En su estilo rebuscado, el coronel del ejercito libertador, Manuel Sanguily y Garrite, dijo esto en una ocasión:
“Mirando hacia atrás, ¿cabría preguntarse si la República no es la derivación legítima, sino acaso la adulteración, ya que no la antítesis, de los elementos originarios creados y mantenidos por aquellos que la engendraron y constituyeron, porque en realidad parecen dos mundos opuestos: el uno, minoría candorosa y heroica, todo desinterés y sacrificio; el otro mayoría accidental y traviesa, todo negocios y dinero”.
No era así precisamente. Las divergencias entre nuestros líderes, treinta años antes de la republica incluso, fueron muchas y muy significativas. Decía el investigador Ismael Sarmiento Ramírez, que sí el racismo, como herencia marcada de la esclavitud, afectaba a los mambises más desposeídos, también causó estragos en determinados líderes de esta raza, que dicho sea de paso, "aportó el 85% de la fuerza combatiente de este ejército".
Y por ejemplo cita cita una chispa de racismo encontrada por el investigador Antonio Pirala Criado, en el libro del general cubano Enrique Collazo Tejada, titulado "Desde Yara hasta el Zanjón":
Dice así: "Hablaron largamente del estado de la guerra, y manifestó Céspedes que su continuación en el campo insurrecto, así como la de otros jefes que veían la ruina en el elemento de color en que se apoyaba, se basaba en odios personales y el temor a la dictadura presentándose". (Entregándose a los Españoles).
Por otro lado un referente cubano en el tema, el investigador Manuel Moreno Fraginals, no desmiente ni confirma que entre los mambises prevaleciera el racismo, pero en cambio agrega que en la ultima etapa de la guerra en 1895, "fue menor". Por otro lado, la afirmación del politólogo cubano y miembro de la academia de ciencias, Esteban Morales Domínguez, da en el clavo: "Va siendo mayor el costo de no abordar el tema racial, que el peligro de enfrentar sus retos".
Dice así: "Hablaron largamente del estado de la guerra, y manifestó Céspedes que su continuación en el campo insurrecto, así como la de otros jefes que veían la ruina en el elemento de color en que se apoyaba, se basaba en odios personales y el temor a la dictadura presentándose". (Entregándose a los Españoles).
Por otro lado un referente cubano en el tema, el investigador Manuel Moreno Fraginals, no desmiente ni confirma que entre los mambises prevaleciera el racismo, pero en cambio agrega que en la ultima etapa de la guerra en 1895, "fue menor". Por otro lado, la afirmación del politólogo cubano y miembro de la academia de ciencias, Esteban Morales Domínguez, da en el clavo: "Va siendo mayor el costo de no abordar el tema racial, que el peligro de enfrentar sus retos".
En el libro "Quiénes, cuándo y por qué hablaron mal de Maceo", del profesor adjunto de la universidad de Oriente, Joel Mourlot Mercaderes, se citan algunas inculpaciones que le hicieron al general.
Veamos algunas de ellas...
--Se dice que fue el coronel Ignacio Mora Pera quien inició la campaña negativa hacia Antonio Maceo; le llamaba "un hombre ambicioso". Difamaciones en las que participan a lo largo de treinta años figuras como el coronel Matías Vega Alemán, que en carta al doctor Miguel Bravo Santíe manifestó "que Maceo había hecho creer a los hombres a su mando que el problema de Lagunas de Varona era una cuestión de raza".
--Por su parte, el brigadier José de Jesús Pérez de la Guardia, dice: "El referido Maceo es hombre peligroso en la posición que ocupa; no soy más claro por no fiar en la pluma ideas diabólicas por él emitidas".
--El brigadier Juan Fernández Ruz le escribe al general Vicente Aguilera esto: "¿Dígame, general, este señor acabaremos de confesar quien es o no? Permítame calificarlo a mi entender: llamémosle hicotea..."; (infame).
--El diputado Marcos García, de Sancti Spíritus aseguraba que las intenciones o tendencias de Maceo habían sido siempre las de, y cito: "Ser el hombre fuerte de la revolución y el racismo negro".
--En tanto el teniente coronel Ángel Pérez, en su destino como agente revolucionario en Colombia, le escribió una carta a su antiguo jefe, el general polaco Carlos Roloff Mialofsky, donde le dice: "Con alusiones relativas a que aceptar al Héroe de Baraguá sería aceptar el dominio de la «gente de color», y esto equivaldría a tener una Cuba africana".
--El brigadier Flor Crombet, siendo incluso un mulato, le dijo en una misiva al mayor general Calixto García lo siguiente: "Nuestro hombre [Maceo] apoyó a Gómez, añadiendo que nunca creería que los blancos tendrían ni más derecho, ni más deberes que los de su raza; pero que de momento veía difícil tan gigantesca empresa, por la razón de no contar con dinero y elementos indispensables".
--El abogado Ignacio Belén Pérez, desde Panamá, escribe a Máximo Gómez lo siguiente: "Maceo cree que va a ser rey, como si Cuba fuera África".
--El brigadier Serafín Sánchez intentó inculcar a José Martí: "Ningún sentimiento de patriótica bondad cambiaría en Maceo su ciego empeño de favorecer el predominio de la raza negra. Maceo no se conforma con la igualdad republicana y democrática, quiere la venganza del negro contra el blanco por medio de la represalia bárbara a fin de lograr el predominio absoluto".
---El doctor Fermín Valdés Domínguez anota en su Diario de soldado: "Maceo quedó con su miseria y su alma más negra que la piel".
Contrario a lo que afirmaba Sanguily, aquella manigua estaba llena de resentimientos y rencores como la república que describe. Se dice que a oídos de Maceo llegaron varios de estos comentarios, y que aunque sintió dolor e impotencia, sacó fuerzas para ignorarlos.
En este punto Fraginals le vuelve a "pasar la mano" diciendo: "Incluso muy pocas acusaciones hechas por hombres cercanos a él con motivos tan múltiples como superfluos y recriminatorios, lograron empañar el cristal con que se cubre su hoja de sus servicios".
CARTA DE JOSE MARTÍ.
Durante el año 1876, hubo un momento que por todos estos ataques personales Antonio Maceo se sintió amenazado. Incluso llegó a presentar su renuncia al presidente de la República en Armas, Don Tomás Estrada Palma, aunque con el tiempo algunos de sus críticos se retractaron. En una carta que José Martí le envía, fechada el 20 de julio de 1882, le dice lo siguiente:
«No tengo tiempo de decirle, General, como a mis ojos no está el problema cubano en la solución política, sino en la social, y como ésta no puede lograrse sino con aquel amor y perdón mutuos de una y otra raza, y aquella prudencia siempre digna y siempre generosa y que sé que su altivo y noble corazón está animado. Para mi es un criminal el que promueva en Cuba odios, o se aproveche de los que existen. Y otro criminal el que pretenda sofocar las aspiraciones legítimas a la vida de una raza buena y prudente, que ha sido ya bastante desgraciada».
En una carta escrita por Máximo Gómez a la Sra. Limonta, la dueña de un hostal donde Maceo y otros cubanos pernoctaron por unos días a la espera de la invasión a Cuba, le dice que no se responsabiliza por el cobro de los gastos ocasionados, delegando en el propio Maceo esa responsabilidad, conociendo incluso que su situación económica no era la mejor.
--Por su parte, el brigadier José de Jesús Pérez de la Guardia, dice: "El referido Maceo es hombre peligroso en la posición que ocupa; no soy más claro por no fiar en la pluma ideas diabólicas por él emitidas".
--El brigadier Juan Fernández Ruz le escribe al general Vicente Aguilera esto: "¿Dígame, general, este señor acabaremos de confesar quien es o no? Permítame calificarlo a mi entender: llamémosle hicotea..."; (infame).
--El diputado Marcos García, de Sancti Spíritus aseguraba que las intenciones o tendencias de Maceo habían sido siempre las de, y cito: "Ser el hombre fuerte de la revolución y el racismo negro".
--En tanto el teniente coronel Ángel Pérez, en su destino como agente revolucionario en Colombia, le escribió una carta a su antiguo jefe, el general polaco Carlos Roloff Mialofsky, donde le dice: "Con alusiones relativas a que aceptar al Héroe de Baraguá sería aceptar el dominio de la «gente de color», y esto equivaldría a tener una Cuba africana".
--El brigadier Flor Crombet, siendo incluso un mulato, le dijo en una misiva al mayor general Calixto García lo siguiente: "Nuestro hombre [Maceo] apoyó a Gómez, añadiendo que nunca creería que los blancos tendrían ni más derecho, ni más deberes que los de su raza; pero que de momento veía difícil tan gigantesca empresa, por la razón de no contar con dinero y elementos indispensables".
--El abogado Ignacio Belén Pérez, desde Panamá, escribe a Máximo Gómez lo siguiente: "Maceo cree que va a ser rey, como si Cuba fuera África".
--El brigadier Serafín Sánchez intentó inculcar a José Martí: "Ningún sentimiento de patriótica bondad cambiaría en Maceo su ciego empeño de favorecer el predominio de la raza negra. Maceo no se conforma con la igualdad republicana y democrática, quiere la venganza del negro contra el blanco por medio de la represalia bárbara a fin de lograr el predominio absoluto".
---El doctor Fermín Valdés Domínguez anota en su Diario de soldado: "Maceo quedó con su miseria y su alma más negra que la piel".
Contrario a lo que afirmaba Sanguily, aquella manigua estaba llena de resentimientos y rencores como la república que describe. Se dice que a oídos de Maceo llegaron varios de estos comentarios, y que aunque sintió dolor e impotencia, sacó fuerzas para ignorarlos.
En este punto Fraginals le vuelve a "pasar la mano" diciendo: "Incluso muy pocas acusaciones hechas por hombres cercanos a él con motivos tan múltiples como superfluos y recriminatorios, lograron empañar el cristal con que se cubre su hoja de sus servicios".
CARTA DE JOSE MARTÍ.
Durante el año 1876, hubo un momento que por todos estos ataques personales Antonio Maceo se sintió amenazado. Incluso llegó a presentar su renuncia al presidente de la República en Armas, Don Tomás Estrada Palma, aunque con el tiempo algunos de sus críticos se retractaron. En una carta que José Martí le envía, fechada el 20 de julio de 1882, le dice lo siguiente:
«No tengo tiempo de decirle, General, como a mis ojos no está el problema cubano en la solución política, sino en la social, y como ésta no puede lograrse sino con aquel amor y perdón mutuos de una y otra raza, y aquella prudencia siempre digna y siempre generosa y que sé que su altivo y noble corazón está animado. Para mi es un criminal el que promueva en Cuba odios, o se aproveche de los que existen. Y otro criminal el que pretenda sofocar las aspiraciones legítimas a la vida de una raza buena y prudente, que ha sido ya bastante desgraciada».
En una carta escrita por Máximo Gómez a la Sra. Limonta, la dueña de un hostal donde Maceo y otros cubanos pernoctaron por unos días a la espera de la invasión a Cuba, le dice que no se responsabiliza por el cobro de los gastos ocasionados, delegando en el propio Maceo esa responsabilidad, conociendo incluso que su situación económica no era la mejor.
En otra fechada el 31 de agosto de 1886, Antonio Maceo le aclara a Gómez, o más bien le advierte, esto:
“[…] suplícole no confunda la causa con nuestras personalidades.”.
Esta tirantez existente, la reflejó Gómez en su diario:
Esta tirantez existente, la reflejó Gómez en su diario:
“Se [ha] acrecentado en él [en Maceo] un amor propio mal entendido y quizás ha podido creerse que goza de inmunidades ante los intereses de la revolución – y de ahí su conducta altanera en asunto de poca monta.”.
Además, lo califica de “hombre sin inteligencia política”, para finalizar su comentario con un “En el caso presente, y tratándose de Maceo, nada me queda esperar por este jefe que no sea una oposición a todo lo que yo disponga.” Y en esta otra el caudillo dominicano le señala de dictador sin ambages:
(....) yo desearía, para mi país, un hombre que tenga la
virtud de redimir al pueblo cubano de la soberanía española, sin haber tiranizado a sus redimidos, y que no ambicione más fortuna que la conquistada por ese medio. El que tal haga, llegará a la suprema gloria y completa dicha. Nada más grande ni honroso para un mortal que inmortalizar su nombre con la bendición de todo un pueblo.
Pero desgraciadamente, las perfecciones humanas están muy lejos de nosotros (...) pero yo, entre la tiranía española que sufrimos y cualquiera otra que venga para destruir ésta, estoy por la última; la acepto con todos sus horrores y consecuencias. El día después de nuestra independencia, repararemos las faltas e inconvenientes que ella deja tras de sí: remplacemos, pues, el gobierno español con la soberanía nacional de nuestro pueblo".
En un episodio aparentemente aislado y ocurrido entre el mes de octubre y noviembre de 1885, publicado en el "Tribuno" por el coronel Dr. Federico Incháustegui, se emiten juicios muy graves de un tal Señor Lara (o Lanza) que Maceo calificó de calumniosos. Eran en relación a la aceptación por su parte de Maceo de las propuestas de paz planteadas en el Zanjón.
(....) yo desearía, para mi país, un hombre que tenga la
virtud de redimir al pueblo cubano de la soberanía española, sin haber tiranizado a sus redimidos, y que no ambicione más fortuna que la conquistada por ese medio. El que tal haga, llegará a la suprema gloria y completa dicha. Nada más grande ni honroso para un mortal que inmortalizar su nombre con la bendición de todo un pueblo.
Pero desgraciadamente, las perfecciones humanas están muy lejos de nosotros (...) pero yo, entre la tiranía española que sufrimos y cualquiera otra que venga para destruir ésta, estoy por la última; la acepto con todos sus horrores y consecuencias. El día después de nuestra independencia, repararemos las faltas e inconvenientes que ella deja tras de sí: remplacemos, pues, el gobierno español con la soberanía nacional de nuestro pueblo".
En un episodio aparentemente aislado y ocurrido entre el mes de octubre y noviembre de 1885, publicado en el "Tribuno" por el coronel Dr. Federico Incháustegui, se emiten juicios muy graves de un tal Señor Lara (o Lanza) que Maceo calificó de calumniosos. Eran en relación a la aceptación por su parte de Maceo de las propuestas de paz planteadas en el Zanjón.
En su respuesta, el general le escribe:
“Ahora bien, en cuanto a las impremeditadas frases que Ud. me dedica, debo hacerle observar, por si se ha olvidado de mi conducta pasada y presente, que mi reputación de caballero, de hombre de honor y honrado, es tan conocida en todo el mundo como bien definida en política, que hay un campo de honor para Ud. y para mí, yo voy a él. Lo demás que Ud. hace resaltar en su carta, queda contestado con el silencio que merece su contenido.”
Es muy probable que estas imputaciones vengan de aquella actitud de Maceo el 13 de marzo de 1878, cuando el médico y jefe de Sanidad de las fuerzas villareñas decidió entrevistarse con él para explicarle el porqué en aquella zona del país se había aceptado la capitulación.
“Ahora bien, en cuanto a las impremeditadas frases que Ud. me dedica, debo hacerle observar, por si se ha olvidado de mi conducta pasada y presente, que mi reputación de caballero, de hombre de honor y honrado, es tan conocida en todo el mundo como bien definida en política, que hay un campo de honor para Ud. y para mí, yo voy a él. Lo demás que Ud. hace resaltar en su carta, queda contestado con el silencio que merece su contenido.”
Es muy probable que estas imputaciones vengan de aquella actitud de Maceo el 13 de marzo de 1878, cuando el médico y jefe de Sanidad de las fuerzas villareñas decidió entrevistarse con él para explicarle el porqué en aquella zona del país se había aceptado la capitulación.
No obstante, algo debió haber sucedido desde el momento en que el mayor general Serafín Sánchez también se hizo eco de tales acusaciones, al punto de que en 1886 realizó estas declaraciones:
"- Maceo abandonó a sus fuerzas, después del Zanjón".
.- Maceo ofendió a Martínez Freire cuando éste advirtió de la inutilidad de los sacrificios para continuar la guerra; una información que –según el propio Serafín- se la había dado Paquito Borrero, quien a su vez la escuchó decir a Francisco Pérez Garoz: "Maceo mandó a capitular desde Jamaica".
.- Maceo perdió tiempo en Jamaica cuando la Guerra Chiquita, que recogió 4 000 pesos en Santo Domingo y Haití y que, al cabo de once meses, recaló en Islas Turcas para fracasar en su intento de ir a Cuba.
.- Que cuando Maceo regresó de Santo Domingo a Puerto Plata, conocía ya de las presentaciones (rendiciones) de Moncada, José y de sus fuerzas; de la rendición de Calixto y el embarque al extranjero de Serafín, Carrillo y Emilio Núñez.
.- Que así y todo se fue a Islas Turcas donde dejó abandonados a sus hombres, que aún (en esa fecha del escrito) lo acusaban.
.- Que durante el Plan "Gómez-Maceo" recogió 14 000 pesos (luego lo eleva a 20 000).
.- Que cuando mandó a sus comisionados a Guantánamo y Santiago de Cuba, denunció sus planes a las autoridades españolas y por eso los capturaron.
.- Que cuando Gómez cayó preso en República Dominicana, Maceo tomó el mando sin que nadie se lo hubiera dado.
EL RACISMO DE NUEVO
En una ardiente carta fechada el 29 de octubre de 1886 y dirigida a Máximo Gómez, Ignacio Belén Pérez escribe cosas muy feas e hirientes:
.- Maceo ofendió a Martínez Freire cuando éste advirtió de la inutilidad de los sacrificios para continuar la guerra; una información que –según el propio Serafín- se la había dado Paquito Borrero, quien a su vez la escuchó decir a Francisco Pérez Garoz: "Maceo mandó a capitular desde Jamaica".
.- Maceo perdió tiempo en Jamaica cuando la Guerra Chiquita, que recogió 4 000 pesos en Santo Domingo y Haití y que, al cabo de once meses, recaló en Islas Turcas para fracasar en su intento de ir a Cuba.
.- Que cuando Maceo regresó de Santo Domingo a Puerto Plata, conocía ya de las presentaciones (rendiciones) de Moncada, José y de sus fuerzas; de la rendición de Calixto y el embarque al extranjero de Serafín, Carrillo y Emilio Núñez.
.- Que así y todo se fue a Islas Turcas donde dejó abandonados a sus hombres, que aún (en esa fecha del escrito) lo acusaban.
.- Que durante el Plan "Gómez-Maceo" recogió 14 000 pesos (luego lo eleva a 20 000).
.- Que cuando mandó a sus comisionados a Guantánamo y Santiago de Cuba, denunció sus planes a las autoridades españolas y por eso los capturaron.
.- Que cuando Gómez cayó preso en República Dominicana, Maceo tomó el mando sin que nadie se lo hubiera dado.
EL RACISMO DE NUEVO
En una ardiente carta fechada el 29 de octubre de 1886 y dirigida a Máximo Gómez, Ignacio Belén Pérez escribe cosas muy feas e hirientes:
“Yo no lo quiero ni de soldado raso".
Incluso, llegó a afirmar que Maceo era capaz de denunciar cuanta expedición se organizara a Cuba por dinero, y en otra a Gómez, del 6 de marzo de 1887, afirmó que en una oportunidad el capitán de un buque español se esforzó en hablar exclusivamente con Maceo, insinuando así algún tipo de traición o de espionaje por su parte. Al respecto no se corta un pelo:
“Hay opinión de que se entendió con el gobierno español, vendió la expedición y mató la causa. Vean su modo de vivir que dirá si cuenta con los recursos de no tiene porqué tener. Es un "hombre de odio, venganza y discordia; de ceguera absoluta, un enemigo de todo lo blanco en la Isla, que aspira a la presidencia de Cuba, lo cual sería la mayor calamidad de Cuba, mayor que el gobierno de España.
Será buen guapo, pero no un general (...), que es lo mismo que decir es un guapo estúpido. El gran negocio de Maceo es que Cuba jamás sea libre, para obtener dinero a cuenta de ir en expediciones y de otros servicios de semejante naturaleza; sólo le agrada la buena vida, y ya Cuba le dio cuanto pudo (él) quitarle."
CARTA AL GENERAL CAMILO GARCÍA POLAVIEJA
Fue tal el acoso, que el 14 de junio de 1881 Maceo decide escribir desde Kingston, Jamaica, una carta al mismísimo gobernador de Oriente, el general español Camilo García Polavieja. En la misiva le expone su visión en relación a los prejuicios y la libertad, aunque el verdadero motivo era hacerle saber que había descubierto la existencia de un plan para asesinarle.
[...] Cuando el espíritu está preñado de prejuicios, no ha lugar el pensamiento reflexivo, porque el pensamiento reflexivo se elabora en la conciencia ilustrada por el juicio sereno de la razón, y estos accidentes y preocupaciones de nuestra alma sólo aprovechan a nuestros adversarios. En cuanto a mí, amo a todas las cosas y a todos los hombres, porque miro más a la esencia que al accidente de la vida; y por eso tengo sobre el interés de raza, cualquiera que sea, el interés de la humanidad, que es en resumen el bien que deseo para mi patria querida".
Incluso, llegó a afirmar que Maceo era capaz de denunciar cuanta expedición se organizara a Cuba por dinero, y en otra a Gómez, del 6 de marzo de 1887, afirmó que en una oportunidad el capitán de un buque español se esforzó en hablar exclusivamente con Maceo, insinuando así algún tipo de traición o de espionaje por su parte. Al respecto no se corta un pelo:
“Hay opinión de que se entendió con el gobierno español, vendió la expedición y mató la causa. Vean su modo de vivir que dirá si cuenta con los recursos de no tiene porqué tener. Es un "hombre de odio, venganza y discordia; de ceguera absoluta, un enemigo de todo lo blanco en la Isla, que aspira a la presidencia de Cuba, lo cual sería la mayor calamidad de Cuba, mayor que el gobierno de España.
Será buen guapo, pero no un general (...), que es lo mismo que decir es un guapo estúpido. El gran negocio de Maceo es que Cuba jamás sea libre, para obtener dinero a cuenta de ir en expediciones y de otros servicios de semejante naturaleza; sólo le agrada la buena vida, y ya Cuba le dio cuanto pudo (él) quitarle."
CARTA AL GENERAL CAMILO GARCÍA POLAVIEJA
Fue tal el acoso, que el 14 de junio de 1881 Maceo decide escribir desde Kingston, Jamaica, una carta al mismísimo gobernador de Oriente, el general español Camilo García Polavieja. En la misiva le expone su visión en relación a los prejuicios y la libertad, aunque el verdadero motivo era hacerle saber que había descubierto la existencia de un plan para asesinarle.
[...] Cuando el espíritu está preñado de prejuicios, no ha lugar el pensamiento reflexivo, porque el pensamiento reflexivo se elabora en la conciencia ilustrada por el juicio sereno de la razón, y estos accidentes y preocupaciones de nuestra alma sólo aprovechan a nuestros adversarios. En cuanto a mí, amo a todas las cosas y a todos los hombres, porque miro más a la esencia que al accidente de la vida; y por eso tengo sobre el interés de raza, cualquiera que sea, el interés de la humanidad, que es en resumen el bien que deseo para mi patria querida".
En resumen, sería difícil enumerar la cantidad de rencillas, inquinas, antipatías, rencores e incluso manías personales, como en este ultimo caso, que dejan en evidencia que aquella manigua no era el jardín del Edén que nos dibujó Sanguily. De hecho, el racismo, la indisciplina, el localismo existente y los problemas entre el poder ejecutivo y el legislativo, fue lo que dio al traste con la guerra de los diez años.
Por otro lado, en "Radiografía del Ejército Libertador 1895-1898", el autor Francisco Pérez Guzmán consultó gran parte de la documentación relativa al Ejército Libertador que se halla compilada en el Archivo Nacional de Cuba; sobre todo los archivos del mayor general polaco Carlos Roloff, auditor del ejercito, intentando encontrar el origen del problema.
Esos archivos contienen los libros de registros de las unidades militares mambisas y las planillas de liquidación de haberes de esos combatientes, y nos brinda un aproximado del potencial humano que integró la fuerza cubana en los últimos meses de la Guerra de 1895.
Por otro lado, en "Radiografía del Ejército Libertador 1895-1898", el autor Francisco Pérez Guzmán consultó gran parte de la documentación relativa al Ejército Libertador que se halla compilada en el Archivo Nacional de Cuba; sobre todo los archivos del mayor general polaco Carlos Roloff, auditor del ejercito, intentando encontrar el origen del problema.
Esos archivos contienen los libros de registros de las unidades militares mambisas y las planillas de liquidación de haberes de esos combatientes, y nos brinda un aproximado del potencial humano que integró la fuerza cubana en los últimos meses de la Guerra de 1895.
Esos datos arrojan que, del total de 41,032 efectivos que había en aquel ejercito, 3,143 eran oficiales y el resto, 37,889, eran combatientes, suboficiales y clases y soldados, lo que demuestra la dificultad que tenían los mambises negros para obtener ascensos militares. Aunque Guzmán matiza:
"La negación de un grado o una jefatura a un mambí no blanco no puede aceptarse de forma tácita como una evidencia de discriminación. Pues los conflictos personales y las ambiciones políticas influyeron de forma decisiva".
Pero existen ejemplos.
Que tal la designación del brigadier Prudencio Martínez que afectó directamente al general José Maceo, mientras que la sustitución del negro Martí Duen por el coronel Guillermo Schweyer, más que Duen era jefe fundador del Regimiento de infantería Betances, perteneciente a la tercera brigada del 5to cuerpo de ejercito.
En este caso Guillermo Schweyer, miembro de una distinguida familia de la provincia de Matanzas, se había incorporado al ejercito libertador primero en 1896, bajo el mando del coronel Eduardo García Vigoa y luego del general Pedro Betancourt, jefe de la división 1 de ese 5to cuerpo. Se desconocen los verdaderos motivos de esa decisión.
En este caso Guillermo Schweyer, miembro de una distinguida familia de la provincia de Matanzas, se había incorporado al ejercito libertador primero en 1896, bajo el mando del coronel Eduardo García Vigoa y luego del general Pedro Betancourt, jefe de la división 1 de ese 5to cuerpo. Se desconocen los verdaderos motivos de esa decisión.
No olvidar que fue Calixto, precisamente, quien se cebó especialmente con la población negra durante su ataque a las Tunas. Es más, la captura del mayor general Quintín Bandera, entre otros actos aislados y de diversa índole, podría ser catalogado como un hecho racista, independiente de la degradación moral que ya venía experimentando.
De hecho algunos de los autores así lo creen, sin embargo Pérez Guzmán considera que aunque son informaciones significativas, resultan a la vez insuficientes como para explicar - con objetividad - la complejidad del problema. Quintín llegó a ser acusado de delitos tan graves como haber violado a campesinas, y sus métodos de ajusticiamiento de algunos prisiones solían ser brutales.
También los cometían los españoles, vamos a ser honestos. Y aún peores se podría decir. Pero en su caso es cierto que su descontento, sumado a su tremenda incultura, fueron el coctel explosivo que generó su traición de post guerra. De hecho, la manera en que murió el 22 de agosto de 1906 en la finca "El Garro" de Arroyo Arenas, fue una muestra.
El detonante de esta práctica lo vimos años después en la república en 1912, incluyendo el asesinato de Evaristo Estenoz, muerto en Pinar de Mícara, en Mayarí, y Pedro Ivonet, un hombre que se había batido durísimo contra el general Weyler en la zona de vuelta abajo.
Este hecho, que a pesar de que no suele ser abordado, constituye un tema de obligada referencia no solo cuando se habla de formación nacional del cubano, si no de la frustración del postulado Martiano en sí mismo una vez quedara fundada la república en 1902. (Si José Martí hubiera llegado a presenciarlo, y encima protagonizado por su propio hijo, se hubiera muerto de nuevo del disgusto).
El artículo once de nuestra primera constitución de 1901, lo dejaba bien claro: "Todos los cubanos serán iguales ante la ley, y que la nueva República no reconocería fueros ni privilegios personales". Mucho menos por el color de la piel. Sin embargo a más de un siglo y medio después, el color de la piel sigue siendo un problema visible en nuestra patria.
Maldita Hemeroteca: Fuentes citadas en el texto.
El detonante de esta práctica lo vimos años después en la república en 1912, incluyendo el asesinato de Evaristo Estenoz, muerto en Pinar de Mícara, en Mayarí, y Pedro Ivonet, un hombre que se había batido durísimo contra el general Weyler en la zona de vuelta abajo.
Este hecho, que a pesar de que no suele ser abordado, constituye un tema de obligada referencia no solo cuando se habla de formación nacional del cubano, si no de la frustración del postulado Martiano en sí mismo una vez quedara fundada la república en 1902. (Si José Martí hubiera llegado a presenciarlo, y encima protagonizado por su propio hijo, se hubiera muerto de nuevo del disgusto).
El artículo once de nuestra primera constitución de 1901, lo dejaba bien claro: "Todos los cubanos serán iguales ante la ley, y que la nueva República no reconocería fueros ni privilegios personales". Mucho menos por el color de la piel. Sin embargo a más de un siglo y medio después, el color de la piel sigue siendo un problema visible en nuestra patria.
Maldita Hemeroteca: Fuentes citadas en el texto.