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FOTO DE FAMILIA: HISTORIAS ENTRECRUZADAS

Santa Clara Cuba. // 

Aunque la revuelta que dio origen en España a la sublevación nacionalista se inicio en 1936, desde principios del siglo ya los anarquistas y comunistas venían cometiendo barbaridades en este país.

La Segunda República, en Abril de 1931 que sustituyó la monarquía de Alfonso XIII, la izquierda ganó unas elecciones que fueron interpretadas como un auténtico plebiscito ante la monarquía. La victoria de los republicanos en la mayor parte de las capitales de provincia y sobre todo en Madrid, Barcelona y Valencia, se consideró un triunfo indiscutible. 

Sin embargo, a la misma vez se iniciaba una etapa caracterizada por los enfrentamientos, casi diarios, donde más de cien iglesias resultaron quemadas. De hecho de las cincuenta y ocho que habían en Barcelona, solo la catedral se salvó. La mayoría fueron pasto de las llamas, y no contentos con dejarlas destruidas, expusieron en plena vía publica los cadáveres de las monjas que allí estaban sepultadas. (Imagen de abajo) 

Cadáveres de las monjas enterradas en la 

Con la segunda etapa de la república se efectuaron elecciones generales del 19 noviembre de 1933 donde las mujeres pudieron votar por primera vez, y en esta dos partidos de derecha y centro-derecha resultaron ganadores. El líder del Partido Republicano Radical (PRR), Alejandro Lerroux, recibió el encargo de formar gobierno.

Para ello necesitó el apoyo de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), una coalición política de partidos católicos y conservadores. En cambio en el otro bando el marxista Francisco Largo Caballero, "El Lenin Español", dependiente total de la Unión Soviética y por ende de un fanatismo sectario amenazó con armarla. Su radicalismo fue tal, que dice que hasta el propio Stalin tuvo que pedirle en una carta «cierta moderación». 

Largo Caballero amenazó con armar una "bendita" si la derecha accedía al Gobierno, victoria que al final fue consumada con el 40.5% de los votos y ciento noventa y siete escaños alcanzados. El tres de octubre de 1934 varios ministros de derechas se incorporaron por fin al Consejo de Ministros, y dos días después el PSOE cumplió sus amenazas. 

Encabezó una rebelión armada en Asturias con el apoyo del Partido Comunista. Tras dos años de este gobierno de centro-derecha, el republicano Manuel Azaña lideró la formación del Frente Popular, una coalición que aglutinó a varios partidos de izquierdas para hacerles frente. 

Ministro José Calvo Sotelo asesinado en julio de 1936 por el pistolero socialista Luis Cuencas. Ha sido considerado la ultima víctima de la ola de violencia del frente popular que desató la guerra civil.

Esta era un enjambre de socialistas, republicanos y comunistas pertenecientes al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el Partido Comunista de España (PCE), que giraba en torno al Kremlin de Moscú. 

«Habrá soviet en España en cuanto caiga Azaña», afirmaba Largo Caballero en una entrevista al diario La Prensa en febrero de 1936 o, “El socialismo exige ahora una dictadura proletaria y antes de cinco años España será soviética”, fueron algunas de sus frases más retoricas. El propio archivo histórico del Partido Comunista Español entre 1931 y 1936, constata la supeditación táctica y estratégica de la dirección al estalinismo soviético.

Según fuentes españolas, fueron asesinados trece obispos, cuatro mil ciento ochenta y cuatro sacerdotes seculares, dos mil trescientos sesenta y cinco frailes y doscientas noventa y seis monjas, lo que equivalía a uno de cada siete sacerdotes y a uno de cada cinco frailes.
Todos esos asesinatos se produjeron en la zona bajo el control de los socialistas y los comunistas. Se estima que siete mil religiosos, entre obispos, sacerdotes, monjas y seminaristas y de entre sesenta y setenta mil seglares o laicos, pero represaliados igual por odio a su fe católica.

El dieciséis de febrero de 1936 se celebraron elecciones de nuevo, las terceras convocadas durante la Segunda República y con un 72,9% de participación, donde la coalición de esos ocho partidos resultó la ganadora. A partir de ese momento el clima de tensión en España era cada vez mayor, y la población empezó a criticar al Frente Popular por no ser capaz de mantener el orden público. 

Mientras tanto la URSS mostraba su preponderancia en todos los aspectos: la política general, la prensa, la organización del terror, el ejército popular —sujeto al comisariado político y vigilado por la misión militar soviética— y la hacienda pública, que envío -dicen- gran parte de las reservas de oro del banco de España hacia Moscú, más los bienes particulares depredados por los revolucionarios o por intervención estatal. 

En julio de ese año llegaron al extremo de asesinar con dos tiros en la nuca al político José Calvo Sotelo, tras ser detenido. Había sido ministro durante la dictadura de Primo de Rivera y uno de los más críticos con el gobierno republicano. Este asesinato acabó enfureciendo a los partidarios de derechas, resultando la chispa que hizo estallar la sublevación de 1936. 

Retirando los cadáveres fusilados en Paracuellos

Otro de los crímenes más notorios fue el asesinato de seis jóvenes seminaristas en la ciudad de Oviedo, en Asturias, la mayoría de entre diecisiete y dieciocho años. Fueron asesinados el siete de octubre de 1934 al grito de "Matadles que son curas". Este hecho dio rienda suelta a la mayor persecución religiosa en toda la historia de la Iglesia.

Así las cosas, los días diecisiete y dieciocho de julio de 1936, las tropas militares españolas que se encontraban acantonadas en África se alzaron frente a esta coalición izquierdistas, y aunque en un inicio falló, al final derivó en tres años de cruenta Guerra Civil entre 1936 y 1939.

FUSILAMIENTO DE PARACUELLOS DE JARAMA 

Según ha documentado el destacado hispanista británico, Julius Ruiz, uno de los mayores expertos en el terror rojo, el Gobierno de Francisco Largo Caballero tuvo total responsabilidad y conocimiento del fusilamiento de las "sacas" (En Cuba cordilleras o traslados de presos) de Paracuellos. La matanza tuvo como responsable al comunista Santiago Carrillo, pero los historiadores dicen que las órdenes venían del Comité de Defensa y del Gobierno de Largo Caballero.

Las ordenes de detención fueron "firmadas" por el delegado de orden público, Segundo Serrano Poncela, miembro de las Juventudes Socialistas Unificadas. La masacre, en la que se calcula que fueron pasados por las armas más de cuatro mil quinientas personas, cifra que aun no ha sido esclarecida definitivamente, incluyó a centenares de mujeres y cincuenta niños - todos varones - pero que si tenemos en cuenta que en aquella época eran menores hasta los 23, entonces la cifra se dispara hasta doscientos setenta y cinco. (Aquí los nombres de los 50 niños)

La relación la publicó el periódico "El Mundo" por medio de una esquela, donde apareció uno de los fusilados con sólo trece años, dos de quince, ocho de dieciséis y treinta y nueve de diecisiete años. La matanza fue organizada por directores de las prisiones que trasladaban a reclusos bajo su custodia, gracias a falsas órdenes de salida firmadas por el director general de seguridad, el comunista Poncela. 

Fosa común del régimen Franquista 

Varias de aquellas "sacas" fueron desviadas hacia los lugares del arroyo San José, en la vega del río Jarama, donde fueron ultimados sumariamente. Ya tenían hasta las fosas preparadas. Según el otro historiador e hispanista británico Paul Preston, aquella fue la mayor atrocidad cometida en territorio republicano durante la guerra civil.

Entre los fusilados se encontraban militares que habían participado en la sublevación o que no se habían incorporado a la defensa de la república,​ falangistas, religiosos, aristócratas, militantes de la derecha, monárquicos y conservadores, que en su inmensa mayoría habían sido detenidas por ser consideradas partidarias a Franco, tras haber sido encarceladas sin amparo legal ni acusación formal.

Así mismo, durante la guerra miembros del PSOE y del PCE crearon centros de detención y tortura conocidos como "checas o chekas", al más fiel estilo de la sanguinaria policía política bolchevique de la dictadura de Stalin que les apoyó hasta en esto. Miles de personas fueron detenidas y llevadas a esas cuatrocientas cuarenta y siete checas (trescientas setenta y cinco solo en Madrid) por motivos políticos y religiosos, incluyendo madres con bebés. 

Algunas cifras indican que fueron asesinados 4.184 sacerdotes, 2.365 religiosos, trece obispos, doscientas ochenta y tres religiosas, muchas de éstas mujeres fueron además violadas, y miles de laicos católicos asesinados por su fe o por su ideología. 

Cementerio donde están sepultados los fusilados de Paracuellos

Se estima que en aquella guerra murieron trescientos mil españoles, entre ciento cincuenta mil combatientes y el resto asesinado. El historiador británico Hugh Thomas, que tanto sabía de la guerra de Cuba en el siglo XIX, cifró en su libro "La Guerra Civil Española" de 1961 la cifra en noventa mil víctimas del bando republicano y sesenta mil en el sublevado.

Dicho esto, sepa que ese bando no fue liderado por Francisco Franco en principio, si no el general Emilio Mola Vidal, un militar español que había nacido en Cuba y que por cosas que tiene la vida fue sobrino del general mambí Leoncio Vidal y Caro.

LEONCIO VIDAL

En el siglo XIX la ciudad de Santa Clara sufrió dos asaltos, el primero el 24 de enero de 1896, en las afueras de Santa Clara, y el otro, el 23 de marzo, cuando cuatro columnas del ejército mambí irrumpieron en la ciudad. Fue en ese donde el coronel Leoncio Vidal perdió la vida. Hoy, 23 de marzo, se conmemora el 128 aniversario de su muerte.

Era hijo de don Leoncio Salvador Vidal Tapia, natural del pueblo de Navarclés, en Barcelona, y de la cubana Marina del Rosario Caro Reyes —conocida por Charito— nacida en San Antonio del Río Blanco del Norte, en la localidad de Jaruco, en la Habana. Vidal y Caro se había incorporado a las fuerzas mambisas el 20 de junio de 1895, y sus grados de coronel los había obtenido apenas 24 horas antes de encontrar aquel innecesario derroche de valentía, en medio de una plaza como Santa Clara fuertemente defendida por fusileros españoles. 

Por su parte el general Mola había nacido en Placetas, provincia de Las Villas, Cuba, ya que su padre, Emilio Mola López, capitán de la guardia Civil que había sido destinado allí por el ejercito español. La hermana del coronel mambí, doña Ramona Vidal, se había casado con este militar y fueron padres del niño Emilio Mora Vidal. Los hermanos Vidal eran cinco, si sumamos a José, que era poeta y luego alcalde de Camajuaní durante la intervención norteamericana, a Lino, que apareció muerto en un calabozo y Rosa.

Con los años su sobrino Leoncio Mola lideró en España, junto a otros militares como Francisco Franco, José Enrique Varela, Manuel Goded, Alfredo Kindelán y José Sanjurjo, el golpe de Estado de 1936 que puso fin a esa republica comunista. Su muerte en Alcocero, el tres de julio de 1937 en un accidente de aviación, propició que el gallego Francisco Franco Bahamondes asumiera el liderazgo nacionalista y anti comunista que dio como resultado cuarenta años de dictadura.


Maldita Hemeroteca

Fuentes: Prensa Española.
"Guerra Civil Española". Hugh Thomas. 
Penguin Random House. 1976