En Sevilla, España, hay una cafetería muy típica que se llama "Curro"y que esta situada en la calle Correduría, cerca de la Alameda de Hércules, que por el desconocimiento del turista anglosajón han tenido que poner un cartel aclarando que allí "No se venden Churros".
El aporte africano al proceso y formación de nuestra nacionalidad cubana fue brutal. La esclavitud dejó una tremenda huella en lo que fuimos después y hoy somos social y culturalmente, en nuestra forma de vestir, nuestra alimentación, en los hábitos, e incluso en nuestra sexualidad.
Sí, sexualidad, porque tenga en cuenta una cosa, que una vez que los esclavos llegaban a Cuba y eran sometidos a la humillación del calimbaje, osea marcarlos a fuego como se hace con el ganado como identificativo del amo al que pertenecían, el posterior aislamiento en barracones les obligó a un celibato forzoso tal, que creó en ellos un trauma que luego reflejaron hasta en su manera de bailar.
Como la sexualidad entre los esclavos se subordinaba a reglas muy estrictas impuestas por sus amos, entonces se veían obligados a quitarse la calentura a escondidas en lugares apartados, y en estos tumbaderos "se mataba la jugada" de maravilla. Esto dio lugar a que cuando el esclavo le decía a su pareja: "vamos a echar un palo", la morena ya sabía lo que le esperaba detrás de aquellos montones de leña.
"Echar un palo no es solo el más conocido, con el tiempo se le fueron sumando otros como "Quimbar", "Templar", "Mojar", "Clavar", el gracioso "Cuchicuchi" e incluso más actuales y tecnológicos quizás como "Meter el pendrive" por ejemplo, pero gracias a Fraginals hoy sabemos de donde viene "el dichoso palo".
También Fraginals nos brinda luz sobre otra frase muy conocida: "Fulano es quien corta el bacalao", que en este caso su origen viene igualmente de la esclavitud. Cuenta el historiador que en épocas de crisis, en la que el hambre asolaba los ingenios, la persona encargada de cortar el tasajo o el bacalao crudo que luego sería distribuido entre la dotación, para los esclavos era alguien tan importante como el amo.
Por otro lado el gran antropólogo y periodista Fernando Ortíz afirmó que la palabra "guapo", que en España significa bonito y que en la isla cambió su significado en el siglo XIX por valiente o bravucón, se debió precisamente a la llegada a la Habana de estos negros, un tanto raros y característicos, que venían provenientes de Sevilla y que conformaron una parte significativa del hampa capitalina de aquellos años.
Tambien hay que decir que en sus casos llegaban en condición de negros horros o libres, pues en la sociedad Andaluza del medioevo era común premiar a los negros esclavos con la libertad. Esta concesión de libertad era conocida como "Ahorramiento" y usualmente era un premio por buen comportamiento, fidelidad hacia el amo, haber sido cariñoso, obediente y respetuoso.
Sí, sexualidad, porque tenga en cuenta una cosa, que una vez que los esclavos llegaban a Cuba y eran sometidos a la humillación del calimbaje, osea marcarlos a fuego como se hace con el ganado como identificativo del amo al que pertenecían, el posterior aislamiento en barracones les obligó a un celibato forzoso tal, que creó en ellos un trauma que luego reflejaron hasta en su manera de bailar.
"ECHAR UN PALO"
Cuenta el escritor e historiador Manuel Moreno Fraginals, que dios lo tenga en la gloria, que entre las obligaciones de los esclavos estaba la de recoger palos que encontraran por el monte. Eran tiempos en que los trapiches se movían por calor y también para calentar el guarapo. Una vez eran amontonarlos en los llamados tumbaderos, o lomas de leña, para usos de la producción azucarera, se le daban "otros usos".
Cuenta el escritor e historiador Manuel Moreno Fraginals, que dios lo tenga en la gloria, que entre las obligaciones de los esclavos estaba la de recoger palos que encontraran por el monte. Eran tiempos en que los trapiches se movían por calor y también para calentar el guarapo. Una vez eran amontonarlos en los llamados tumbaderos, o lomas de leña, para usos de la producción azucarera, se le daban "otros usos".
Como la sexualidad entre los esclavos se subordinaba a reglas muy estrictas impuestas por sus amos, entonces se veían obligados a quitarse la calentura a escondidas en lugares apartados, y en estos tumbaderos "se mataba la jugada" de maravilla. Esto dio lugar a que cuando el esclavo le decía a su pareja: "vamos a echar un palo", la morena ya sabía lo que le esperaba detrás de aquellos montones de leña.
"Echar un palo no es solo el más conocido, con el tiempo se le fueron sumando otros como "Quimbar", "Templar", "Mojar", "Clavar", el gracioso "Cuchicuchi" e incluso más actuales y tecnológicos quizás como "Meter el pendrive" por ejemplo, pero gracias a Fraginals hoy sabemos de donde viene "el dichoso palo".
También Fraginals nos brinda luz sobre otra frase muy conocida: "Fulano es quien corta el bacalao", que en este caso su origen viene igualmente de la esclavitud. Cuenta el historiador que en épocas de crisis, en la que el hambre asolaba los ingenios, la persona encargada de cortar el tasajo o el bacalao crudo que luego sería distribuido entre la dotación, para los esclavos era alguien tan importante como el amo.
LOS NEGROS CURROS
Ya desde 1832, último año del mandato del capitán general de Cuba Francisco Dionisio Vives y Planes, el gobierno inglés venía quejándose por la falta de cumplimiento de España en cuanto a ponerle fin a la trata y tráfico de esclavos, de manera que a partir de 1835 todo los esclavos que tuvieran aquellos barco y que fuera sorprendidos, serían declarados libres o "libertos".
De manera que el gobierno cubano se vio obligado a reubicarlos en barrios de las provincias de Matanzas y la Habana, en este ultimo caso en el barrio del Manglar y en Regla, un caldo de cultivo tras la llegada de los negros curros de España, que llegaban a Cuba en calidad de "delincuentes".
Por otro lado el gran antropólogo y periodista Fernando Ortíz afirmó que la palabra "guapo", que en España significa bonito y que en la isla cambió su significado en el siglo XIX por valiente o bravucón, se debió precisamente a la llegada a la Habana de estos negros, un tanto raros y característicos, que venían provenientes de Sevilla y que conformaron una parte significativa del hampa capitalina de aquellos años.
Tambien hay que decir que en sus casos llegaban en condición de negros horros o libres, pues en la sociedad Andaluza del medioevo era común premiar a los negros esclavos con la libertad. Esta concesión de libertad era conocida como "Ahorramiento" y usualmente era un premio por buen comportamiento, fidelidad hacia el amo, haber sido cariñoso, obediente y respetuoso.
Habían dos únicas maneras en esta época para conceder la liberación: o bien por una carta de ahorría firmada por el escribano público, o por una cláusula testamentaria que era lo más frecuente. Con la posesión de uno u otro documento, el esclavo se convertía en una persona jurídicamente libre, dotada de todos los derechos y obligaciones que gozaban las demás personas libres.
Podían contraer matrimonio libremente, hacer testamento, dejar sus bienes a sus hijos, ir a cualquier parte que desease, etc.
El dueño, que en su testamento liberase a un esclavo, podía arrepentirse e invalidar el ahorramiento, de manera que es muy probable que muchos de aquellos negros, una vez consiguieron ser libres por esta vía, se marcharon a Cuba no fuera ser que sus amos se arrepintieran.
A la isla de Cuba llegaron a finales del siglo XVIII y principios del XIX, procedentes de ciudades como Sevilla, Huelva, Málaga y de Cádiz principalmente. Una vez en la Habana, solían asentarse en barrios como "El Manglar", en "Jesús María" o "El Horcón", que más tarde se llamó "Carraguao".
Que por su vestimenta, sus actitudes y su manera de hablar, llegaron a convertirse en personajes muy atractivos para algunos creadores que luego los incluyeron como personajes de sus obras teatrales. Don Fernando Ortíz los sitúa en los alrededores de una bodega en Jesús María llamada "El Cangrejo", como cuartel general.
Se encontraba ubicada en la calle San Nicolás, esquina a Esperanza. Es más, Ortiz asegura que la palabra "Hampa" la trajeron ellos desde España, y que en su sentido más amplio significaba valentonería, gente siempre armada de cuchillos, los "jierros" como le llamaban, retadores, propensos al matonismo y provocadores de reyertas.
La descripción que hace el escritor Cirilo Valverde en su obra Cecilia Valdés, no deja dudas. Los describe como "matones perdularios, sin oficio ni beneficios, camorristas por hábitos que viven de la rapiña".
La descripción que hace el escritor Cirilo Valverde en su obra Cecilia Valdés, no deja dudas. Los describe como "matones perdularios, sin oficio ni beneficios, camorristas por hábitos que viven de la rapiña".
Vea esta otra descripción de la época: "Sus andares, cadenciosos, contoneándose, arrastrando mucho las chancletas y moviendo los brazos de delante hacia atrás", ¿a quienes se les parece?. "Un negro curro, - decía Ortiz - lejos de disimular su condición alardeaba de ella".
Llegó el tiempo en que el capitán general de la Isla, Miguel Tacón y Rosique, se cansó de ellos y los sacó de la calle por completo. Los Curros dejaron de ser lo que fueron y se diluyeron en ese clandestino mundo de los ñáñigos y de sus juegos Abakuá.
De José Caliente, del negro Candela, del Cheche del Manglar, del Jácara, del Tiznado, del mulato Andújar, de José Gatica o de José Rosario, solo quedó el recuerdo en los carnavales y el costumbrismo literario, pero nada más. Eso sí, tenga claro una cosa, por aquellos Curros que perduraron en Cuba fue que surgieron algunos vocablos muy comunes todavía.
Digamos el Baro, si de dinero se trataba, Pirar como irse, Fo si había peste, llamar Chivato al delator, Gao por casa, un Vaina como alguien inútil, Cheche al creído, Buti a lo bueno, Andoba al desconocido, Menda a una persona, Surnar como dormir e incluso Meyao, cuando faltan algunos dientes o en mal estado.
Por cierto, la manera más común de llamar en España al fornicio es Follar, que viene del latín Follis, el fuelle utilizado para bombear aire y avivar el fuego de las estufas y en los hornos. Y es que no hay nada más parecido que ese instrumento para avivar la pasión durante el apareamiento, el coito o la cópula, en caso de que tenga que hacerse el fino si la situación lo requiere.
Por cierto, la manera más común de llamar en España al fornicio es Follar, que viene del latín Follis, el fuelle utilizado para bombear aire y avivar el fuego de las estufas y en los hornos. Y es que no hay nada más parecido que ese instrumento para avivar la pasión durante el apareamiento, el coito o la cópula, en caso de que tenga que hacerse el fino si la situación lo requiere.
Les doy un dato: El negro curro Simón acompañó a Jose Martí en su estancia en Zaragoza donde estudio su carrera universitaria, no sabemos si como guía o como una especie de escolta, pero queremos pensar que Simón coincidía con el joven cubano en sus ideas políticas.
De hecho, en el año 1871 fue detenido con la primera remesa de sublevados de las guerras carlistas de Aragón y enviado a la prisión en Fernando Poo por el general Francisco Lersundi, que le acusó de "Negro ñáñigo y asesino". Lersundi había sido capitan general de Cuba, hasta que fue sustituido en 1869 por el general Domingo Dulce Garay.
En fin, que como se suele decir "en Cuba está todo inventao", y que dentro del amplio proceso de transculturación que experimentamos como resultado de esa tremenda mezcla de razas, sean indias, chinas, hispanas o de otros pueblos; la de los Africanos nos dejaron un legado que resultó clave en nuestra identidad como cubanos.
Maldita Hemeroteca
Fuentes:
En fin, que como se suele decir "en Cuba está todo inventao", y que dentro del amplio proceso de transculturación que experimentamos como resultado de esa tremenda mezcla de razas, sean indias, chinas, hispanas o de otros pueblos; la de los Africanos nos dejaron un legado que resultó clave en nuestra identidad como cubanos.
Maldita Hemeroteca
Fuentes:
--Manuel Moremo Fraginals. "El Ingenio". 1964.
--Fernando Ortíz: "Nuevo catauro de cubanismos". 1974
José Victoriano Betancourt: "Los curros del Manglar. La Habana 1848
--Fernando Ortíz: "Nuevo catauro de cubanismos". 1974
José Victoriano Betancourt: "Los curros del Manglar. La Habana 1848
--Alfonso Franco Silva: "Los Esclavos de Sevilla". 1980.

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