación.

En cambio para la historiografía castrista los destrozos causados eran, como mínimo, un mal necesario de la revolución. Visto así, la destrucción que ocasionó el general Máximo Gómez el 17 de junio de 1895 al pueblo de Altagracia, en Camaguey, fue uno de esos ejemplos. 

En cambio fíjese en algo. 

Con anterioridad las fuerzas del teniente coronel López Recio, al mando del mayor general Ignacio Agramonte, sostuvieron allí en 1869 lo que fue considerado como el bautizo de fuego del líder militar Camagüeyano. Además, el cuatro de mayo de ese mismo año, el coronel Manuel Agramonte Porro sostuvo también otro enfrentamiento contra fuerzas españolas, y en ninguna de las dos acciones se le ocasionó daños a los pobladores. 

Llegado a este punto, uno podía preguntarse: ¿Qué necesidad tuvo Gómez de reducir a Altagracia a escombros y cenizas bajo aquel voraz incendio?. 

Y no solo eso, es que el día 22 había hecho lo mismo con San Gerónimo en esa misma provincia. Por cierto, en ese combate de Altagracia murió el mayor general Félix Borrero Lavadí, uno de los hombres que desembarcó con José Martí en Playitas de Cajobabo en 1895, y que incluso estuvo presente en la caída del apóstol en Dos Ríos.

¿Sabe usted cuanto destrozo se ocasionó con tal de que el refuerzo de las tropas españolas no pudieran recuperarse una vez que hubieran llegado al lugar?. 

Sepa que varios de aquellos patriotas no veían con buenos ojos esa manera de hacer la guerra. ¿Qué habrán pensado aquellos campesinos de Altagracia, cuando vieron que lo poco que tenían había sido reducido a cenizas. ¿Qué fue de sus vidas y la de sus familiares?. La cacareada teoría de que aquellos habitantes aplaudían y celebraban su propia destrucción, solo puede caber en la mente enferma de un fanático.

Mire usted, uno de los jefes más prestigiosos que tomó parte no en una, si no en las tres guerras, el mayor general Bartolomé Masó Márquez, de quien Martí dijo era el hombre que había conseguido unir en la misma causa a veteranos y jóvenes insurrectos, el que fuera elegido presidente de la cámara de representantes del primer gobierno, fue uno de los que criticó como nadie aquellos destrozos.

Pliegos de papel

Es más, siendo jefe del segundo cuerpo del ejército permitió moler azúcar al contrario de Gomez o Maceo. Por ejemplo a la «Sociedad de Viti y Cía.», les permitió moler azúcar a cambio de que le entregara quinientos pesos, además del compromiso de aportar 30 centavos por cada saco que se produjera en aquella zafra de 1895. Además, contrajo también compromisos con la «Sociedad de Reina y Cía.» y la «Sociedad de Ramírez y Cía.», una vez se comprometieran a pagar lo mismo.

Ambos generales, porque también el mayor general Carlos Roloff hacía lo mismo, estuvieron movidos por la necesidad de obtener fondos para el aseguramiento de la Revolución, un dinero que debía ser empleado para comprar armas, municiones, ropas y medicamentos, en vez de ponerse a destruir todo a su paso.

Por otro lado en el libro "Revolución de Yara 1868-1878, del historiador y general de brigada mambí Fernando Figueredo Socarrás, por cierto uno de los que se opuso fervientemente al pacto de Zanjón y que apoyó al general Antonio Maceo en este sentido, dejó entrever que mucha de la "tea incendiaria" que se aplicó en occidente fue más por despecho y por castigo al poco apoyo que recibió allí la invasión, y cita al propio generalísimo Máximo Gómez:

(....) "Los villareños, con su sistemático provincialismo, hicieron que me encontrara ante un destino erizado de inconvenientes que neutralizarían por completo mis esfuerzos". ¿No le sospecha usted que donde mas candela se dio fue en el centro de la isla?. Cienfuegos quedó reducido a la miseria".

La guerra de los EE.UU. contra España en territorio cubano se extendió desde el veintiuno de abril hasta el dieciséis de julio de 1898, fecha en que se concertó la capitulación española. Con la firma el doce de agosto que puso fin a las hostilidades, se abrió para Cuba un período de paz y reajuste de la sociedad cubana, según las condiciones que finalmente fueron establecidas por el Tratado.

¿Pero en que condiciones estaba Cuba cuando se produjo esa firma?. Creemos que la respuesta a esa pregunta está en aquella proclama redactada el once de noviembre de 1895 por Máximo Gomez, que sabedor del destrozo y los daños causados a la economía y al tejido social cubano, intentó "curarse en salud" anteponiendo los deberes para con la patria.

Gómez
"Las dolorosas medidas dictadas por la revolución redentora de esta tierra, empapada en sangre inocente (desde Hatuey hasta nuestros días) por España despiadada y cruel, os va á sumir en la miseria.

Como General en Jefe del ejército libertador, es mi deber conducirlo al triunfo, sin que me detengan ni arredren medios, poniendo á Cuba en el más breve plazo en posesión de su acariciado ideal.

Declino, pues, la responsabilidad de tanta ruina en los que la ven impasibles y nos obligan á esos extremos que después, (¡hipócritas y necios!) condenan. Tras tantos años de súplicas, humillaciones, desprecios, expatriaciones y cadalsos; cuando este pueblo por su libérrima voluntad se ha alzado en armas, no cabe otra solución sino triunfar. No importan los medios que se empleen para conseguirlo.

Este pueblo no puede vacilar entre la riqueza española y la libertad cubana. Y su mayor crimen sería ensangrentar el país sin realizar su propósito con el carácter de los hombres que nos encontramos en el campo desafiando el furor de uno de los ejércitos más bravos y aguerridos del mundo, pero en esta guerra sin entusiasmo ni fe, sin pan ni plus.

La guerra no comenzó el 24 de Febrero; va á comenzar ahora. Se tenía que organizar: poner en reposo y encauzar el espíritu de la revolución, exaltado siempre en sus comienzos por entusiasmos alocados. La contienda debía comenzar obedeciendo á un plan ó método más ó menos estudiado, pero que respondiese á la peculiaridad de nuestra guerra.

Eso está hecho ya. Ahora que envíe España sus soldados á remachar las cadenas de la esclava; que el hijo de la tierra está en el campo, armado con el arma libertadora; la lucha será terrible. El éxito coronará la resolución y esfuerzo de los oprimidos".

Desde el mismo momento en que el hombre descubrió el fuego y se dio cuenta de que, además de servirle de instrumento de supervivencia y de progreso, tambien podría convertirse en un arma de destrucción, y desde entonces la ha estado empleando con esos fines. Lo vimos en la primera guerra mundial, en la segunda y hasta en la de Vietnam con aquellos temibles lanza llamas. 

En el caso del conflicto bélico Cubano su uso resultó fatal mas que beneficiosos,  y las cifras están ahí solo tiene que buscarlas. Por ejemplo durante la invasión en Occidente, Gómez "apretó la tuerca" de tal que manera que el seis de enero emitió una circular que ordenaba la destrucción total de todos los ingenios, bateyes y vías de comunicación, además de sancionar con la pena de muerte al obrero que tan sólo prestara su fuerza de trabajo en los ingenios o trapiches de azúcar.  

Así lo escribe el historiador estadounidense Phillip S. Forner, profesor emérito de la Lincoln University, y autor de los dos volúmenes de la Historia de Cuba y sus relaciones con los Estados Unidos en 1962:

"No había nada nuevo en aquellas discrepancias. La obstinada idea de Gómez en destruir toda la riqueza sin admitir críticas, por considerarlo vital para la victoria. Al final , aunque hubo momentos de gran división entre los líderes, Gómez terminó por imponer su criterio y los demás optaron por obedecerle".  

¿Y porque traemos esto en el día de hoy?, pues porque hay una historia bastante oculta que nos cuenta que, en el poblado de Hoyo Colorado, hoy Bauta, localidad en las afueras de la Habana, vivían entonces unas trescientas personas. Aquella especie de aldea había sido fundada en el año 1850 en los terrenos del Hato de Ariguanabo, muy cerca de la laguna la Pastora.

Pues esas personas estaban repartidas en noventa casas, la mayoría muy humilde pues estaban hechas de techo de guano y paredes de madera de palma. En un inicio pertenecían jurídicamente a Santiago de las Vegas, hasta que el uno de enero de 1879 crearon su propio Ayuntamiento que distaba a dieciséis kilómetros de Marianao, y a veintiocho del centro de la capital Cubana.

Pues resulta que el once de mayo de 1898, el mayor general Antonio Maceo, en cumplimiento de la orden de Máximo Gómez de extender el levantamiento hacia occidente, atacó este pueblo con tanta saña que lo dejó reducido a cenizas. Estamos hablando de un caserío que no debió tener ni guarnición siquiera de lo pobre que era, pero aún así su destrucción fue total. Maceo no tuvo contemplación ninguna con esta gente.


¿Y que pudo haberle motivado un ataque de semejantes proporciones, sobre todo teniendo en cuenta que se trataba de un pueblo humilde que no significaba nada más que el hecho de ser tomado?. 

Resulta obvio que fue en respuesta a la resistencia que mostraron a sumarse a la insurrección cuando un día como hoy, uno de enero de 1896, Maceo había entrado y atacado los poblados de Güira de Melena y de Melena del Sur además, y notó que nadie allí estaba por la labor de la guerra.

Sin embargo, la prensa oficialista destaca "el valor y la heroicidad del Titán de Bronce en este hecho". Como también se habla muy poco de la destrucción de Calixto García de la regiones de Holguín y de Gibara, o el incendio de Velasco en 1896, que incluso motivó actos de resistencia civil donde los habitantes de Guisa optaron por enfrentar al ejército Libertador.

Por otro lado el coronel Bejucaleño Aurelio Collazo García, caído en un combate en el pueblo de Güira de Melena, fue uno de los que más devastación y desolación causó en el sur de la Habana. En fin señores, que la Tea incendiaria, y según datos de la University of Miami, destruyó la friolera de tres millones de cabezas de ganado, más de un millón de pesos en madera preciosa, dos millones y medio en embarques de mercancías, y casi millón y medio de toneladas de azúcar. 

En lo social, de 1’631,687 habitantes que habían en el censo de 1887 se pasó al millón y medio - corto - en el del 1899 realizado por el gobierno interventor. Aquí se puso de manifiesto las causas de la destrucción, sumado a las casi ciento cincuenta mil mil muertes ocasionada por la fallida concentración de pacíficos del general Valeriano Weyler, llevada a cabo durante el periodo de febrero de 1896 y octubre de 1897. 

Según dejó constancia el propio Gómez en su Diario de Campaña, fue en la región de Cienfuegos donde se inició la quema de los campos de caña, política que dejó destruida toda la provincia a su paso. Frente a la impotencia de Arsenio Martínez Campos, caen sobre Matanzas de una forma brutal, que como consecuencia trajo la eliminación de los grandes campos de caña y de los modernos y productores centrales de aquella zona. 

El resultado es conocido. La zafra en Matanzas quedó completamente destruida e imposibilitada de realizar, fue la provincia que mas sufrió la sacudida de esta política destructiva.

Poco tiempo después la columna invasora entró en La Habana, coincidiendo con esos primeros días del mes de enero de 1896, fecha en que la zafra estaba llegando a su fin y ya sabemos lo que arrojó su paso por Ceiba del Agua, Batabanó, Mariel, Cabañas, San Diego, Bahía Honda, La Mulata, Viñales, así como la ya citada destrucción de Hoyo Colorado. 

DETRUCCIÓN TOTAL.

Según un reporte emitido por la Civil Report of Major General Leonard Wood, gobernador militar de Cuba entre 1899 y 1902, los daños causados por esta invasión fueron calculados de la siguiente manera: 
  • Pinar de Rio: De 46 ingenios fueron destruidos 39.
  • La Habana:   De 85 ingenios fueron destruidos 74
  • Matanzas:  De 271 ingenios fueron destruidos 251
  • Santa Clara: De 160 ingenios fueron destruidos 151
  • Total: De 562 ingenios fueron destruidos 479, solo quedaron 83
De regreso en Punta Brava Maceo proyectaba caer sobre Marianao, una acción que por fortuna no pudo materializar al caer en combate el siete de Diciembre en San Pedro ante las tropas del batallón de San Quintín, comandadas por el teniente coronel Aragonés, Francisco de Asís Cirujeda. 

Toda aquella destrucción era denunciada en los famosos "pliego de cordel", noticias que se vendían colgadas de un hilo y sujetas con pinzas de ropa, que desde el siglo XV se venían publicando y que se caracterizaban por su gran objetividad y apego a la verdad.

"La gente pacífica entregada al trabajo, mira la insurrección como un infame atentado contra el bien y la riqueza del territorio cubano", así decían algunas de aquellas publicaciones. Y no decimos con esto que no fuera propaganda a favor de España, pero aunque así fuera, aquellos pliegos describían muy bien el dantesco escenario de aquella guerra, en el cual los mambises fueron protagonistas.

Maldita Hemeroteca

Fuentes: Volker Mollin: "Singularidad historiográfica de la guerra de los 10 años en Cuba" / José Pardo Llada / "Bartolomé Masó: el presidente que vetaron los yanquis, Patronato del Libro Popular, La Habana 1960". / "Web Cuba y su historia". / "La revolución de Yara 1868-1878" de Figueredo Socarrás Fernando / Ramiro Guerra: "Antecedentes y significación de la guerra de 1868, La Habana. 1942"./ Departamento de la Guerra: Informe sobre el censo de 1899 (Antecedentes). Oficina del Director del Censo de Cuba.